A medida que aumenta la violencia en Siria, cada vez más países retiran a sus embajadores de Damasco. Ayer martes, Holanda también adoptó esa medida. Cabe preguntarse si se trata de una buena decisión.
Desde hace varios meses, el régimen sirio reprime con violencia a los rebeldes. Uno de los focos principales es la ciudad de Homs, donde decenas de ciudadanos han perdido la vida en los bombardeos lanzados por las tropas del presidente Assad.
Estados Unidos decidió cerrar su embajada el lunes alegando razones de seguridad. El embajador fue
ALBA reitera apoyo a régimen sirio
Los países que integran la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) condenan lo que califican la política de injerencia en Siria, cuyo fin es, a su juicio, imponer al pueblo sirio un cambio de régimen.
Así mismo, manifiestan su repudio a actos de violencia que imputan a grupos apoyados por potencias extranjeras, pues consideran que afectan al pueblo sirio. Además, apoyan las reformas y el diálogo propuestos por el presidente sirio, Bashar Al Assad, en busca de una solución política.
ALBA está integrada por Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Venezuela, San Vicente y Las Granadinas, y la Mancomunidad de Dominica, Antigua y Barbuda.
El martes, Holanda se adhirió a esta acción diplomática. “He decidido convocar para consultas a nuestro embajador en Damasco, así como al de Siria en Holanda”, declaró el ministro holandés de Asuntos Exteriores, Uri Rosenthal.
Presión
El titular considera las medidas como un instrumento de presión sobre el régimen de Assad. La embajada holandesa permanece abierta para mantener el contacto con la oposición y prestar servicio a los holandeses que aún se encuentran en Siria.
Koos van Dam ha sido embajador en, entre otros países, Iraq, Egipto e Indonesia, y es autor de un libro sobre Siria. En su opinión, la medida no es más que un simbólico gesto político que no cambiará mucho la situación en ese país. “Pero no conducirá a un mejoramiento de la situación,” asegura, “y retirar a los embajadores no implica un avance, no favorece el fin de la violencia, el logro de reformas políticas ni la renuncia del régimen. Además, se podría pensar que un embajador puede actuar como un enlace con el Gobierno. Por lo tanto, si se desea apelar nuevamente a ese régimen, me parece importante que la comunicación siga siendo posible. Sin embargo, no es eso lo que hacemos.”
Diálogo
El ex embajador considera el diálogo como un recurso valioso, pero los países occidentales han malogrado las posibilidades, entre otras cosas por su acercamiento a la oposición siria. Van Dam fija su esperanza en los intentos de Rusia, un antiguo aliado de Damasco, para influir sobre el régimen. Ayer, el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergej Lavrov, mantuvo conversaciones con el líder sirio Bashar al-Assad.
Guerra civil
A juicio de Van Dam, “poner fin a la violencia es la última tabla de salvación para la paz. El problema, no obstante, es que la oposición siria, es decir el Ejército Libre Sirio, mas no los manifestantes pacíficos, se resiste a deponer las armas. Esto complica mucho la situación y aumenta el riesgo de que el país caiga en una guerra civil que no beneficia a nadie.”
Una guerra intestina podría enfrentar entre sí a sunitas y alauitas. “Y eso es muy destructivo.” Según Van Dam, es importante convencer a los alauitas que todavía apoyan al régimen de Assad, de que las reformas democráticas que se introduzcan no constituyen una amenaza para ellos, aunque inevitablemente, conducirán a la partida del actual régimen, razón por la cual se mantienen firmes.




























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