A través de los ojos de tres reos holandeses, presos por delitos graves, conoceremos la inhumana cárcel peruana del Callao, un lugar donde todo tiene un precio.
El aeropuerto internacional Jorge Chávez, el terminal aéreo más importante del Perú, se encuentra en el Callao, zona portuaria cercana a la ciudad de Lima. Mucha de la cocaína que se produce en el Perú sale por ese aeropuerto. Hombres y mujeres de múltiples nacionalidades aspiran a sacar el polvo blanco adhiriéndolo a su cuerpo, en el doble fondo de maletas, introducido en los orificios del cuerpo, en botellas de champú…todos con la misma lógica: ganarse un dinero que será pagado cuando la mercadería sea entregada en el país de destino. Pero claro, siempre y cuando la mercadería llegue a su destino. El pago nunca es tan grande, pero para muchos es lo suficientemente generoso como para correr el riesgo. Nico Schaper y Anthonius Amie Delfstra, dos holandeses que intentaron jugar esta partida, la perdieron. Hoy purgan condena en el Perú por narcotráfico.
Todos los detenidos en ese aeropuerto, en la medida en que está en la jurisdicción del Callao, terminan en el Establecimiento Penitenciario del Callao, antes penal “Sarita Colonia”. Algunos esperarán largos meses su condena entre esas rejas, otros habiendo recibido sus sentencias de culpabilidad purgarán varios años entre sus muros. A través de la mirada de Nico, Anthonius y de Behs Willie, un tercer reo holandés que no quiso contar, avergonzado, el delito que lo mantiene preso, ingresaremos al mundo siempre oscuro de un centro penitenciario peruano.
Sarita Colonia
El Establecimiento Penitenciario del Callao se llamaba antes “Sarita Colonia”. Sarita fue una niña convertida en santa por el mundo popular, principalmente el mundillo lumpen, de los bajos fondos; el mundo del hampa. Aún todos se refieren a este centro con el nombre de “Sarita Colonia”.
Fue construido para albergar a 572 reos, pero viven allí más de 2.500, apretados como sardinas. Por ejemplo, en el área de los presos comunes, 32 internos llegan a dormir en un ambiente de 3 por 5 metros. Este centro penitenciario tiene un hacinamiento del 400%. En algunos pabellones hacen sus necesidades fisiológicas en baldes; los servicios higiénicos están muy deteriorados.
En un día normal en el patio principal del penal pueden estar de pie cerca de 400 reclusos. No hay mucho sitio para sentarse, todos de pie codo a codo, no caben más. En los pasadizos, áreas comunes y los talleres se observan cientos de hombres, de todas las edades, que circulan en uno u otro sentido.
Pabellones diferenciados
Lo que parece quedar claro es que en esas condiciones es imposible la rehabilitación. Por ejemplo en el pabellón de personas de la tercera edad viven ancianos de hasta 85 años, están enfermos, o van en sillas de ruedas o con muletas. En una habitación con capacidad de 30 personas, duermen 80 internos.
El pabellón de máxima seguridad es uno de los más ordenados del centro de reclusión. Son los propios internos los que mantienen la paz dentro de las instalaciones. Si alguien es sorprendido robando le aplicarán todos una tremenda paliza. Si alguien le falta el respeto a una mujer en los días de visita, recibirá un duro castigo de los delegados; los reos son conscientes que el respeto deberá prevalecer para hacer la vida más llevadera, ya que algunos estarán encerrados durante muchos años.
En la medida en que no se moleste a las visitas o no se las haga sentir incómodas u hostigadas, querrán regresar. Si las visitas no regresan, los reos podrían acabar finalmente solos, por eso es que las visitas son bien recibidas y tratadas. Algunos tienen ciertas comodidades, como electrodomésticos. Si no quieren comer la “paila” (la olla), la comida gratuita de la cárcel, deben llevar sus propios insumos y pagar para que los cocineros les preparen el menú que quieran. Todo tiene un precio. El que no tiene a nadie en la calle que vele por satisfacer necesidades mínimas, tiene que recurrir a realizar múltiples actividades para conseguir dinero: pueden limpiar, reciclar botellas descartables o vender cualquier cosa que puedan conseguir. Hay mucho dinero circulando dentro de la cárcel. También hay negocios; todo se compra y todo se vende.
