Países latinoamericanos avanzan en una estrategia para incentivar las buenas prácticas en el sector turístico, en específico, para prevenir la explotación sexual de menores.
Anna Karina Rosales
Reunidos en el Grupo de Acción Regional de las Américas, poco más de una decena de países sudamericanos busca garantizar que la industria del turismo contribuya al desarrollo y bienestar de los infantes. La Prevención de la explotación sexual de los menores es una de sus principales misiones.
Recientemente, el grupo, integrado por ministros de turismo y representantes de Gobierno de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, ratificaron un plan de acción regional para combatir a quienes utilicen de forma indigna a niños, niñas y adolescentes.
Informes regionales
Según el informe del programa de Promoción Integral de los Derechos del Niño, del Instituto Interamericano del Niño, la industria del turismo también juega un papel muy importante en el aumento de la cantidad de niños explotados sexualmente.
En el documento consta que “los países latinoamericanos son cada vez más populares como lugares de descanso y relajamiento, y el creciente flujo de turistas que entra y sale de los países ha resultado en un aumento aún mayor de la cantidad de niños sexualmente explotados”.
Además, se señala que se ha sugerido incluso que el aumento en los niveles de prostitución y especialmente de prostitución infantil está directamente relacionado con el aumento del turismo. “Muy a menudo, el turista tiene una concepción errónea de que es lo culturalmente aceptado en el país que visita, cree que la cultura acepta esta forma de vida y que la sociedad acepta y consiente a la prostitución infantil”.
En su informe, este organismo especializado de la OEA considera que hay un punto más que deberá tomarse en consideración, pues es uno de los componentes de mayor influencia: la falta de un compromiso político sostenido para atender este problema. “Si los Gobiernos no proveen los fondos necesarios ni lo insertan en su agenda de infancia como de urgente consideración, entonces no cabe otra alternativa que esperar que el fenómeno de la explotación sexual continúe creciendo”.
Los niños no se venden
El plan del Grupo de Apoyo Regional parece responder al llamamiento del informe del Instituto Interamericano del Niño. “Pretendemos que nuestros niños y adolescentes no se conviertan en mercancía, en la que un turista, sea extranjero o interno, cometa esta actividad o lo vea como una forma de hacer turismo de entretenimiento. Nuestros niños no se venden, no se comercializan,” sostiene Sandy Morales Herrera, asesora del Ministerio de Turismo de Ecuador.
Encargada del proyecto de prevención de explotación sexual de menores, la especialista anuncia que, desde que en noviembre pasado, Ecuador asumiera la Secretaría Ejecutiva del Grupo de Acción Regional de las Américas, sus integrantes intentan intensificar su trabajo mediante estrategias locales y regionales para apoyar las buenas prácticas en el sector turístico.
En Latinoamérica, confirma Morales, también se dan casos de explotación de menores por turistas, pero no se tienen cifras concretas. En los últimos años ha habido avances en cuanto a denuncias y sanciones, pero no se tiene una visión general o inventariada de cuán grande es el fenómeno. “Debemos discutir y unificar en una estrategia común temas de cómo prevenir, cómo perfilar ciertas características de redes explotadoras, cómo identificarlas, y cómo hacer que los niños se protejan”.
Unificar esfuerzos
Morales explica que se están abriendo nuevas estrategias y canales de comunicación entre los países, como la recientemente lanzada página en Internet del Grupo de Acción Regional. Esta forma parte de todo un plan que incluye actividades de capacitación para quienes trabajen en el sector turístico, suscripción de instrumentos de buenas prácticas o códigos de conducta, campañas de comunicación y foros, donde además de operadores de viajes, padres y los propios niños pueden transmitir sus inquietudes sobre el tema.
“A pesar de estar en una misma región, tenemos muchos aspectos que nos diferencian, en cultura, en el nivel de la problemática. Hay países donde no podemos entrar con una misma estrategia y por eso debemos compartir y compaginar ideas” finaliza.





























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