Nadie olvida el genocidio de Ruanda, en 1994. En los últimos 4 años, los tribunales populares ruandeses o “gacaca” han juzgado a más de un millón de personas por esos crímenes. En estos días los procesos se acercan a su fin y cabe preguntarse por el efecto que ha tenido la justicia popular en el país africano.
En Runda, una aldea a unos 20 minutos de la capital, Kigali, en los últimos años se han llevado a cabo cerca de mil procesos gacaca. Cada semana llegan al lugar decenas de personas a escuchar a los sospechosos y a declarar sobre los crímenes cometidos.
Estas reuniones tienen una gran carga emocional. Para las víctimas y sus familiares significan un nuevo enfrentamiento con los horrores del genocidio y para los sospechosos un enfrentamiento, siempre doloroso, con las víctimas.
Jueces locales
Hoy se juzga a Hitiama. Según dice, es tutsi y nunca ha hecho nada malo. Testigos lo acusan de haber llevado cadáveres en su automóvil, desde una iglesia hasta el río, para arrojarlos a la corriente. Hitiama niega todas las acusaciones y dice que los testigos son personas que lo están acusando falsamente para hacerle daño.
Los jueces, especialmente formados para este tipo de procesos, son escogidos por la comunidad local. En todo el país hay alrededor de 160 mil jueces capacitados para llevar adelante un juicio gacaca. Su trabajo termina con una sentencia, pero también debe posibilitar que ofensores y víctimas puedan vivir juntos en una misma aldea. Para la población ruandesa los procesos gacaca son una especie de terapia para superar las secuelas del genocidio.
“El propósito del sistema gacaca es que la gente se junte. Unir a la gente”, dice el coordinador Paul Rutega. “Si alguien pide perdón, depende de ti. Es como si te entregara su carga. Si ha tenido la valentía de pedir perdón depende del otro aceptarlo o no. Depende de la víctima”.
Compromiso de Holanda
El gobierno holandés está también comprometido con los procesos gacaca, tanto en la formación de los jueces como en la construcción de una cárcel.
“Nuestro compromiso es sobre todo como donantes”, dice el embajador holandés en Ruanda, Frans Makken. “En total hemos entregado 3 millones de euros, para distintos proyectos. La mayor parte del dinero se ha utilizado en educación. Cursos rápidos para jueces, abogados y fiscales. Creo que se puede decir que los procesos gacaca son el comienzo de un proceso de reconciliación”.
“Se trata de un inicio porque en estos procesos se han dictado sentencias contra personas que estuvieron involucradas en el genocidio. Se trata de centenares de miles de personas. Nadie lo sabe con precisión pero fueron por lo menos 1 millón 200 mil, quizás 1 millón 300 mil personas. Sin estos procesos no se podría hablar de un comienzo de la reconciliación. A pesar de los errores que se han cometido. Faltaba educación y se trata de una forma de justicia popular, por lo que no es difícil entender que algunas cosas hayan salido mal. En todo caso, si miramos hacia atrás, entregar nuestro apoyo fue sin duda una buena decisión. Pero, también queremos saber cómo ha terminado todo”.
Para la justicia en Ruanda está claro que el efecto de los procesos gacaca en la población ha sido mucho más importante que el del tribunal de la ONU en Arusha, donde se está juzgando a los responsables más importantes del genocidio. La opinión general de la justicia es que todo el dinero que se ha ocupado en el tribunal de la ONU podría haberse invertido en reforzar el sistema judicial ruandés.





























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