La diligencia jurídica para establecer la causa de la muerte del presidente Salvador Allende se realizara hoy 23 de mayo a las 7.30 de la mañana en el Cementerio General de Santiago de Chile. Once expertos serán los encargados de llevar adelante el peritaje, cinco de ellos son extranjeros. Se pondrá fin de este modo a las variadas especulaciones que han rodeado el caso desde hace 38 años.
Los hechos incuestionables son los siguientes: Poco antes de las 14.30 horas, ese 11 de septiembre de 1973, Allende decide la rendición y ordena a su gente que abandone el Palacio de La Moneda, él se queda atrás. Varias dependencias están en llamas por los ataques de las aviones Hawker Hunter, la balacera continúa y el general Javier Palacios lleva adelante su propósito de ingresar a La Moneda. A los pocos minutos el médico Patricio Guijón regresa para llevarse una máscara antigases de recuerdo de esas horas dramáticas. Allí, en el Salón Rojo, se encuentra al Presidente con el cráneo destrozado. El Doctor Oscar Soto recuerda el momento:
“… Y se encuentra el espectáculo que el presidente tiene una metralleta entre sus rodillas. Se ha disparado debajo de la barbilla. Eso ha producido un estallido del cráneo. La masa encefálica está por toda la habitación. Digamos por el techo, por las paredes. Entonces, yo ni él( Patricio Guijón) tenemos ninguna duda de que el presidente se suicidó”.
Desde el mismo once comienzan a tejerse las especulaciones. Todos los médicos personales del mandatario afirman que éste se suicidó con la metralleta AK 47 que le había regalado Fidel Castro. Un sector de la izquierda desmiente al principio esta versión porque le parece poco gloriosa. Propagan la versión de que el presidente fue conminado a rendirse por un grupo de militares y que ante su negativa y su respuesta a balazos motivó que esa gente lo ultimará en la refriega.
El Nobel Gabriel García Márquez fue más lejos y elaboró una verdadera epopeya en la que Allende se batía solo, hasta su último aliento, en contra de muchos militares. Años más tarde un periodista (Camilo Taufic) saca un libro en el que asegura que efectivamente Allende se suicidó, pero como no murió tras pegarse un balazo de pistola en la cabeza, un miembro de su seguridad personal, el GAP, Enrique Huerta, se habría visto en la obligación de darle un tiro de gracia.
De vuelta a los hechos irrefutables: Allende es sepultado el 12 de septiembre de 1973 en el cementerio Santa Inés de Viña del Mar. Al sepelio solo asiste su viuda, Hortensia Bussi, acompañada de su cuñada Laura Allende. 17 años después se exhuma su cadáver, el 14 de agosto de 1990. El médico Arturo Gijón es el primero en verlo en la misma fosa. Las palabras salen de su garganta con dificultad: “se mato el hombre” Luego, cuando sube de la fosa, agrega: “es el presidente” Días más tarde, el cuatro de septiembre El Chicho, como le llamaba cariñosamente la gente, recibe honores de estado en un funeral multitudinario en la capital chilena.
Dos antecedentes históricos ayudan a analizar lo ocurrido. Las últimas palabras de Allende, difundidas por radio a las 9.10 de la mañana de ese once de setiembre, son elocuentes, él ya había tomado una decisión irrevocable:
“Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente”.
El general Palacios entregó el siguiente informe por radio: “Misión cumplida. Moneda tomada, presidente muerto».
A su vez el coordinador del golpe, Patricio Carvajal, dice por interno a Augusto Pinochet:
“Hay una comunicación, una información de personal de la Escuela de Infantería que está ya dentro de La Moneda. Por la posibilidad de interferencia, la voy a transmitir en inglés: They say that Allende committed suicide and is dead now (Dicen que Allende se suicidó y ahora está muerto)"
Si las evidencias son tan elocuentes, ¿Por qué entonces esta investigación solicitada expresamente por la familia Allende? Porque a juicio de muchos es importante el valor histórico de lo ocurrido. La versión del suicidio es de gente muy próxima al presidente Allende y, en consecuencia, siempre ha corrido el riesgo de ser vista como una opinión interesada. Isabel Allende, senadora, hija del presidente, desea, como tanta otra gente establecer de una vez y para siempre la verdad de lo ocurrido.
La verdad más probable es la suicidio. Las razones de este gesto definitivo han contribuido a crear un aura de grandeza en torno a la figura de Allende: el presidente había prometido no renunciar. Tampoco iba a permitir que lo ultrajaran física y sicológicamente. Él no se veía subiendo a un avión para marchar al exilio. Lo dijo, quería que su inmolación sirviera de castigo moral a la traición. Es esa consecuencia de morir por lo que creía lo que, más allá de su evaluación histórica, concita respeto y admiración.





























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