La Operación Colombo orquestada por la DINA, en tiempos de dictadura, pretendió convencer a la opinión pública que 15 detenidos desaparecidos habían muerto en enfrentamientos entre integrantes de la cúpula del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR. El general Pinochet ha sido interrogado el lunes 14 de noviembre por el juez Víctor Montiglio. Su respuesta más recurrente, durante dos horas, fue: no me acuerdo.
El general Augusto Pinochet no gusta de alteraciones ni en el discurso ni en el contenido. Desde el primer momento de su célebre detención en Londres ha declarado que él no daba órdenes a la DINA - su Dirección de Inteligencia Nacional - que sus subordinados actuaban por su cuenta, y que él estaba empeñado en otras tareas más importantes para el país. Esa suerte de traición a los suyos, ese proceder impropio del coraje que decía tener tuvo nuevos e interesantes ribetes en las respuestas del lunes, que, vistas con mayor atención, revelan cómo Pinochet ha cometido varios deslices que pueden costarle caro. Por ejemplo, ha dicho que es mentira que el ex jefe de la DINA, el entonces coronel Manuel Contreras le informaba detalladamente del accionar del organismo encargado de la represión.
Existen innumerables grabaciones de radio y televisión en las que Pinochet resalta con orgullo su control absoluto sobre lo que ocurría en Chile, en el interior de las Fuerzas Armadas, y especialmente en la DINA. En otro momento asegura que no sabía de las torturas y que las había prohibido. Sin embargo, en aquellos años no dudaba en declarar públicamente que a "esa gente", refiriéndose a los opositores detenidos, no se la trataba como a niñitos de pecho, ni como a angelitos. La práctica de la tortura como política de Estado está debidamente probada en Chile y cuesta encontrar a alguien que hoy dude de esta realidad.
El talante del personaje salió a relucir especialmente en dos momentos del interrogatorio. El primero, cuando el juez le preguntó si estaba enterado del ocultamiento de cadáveres en fosas comunes o clandestinas, o de arrojamientos al mar. Dijo, "no me acuerdo. Yo tenía otras actividades...no podía preocuparme de esos detalles". Esos detalles son los detenidos desaparecidos. Esos detalles son los asesinados extrajudicialmente, los cadáveres que se salen del armario al primer descuido. La segunda muestra de su carácter fue la respuesta tajante a la pregunta: ¿lamenta las muertes que se produjeron durante su gobierno? Lamento y sufro por esas pérdidas, dijo. Pero como si se hubiese arrepentido en el acto, agregó: "Pero Dios hace las cosas, él me perdonará, si me excedí alguna vez, que no creo". Es difícil imaginarse a que Dios se refiere, ya que parece imposible pensar que Dios haya ordenado el aniquilamiento físico de miles de chilenos. También resta la duda si será necesario el perdón porque Pinochet sigue empeñado en hacer creer que no cometió excesos. No se trata de una declaración senil, sino soez.
La otra pieza de este caso puede llegar a ser demoledora para el general. Según los informes de seis expertos del Servicio Médico Legal, SML, que examinaron en días recientes a Pinochet, éste está mentalmente sano, lo que lo dejaría en condiciones de enfrentar un proceso judicial.
Estos hechos ocurren en un Chile al que ha dejado de interesarle Pinochet. El Gobierno puso el caso en manos de la Justicia; la oposición se distanció de él como se distancia uno de alguien que padece enfermedad contagiosa; los medios de comunicación ya no lo ponen en primera plana. Él dice que pensaba pasar los últimos años de su vida tranquilo jugando con sus nietos. Hasta en eso se equivocó.
OPERACIÓN COLOMBO
Tras el golpe de Estado de 1973 y culminada la etapa de detenciones masivas, siguió la creación de la Dina y la ejecución de una estrategia de aniquilamiento de los opositores. La dictadura creó centros de detención clandestinos. Los Familiares de los detenidos, con el respaldo de la iglesia y de algunos organismos internacionales, comenzaron a exigir respuestas. Naciones Unidas envía una comisión especial que el general Pinochet no deja ingresar al país. Ante la protesta, la Dina decide montar una "solución". Junto a los aparatos represivos argentinos y con la complicidad de varios medios de comunicación nacional e internacionales se realiza la Operación Colombo. Entre abril y julio de 1975 aparecieron sucesivamente en Argentina, cuatro cuerpos mutilados que tenían dos cosas en común: cédulas de identidad chilenas correspondientes a personas detenidas desaparecidas y lienzos en que se leía que el MIR se adjudicaba estos asesinatos.
Por otra parte desde el 6 de junio de ese año la prensa chilena publica una serie de noticias ficticias sobre enfrentamientos y detenciones en la ciudad de Talca y en Argentina destinadas a convencer a la opinión pública de la existencia de guerrilleros chilenos entrenándose en Argentina y de una sangrienta pugna interna del MIR.
*José Zepeda: Director del Departamento Latinoamericano de Radio Nederland





























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