Cuando subió al trono, hace 10 años, el rey Mohamed VI encarnaba la esperanza de la democracia en Marruecos. Inicialmente el sueño parecía estar haciéndose realidad.
Mohammed Amezian y Michel Hoebink
Sin embargo, en años recientes, el Rey ha mostrado dudas y las críticas han arreciado.
Los años de plomo: así hablan los marroquíes de la época del padre de Mohamed, el rey Hasan II, que aplastaba con mano de hierro cualquier atisbo de oposición. Quienes se atrevían pasaban por la tortura y terminaban pudriéndose en una mazmorra.
Su hijo Mohamed II prometió reconciliación, reformas económicas y democracia. Muchos marroquíes esperaban que convirtiera la monarquía absoluta en una constitucional, similar a la de su vecina España. Otra esperanza era una mejor repartición de la riqueza nacional.
Durante los primeros años de su reinado, todo indicaba que Mohamed VI cumpliría sus promesas. Varios proyectos económicos que beneficiaban especialmente a las clases menos favorecidas le hicieron ganar el título de ‘Rey de los pobres’. Mediante la instalación de una Comisión de la Reconciliación, el joven monarca se distanció de la tradición represiva de su padre. Marruecos gozó además de una mayor libertad política y, en particular, de más libertad de prensa. La reforma del derecho familiar, la así llamada Mudawwana, mejoró notablemente la posición social de la mujer. Por su parte, los bereberes consiguieron una autonomía cultural más amplia.
El rey Mohamed VI representaba personalmente la transformación cultural, pues se mostraba moderno e informal y, a diferencia de su padre, se casó con una sola mujer, una estudiante de informática y de origen plebeyo, con la que aparece regularmente en público. No es inusual que, después del trabajo, el monarca regrese a casa conduciendo su propio automóvil.
Los enemigos políticos de antes se dividieron. Algunos se arrojaron a los brazos de la, hasta entonces, odiada Casa Real. Otros se mantuvieron en una posición crítica, alegando que las reformas no eran suficientes.
Al comienzo, el grupo de detractores era pequeño, pero, en los últimos años, el pesimismo se ha extendido, y el coro de opositores tiene más y más voces. Los periodistas afirman que la libertad de prensa es cada día menor. En la lucha contra el terrorismo, denuncian otros, se violan regularmente los derechos humanos. Según Khadija Riyadhi, presidenta de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), se dan nuevamente casos de secuestro y tortura de enemigos políticos, específicamente en la cárcel de Tmara, en Rabat.
En los círculos bereberes se deja oír la queja de que Mohamed VI les dio más libertad cultural, pero ha hecho muy poco para sacar a las regiones bereberes de su atraso económico.
Según comentarios publicados en periódicos progresistas como Telquel, el Rey ha cambiado de opinión sobre las reformas o, al menos, abriga dudas sobre su completa realización. Muchos sospechan de la influencia de la ‘makhzen’, una poderosa clase de burócratas y familias poderosas que rodea la Casa Real, que podría ver amenazados sus privilegios por el avance de las reformas.
Pocos creen que Marruecos esté en el camino de convertirse en una verdadera democracia. A pesar de ello, el rey Mohamed VI sigue siendo popular en el país. Comparado con Hasan II, representa un alivio.





























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