Para sustituir la obsoleta doctrina de seguridad nacional que, con el pretexto de la defensa contra la amenaza comunista instaló y sostuvo dictaduras militares en gran parte de América Latina y justificó todo tipo de violaciones a los Derechos Humanos, los gobiernos de Estados Unidos, desde Clinton hasta Obama, vienen trabajando intensamente en la aplicación de una nueva estrategia: la Seguridad Democrática Regional.
Con tal cometido, Arturo Valenzuela, uno de los principales hilos conductores entre una y otra administración – asesor de William Clinton en el Consejo Nacional de Seguridad y actual secretario adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de Barack Obama -, acaba de recorrer Centroamérica para retomar la tarea que Donald Rumsfeld, el secretario de Defensa de George W. Bush, dejó a medio hacer.
Nuevas amenazas según Estados Unidos
De la misma manera en que Bush se estrelló en el Cono Sur contra la férrea oposición de los gobiernos del área para su proyecto de un Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), Rumsfeld no pudo imponer a escala subcontinental su iniciativa de re-militarización para combatir las nuevas amenazas que, según la visión de Washington, se ciernen sobre los gobiernos de América Latina: crimen organizado, narcotráfico y terrorismo, fundamentalmente.
En cambio, encontró un terreno fértil en Colombia, primero; México, después; y en América Central donde, desvirtuando la idea inicial de los gobiernos del istmo en cuanto a la necesidad de actuar sobre las causas de su vulnerabilidad – pobreza, inequidad social, marginación, desempleo y falta de oportunidades, entre otros factores de carácter económico y social – impulso la creación de una Comisión Regional de Seguridad para actuar policial y militarmente sobre sus consecuencias. Un organismo que ahora, pese a las diferencias que existirían entre la administración de Obama y la de su inmediato antecesor, Valenzuela vino a reactivar.
Seguridad nacional y regional
Una vez finalizados los conflictos armados en Centroamérica, el Protocolo de Tegucigalpa, de 1991, el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) por él establecido, el Tratado General de integración Económica, de 1993: la Alianza para el Desarrollo Sostenible (1994) y los tratados de Integración Social y de Seguridad (1995) fueron manifestaciones de la voluntad política de los estados de la región por convertirla en un área de Paz, Libertad, Democracia y Desarrollo.
Del análisis de estos instrumentos se desprende una clara intención por sustituir la tradicional agenda de seguridad nacional y regional – basada en factores militares y policiales - por una estrategia de desmilitarización, fortalecimiento de las instituciones civiles, respeto a los Derechos Humanos y desarrollo económico y social.
Sin embargo, las reuniones de los ministros de Defensa con Rumsfeld y la primera visita de un titular del Pentágono a la región en casi 50 años, dieron como resultado la creación de la Comisión de Seguridad de Centroamérica (CSC) a finales de 1995, con énfasis en la seguridad de las personas y sus bienes y el combate contra la violencia de las “maras”, el terrorismo y la narcoactividad.
Un marco propicio para que Rumsfeld anunciara la entrega de 3.2 millones de dólares a las Fuerzas Armadas de Guatemala, reanudando así una ayuda militar suspendida desde 1991.
Valenzuela en la administración Clinton
Como uno de los principales cuadros intelectuales y políticos del Partido Demócrata (master y doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Columbia; profesor en el Consejo de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Duke y, posteriormente, titular y director del Centro de Estudios Latinoamericanos de Georgetown) el chileno-estadounidense Arturo Valenzuela no estuvo comprometido con el terrorismo de Estado de los fundamentalistas republicanos encabezados por Bush y Rumsfeld.
Sin embargo, su pertenencia a la Secretaria de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional, durante el primero y segundo gobierno de Clinton, respectivamente, lo involucraron directamente con la invasión a Haití y con las operaciones psicológicas y mediáticas para identificar la lucha contra las drogas con la guerra contrainsurgente. De esa manera, la insurgencia colombiana comenzó a denominarse narcoguerrilla y narcoterrorismo.
Además, durante su desempeño en la esfera de toma de decisiones de los gobiernos de Clinton se produjeron la intervención militar en Somalia, los bombardeos “humanitarios” de la OTAN contra Bosnia y Yugoslavia y los ataques con mísiles contra Iraq entre una y otra invasión.
En América Latina desempeñó un papel clave en las negociaciones con México para la firma del Tratado de Libre Comercio del Norte (TLC o NAFTA, según sus siglas en inglés) y fue uno de los encargados de promover el “Consenso de Washington” y alentar las políticas neoliberales que tanto daño causaron a la región durante la década de los 90.
Valenzuela y el gobierno de Obama
Desde que Barak Obama asumió la Presidencia y después de obtener el visto bueno del Senado gracias al compromiso del Ejecutivo de reconocer el resultado de las elecciones del 29 de noviembre del 2009 independientemente de si el depuesto mandatario Manuel Zelaya era restituido o no, Valenzuela, como secretario adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, se ha dedicado a edulcorar los componentes más agrios de la política estadounidense al sur del río Grande.
En nombre de la Seguridad Democrática ha negado que las bases militares estadounidenses en Colombia representen una intervención y una amenaza para la soberanía de las naciones vecinas; impulsa el establecimiento de un centro de operaciones antinarcóticos en Brasil, del tipo de los existentes en Key West y Lisboa ,y procura “blanquear” la imagen del actual gobierno de Honduras para su plena reincorporación a la comunidad regional e internacional.
En esta última misión cuenta con el apoyo del presidente de Guatemala, Álvaro Colom, interesado en contar con la presencia de su colega hondureño, Porfirio Lobo, en Madrid, para la firma del disputado Acuerdo de Asociación Comercial de América Central con la Unión Europea.
Pero tal vez el aporte más original – y peligroso – de este académico y alto funcionario a la política exterior de Estados Unidos para América Latina sea la idea de que las democracias deben cuidarse…de sí mismas.
Gobiernos que minan instituciones democráticas
En la audiencia del subcomité del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, para su ratificación señaló que hay ejemplos de “gobiernos libre e imparcialmente electos minando las instituciones democráticas. A lo largo de la última década algunos han utilizado su autoridad para limitar los derechos de otros…”
¿A qué gobiernos se refería sin mencionarlos? Por supuesto, al de Venezuela, en primer lugar, seguido, probablemente, por los de Bolivia y Ecuador. Es decir, los gobiernos más proclives a poner coto a la rapacidad de las oligarquías nacionales y las empresas trasnacionales y, por lo tanto, considerados “poco confiables” por Washington.
Como el poder estadounidense procura cerrar la tenaza del Plan Colombia y el Plan Mérida (México) en torno a algunos de esos gobiernos, el principal propósito de la gira de Valenzuela por Centroamérica consistió en convencer a los mandatarios del istmo de olvidar el golpe de Estado de junio de 2009 y cerrar filas con Honduras, donde en la base de Palmerola opera la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo, la única del Comando Sur fuera del territorio de Estados Unidos, y sumar sus respectivos recursos militares, fuerzas de seguridad y organismos de inteligencia para hacer de la CSC un organismo verdaderamente operativo.
En Panamá, al término de su viaje, se comprometió a promover una conferencia internacional de donantes con tal propósito. Y “a fomentar nuevas asociaciones para desarrollar la capacidad financiera necesaria que permita aplicar dicha estrategia”, según el comunicado final de la reunión sostenida con el secretario general del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), el nicaragüense Daniel Alemán.





























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