Desde 2002, cientos de hombres fueron liberados de la prisión norteamericana en Guantánamo. Pero para muchos, la libertad ha traído grandes problemas.
Por Josefina Salomón
Traumas físicos y psicológicos, consecuencia de los años de abusos y torturas, problemas financieros, impunidad y falta de trabajo… la vida después del encierro en la cárcel más famosa del mundo.
Cuando a principios de 2008, el afgano Omar Deghayes regresó a Gran Bretaña, país que había sido su hogar desde niño, nunca había visto un teléfono celular ni sabía todo lo que una computadora puede hacer. Y es que seis años encerrado en una prisión pueden tener ese efecto, no obstante, dice que tras recuperar su libertad el hecho de ser un analfabeto tecnológico ha sido el menor de sus problemas.
“Si dices que vienes de Guantánamo, la gente asume que hiciste algo malo, aunque como es sabido nunca se presentaron cargos, no se celebró proceso alguno y finalmente fuiste liberado. Guantánamo te arruina la reputación”, afirma Deghayes en esta entrevista con Radio Nederland.
“Durante un año el Gobierno británico no nos concedió permiso de trabajo, ni nos dio ningún apoyo económico ni nada. Si no hubiese tenido a mi familia, no sé qué habría pasado conmigo”.
Deghayes fue llevado a Guantánamo tras haber sido detenido en Pakistán –país en el que se había refugiado con su familia para escapar de los ataques norteamericanos en Afganistán tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York.
Lo que nunca imaginó entonces es que pasaría casi una década allí, que el fin de su odisea llegaría sin previo aviso y que salir de allí sería tan difícil.
“Un día, de la nada, te dicen que vas a salir, te mandan a otra parte de la prisión y te tienen ahí un mes, dándote chocolates, azúcar y pan para que engordes”, explicó Deghayes.
Cuando lo difícil es volver
Ninguno de los cientos de hombres que fueron liberados de Guantánamo desde 2002 había sido acusado de haber cometido algún crimen. Al ponerlos en libertad, las autoridades norteamericanas simplemente decían que no había razón para continuar la detención.
Para la mayoría de los ex detenidos, el regreso incluye una bienvenida mediática y un sistema que es ambiguo en lo que al apoyo se refiere.
Cuando la mayor parte de los 221 afganos encarcelados en Guantánamo regresó a su país fueron recibidos de forma muy positiva mientras que en otros casos recibieron amenazas y fueron objeto de desconfianza por parte de comunidades que veían en ellos a representantes de Al-Qaeda.
Según una investigación de la Universidad de California y la organización norteamericana Centre for Constitutional Rights, dos tercios de todos los ex detenidos de Guantánamo que regresan a la “civilización” sufren traumas físicos o psicológicos como consecuencia de las torturas y malos tratos.
“La mayor dificultad que sufren los ex detenidos al salir de Guantánamo es la imposibilidad de poder reunirse con sus familias”, según manifiesta Wells Dixon, uno de los abogados de la organización Centre for Constitutional Rights, que representa a detenidos. Deghayes está de acuerdo.
“Durante seis o siete años no supimos nada de lo que pasaba en el mundo. Cuando salimos vimos que algunos familiares habían muerto, que teníamos nuevas familias, que los chicos ya eran grandes, algunos conocieron a sus hijos por primera vez. Nos encontramos con un mapa completamente diferente al que habíamos dejado, en todos los sentidos”, dijo Deghayes.
“Yo tenía a mi familia y a amigos que me ayudaron pero recuerdo que el mismo día fue liberado otro hombre también aquí en Gran Bretaña y tuvo una experiencia mucho más difícil. El no tenía a nadie y tuvo muchos problemas. Estuvo mucho tiempo deprimido porque no tenía casa, ni dinero, ni trabajo ni ayuda”, afirma.
Ayudar a volver
Cloe Davies trabaja en Reprieve, una organización de derechos humanos británica que representa a varios ex y actuales detenidos de Guantánamo.
En 2008, y tras años de trabajo para logar su liberación, Davies fue a buscar a uno de sus clientes a un aeropuerto de Londres.
Mohammed, un etíope de 32 años, regresaba a su país después de casi una década de abusos y torturas en Guantánamo y en otros centros de detención en Pakistán, donde había sido capturado en el 2002.
“Mientras trabajaba para sacar gente de aquella prisión me empecé a dar cuenta de los problemas a los que se enfrentaban los que ya habían sido liberados”, dijo Davies a Radio Nederland.
“Siete años es mucho tiempo y las cosas habían cambiado por aquí”, explicó la abogada.
“Lo más importante cuando volvió fue buscar un lugar seguro para que estuviera con su familia, sin la atención de los medios. Luego vinieron cuestiones prácticas como enseñarle cómo utilizar las nuevas tecnologías”.
Los abogados exigen que los gobiernos receptores de ex detenidos pongan en práctica programas de ayuda y rehabilitación para aquellos que estuvieron encerrados durante años.
A pesar de que el presidente norteamericano, Barack Obama, había prometido que el centro de detención iba a cerrarse en a finales de 2009, en Guantánamo se encuentran encarcelados 200 hombres.




























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