Hay también un pabellón de mínima y otro para los extranjeros. El de extranjeros alberga reclusos de todo el mundo, la gran mayoría por tráfico ilícito de drogas. En ese mismo pabellón, si es que hay presos peruanos, se tratará de policías caídos en desgracia, que para protegerlos los alejan de los reclusos nacionales. En un patio pequeño, con la ropa secándose a lo alto, pueden ver televisión o distraerse. Las celdas son minúsculas, detrás de una cortina que les oscurece el espacio de la luz que se filtra por las noches hay dos literas pequeñas, una encima de otra. Es una cortina que también podrá dar cierta privacidad cuando reciban a una mujer. No hay venusterio*, así que se debe pagar al compañero por un poco de intimidad sin ser interrumpido. Junto a las camas hay un silo que funge a su vez de ducha. Allí donde se bañan, defecan. Al igual que en el resto del penal todo cuesta, todo se negocia.
Por cocaína
Behs Willie, Nico Schaper y Anthonius Amie Delfstra pasean por el pabellón de extranjeros con soltura. Hablan de igual a igual con el alcaide pese a tener un castellano precario. Willie es quien mejor lo habla. Intentar sacar cocaína del Perú los colocó en esta encrucijada. En este caso, Willie no habla de su delito pero cuenta que estuvo en Colombia. “Yo estuve en Colombia, ya conozco, y no tengo miedo.” Willie es el mayor de los tres y no quiere regresar a Holanda, prefiere quedarse en América Latina con su hija, a la que no pudo acompañar en su nacimiento por estar en la cárcel. Anthonius se pasa el día lavando ropa: ”Aquí todo cuesta y yo no tengo dinero, así que la única forma que tengo de poder pagarme mis cosas es lavando la ropa de otros.” Para Schaper el día no pasa lento, al contrario, siempre encuentra cosas que hacer: “Puedo estar en el gimnasio, haciendo ejercicio, o trabajando algunas horas.”
Se sorprenden por el orden de cosas en que está estructurada la vida en el penal, comparan con el tratamiento carcelario que se vive en Europa y lo que más extrañan es a la familia. La parte judicial peruana les es incomprensible. “¡Cuál justicia, si aquí no hay justicia…!!”, ironiza Willie. Schaper no entiende cómo frente a un mismo delito puede haber diferente sanción: “Uno aquí sabe cuándo entra pero no tiene idea de cuándo sale.” Para Amie Delfstra lo más sorprendente es que si “al trabajador social no le caes bien, estás frito, o si al sicólogo le caes antipático no habrá ninguna posibilidad de salir, así de arbitrario.”
Imaginan que en su primer día de libertad se reencontrarán con sus familias, la ley peruana no les faculta la salida inmediata del país, deben comparecer al juzgado durante cierto tiempo. Debido a ello sueñan con traer a sus familias para poder estar con ellos.
Los tres son responsables de delitos graves y reconocen que tendrán que purgar su condena en una cárcel terrible e inhumana. Pero no es posible entender un sistema de justicia que puede violentar derechos tan esenciales de una manera tan clamorosa y sin inmutarse siquiera. Pagar por salir del penal, por el papel higiénico, por la pasta de dientes, por el jabón para lavar, por atención médica, por la celda, por mujeres, por tener televisión en la celda, por obtener justicia, es inaceptable. Y lo cierto es que sólo es comprensible en el marco de un penal hacinado hasta los bordes, con escaso presupuesto, con un sistema judicial torpe y corrupto en donde sólo el dinero marca la diferencia. Es la población penal, posiblemente junto aquella que padece de enfermedades mentales, la más olvidada a nivel de derechos en el Perú. Por cierto, en el caso de estos tres presos holandeses como en el del resto de la población penitenciaria, al margen de culpas o responsabilidades que deberán asumir por sus actos, un poco de humanidad en el sistema podría marcar la diferencia.
*En Perú, habitación especial en las cárceles en que las personas presas tienen relaciones sexuales con la pareja visitante.





























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