A pesar del acercamiento producido en los últimos cinco años, la inestabilidad del régimen egipcio podría congelar las relaciones comerciales con Sudamérica.
Egipto celebra el lunes a las primeras elecciones democráticas de su historia y lo hace en un clima de agitación y tensión. Después de la reciente dimisión del gobierno del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), que ha gobernado el país desde la caída del dictador Hosni Mubarak el pasado mes de febrero, las horas previas a las elecciones son cada vez más tensas en el país árabe. Algo que no pasa desapercibido al otro lado del Atlántico. “En Latinoamérica tenemos una gran preocupación por ver cómo va a terminar este proceso democrático pues, principalmente los países de América del Sur, tienen intereses económicos muy importantes en la región”, dijo a Radio Nederland el director del Centro de Estudios del Medio Oriente Contemporáneo, Fernando Bazán.
Sudamérica se entiende con Egipto
En el 2010 se firmó el primer acuerdo de libre comercio entre Egipto y el Mercado Común del Sur (Mercosur), el primero entre la unión subregional y un país árabe. Sin embargo, “Este Tratado aún no es válido, pues es necesario que sea aprobado por el nuevo parlamento egipcio”, cuenta Luis Eduardo González desde la embajada brasileña en Egipto. Así, crece la expectación sobre el futuro presidente del país del Nilo, que “podría mantener las buenas relaciones con América Latina o mirar más a la Unión Europea y Estados Unidos que, en el pasado, han tenido una gran injerencia en la región”, dice Bazán.
Sólo el año pasado, Brasil le exportó a Egipto carne, azúcar y minerales por un valor aproximado de 1900 millones de dólares, registrando un incremento del 30% en sólo ese año. Una relación comercial que, desde la embajada de Brasil en El Cairo, aseguran que “Se va a mantener, independientemente del nuevo gobierno y de que apruebe o no el Tratado de Libre Comercio. Aunque, naturalmente, con el acuerdo se intensificarán mucho más. Y no sólo con Brasil, sino también con Argentina”.
Precisamente, en los últimos cinco años se ha duplicado el comercio exterior entre Egipto y Argentina, llegando a los 1100 millones de dólares. “Algo que se vio potenciado con el plan de Kirchner para exportar productos lácteos”, dice el investigador Fernando Bazán. “Y ahora puede convertirse en un gran proveedor de trigo para Egipto, lo que sería muy importante ya que es prácticamente el mayor importador de trigo del mundo” añade el funcionario brasileño Luis Eduardo González.
Conferencias ASPA
El principal motor de las relaciones entre Egipto y estos países latinoamericanos han sido las conferencias de América del Sur y los Países Árabes (ASPA). “Estas cumbres han supuesto una reapertura de las relaciones entre Sudamérica y los países árabes para potenciar una cooperación sur-sur, dejando de lado a la Unión Europea y Estados Unidos”, explica Bazán. Si bien estas relaciones comenzaron con un carácter económico, hoy también vemos un fuerte acento en asuntos políticos. Sin ir más lejos, Brasil y Argentina desafiaron al Consejo de Seguridad y votaron a favor del reconocimiento del Estado Palestino.
La III Conferencia del ASPA tuvo que ser suspendida debido a la convulsión política de los países árabes pero, si no hay más cambios, se celebrará el 20 de abril del 2012 en Lima, Perú. “Trabajando con Egipto en la cooperación sur-sur aprovechamos experiencias interesantes que el país puede tener en el campo de la agricultura o el tratamiento de aguas con otros proyectos donde Perú puede aportar su experiencia, como es la agroindustria, las pesquerías y el desarrollo de infraestructuras”, cuenta a Radio Nederland el Cónsul de Perú en el Cairo, Tulio Mundaka.
“Paralelamente a la cumbre de Lima habrá otra empresarial entre los países árabes y los sudamericanos, donde podrán conocerse y desarrollar proyectos de negocios mutuamente beneficiosos”, dice Mundaka.
¿Y luego, qué?
“Personalmente, yo creo que los países del Medio Oriente van a estar fuera de juego durante un tiempo y que esta ´primavera´ que ha mantenido Latinoamérica con los países árabes puede terminar”, dice Fernando Bazán. “América Latina está exenta de la crisis internacional y hoy en día nuestros países tienen la capacidad de ´esperar´ uno o dos años para ver qué sucede con el mundo árabe. Algo que no ocurre en Europa ni en Estados Unidos, que tienen una necesidad urgente de reactivar sus economías y quieren participar en la reconstrucción de los países árabes para después inyectarles sus productos”, explica el director del Programa de Estudios sobre Relaciones entre América del Sur y los Países Árabes.
l director de ese instituto de Argentina añade que “Latinoamérica no tiene esa capacidad para intervenir de manera directa en la reconstrucción, pero sí la capacidad para aguardar y esperar a ver si estos regímenes van a animarse a negociar con ellos o van a inclinarse más por los estados del norte”.



























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