Han sido abundantes las ceremonias y los análisis vinculados a la conmemoración de los 30 años de golpe militar en Chile. Cuando las aguas vuelven a su cauce les ofrecemos una entrevista exclusiva con uno de los médicos personales del presidente Salvador Allende, Oscar Soto. Su experiencia personal en esas horas cruciales arroja luces diversas sobre un hecho histórico que marcan todavía al país y a sus habitantes.
José Zepeda: Memoria histórica. El 11 de Septiembre, usted es uno de los últimos en salir de La Moneda. Es de aquellos que están en la fotografía, en el suelo, con un tanque al lado, y uniformados apuntándoles con metralletas. ¿Pensaba en ese momento que no iban a salir con vida del trance?
Oscar Soto: ¡No! No tuve la sensación de que no íbamos a salir con vida porque, en primer lugar, creo que compartíamos todos los que estábamos ahí la seguridad, digamos, de que toda nuestra conducta pasada había sido legal, enmarcada dentro de la legalidad que en ese momento se estaba rompiendo, pero nosotros, la verdad es que no podíamos en ese momento evaluar la magnitud de la fractura. Yo le digo esto porque incluso al día siguiente cuando salí en un bando de esos militares, yo me presente voluntariamente al Ministerio de Defensa. De manera que yo siempre actuaba un poco a pecho descubierto, porque todo lo que habíamos hecho estaba dentro de la legalidad constitucional democrática, con respeto a todas las ideologías, a todas las tendencias.
De manera que no me sentía un delincuente, por así decirlo, como para pensar que en esos momentos, muchos de mis compañeros que estaban ahí iban, efectivamente a perder la vida.
JZ: En una entrevista muy reciente con uno de los integrantes de uno de los conjuntos más populares de Chile, me decía que, por esos días, ellos, los intérpretes, los autores de canciones muy populares de ese tiempo, no pensaban en absoluto en la posibilidad de que se concretara esta amenaza de un golpe. Usted estaba mucho más cerca del conocimiento, naturalmente, que esos cantantes. ¿Era para usted una evidencia lo que se venía?
OS: ¡No era una evidencia! Yo de alguna manera compartía en parte lo que estas personas le habían dicho, pero, digamos, reflexionando un poco recuerdo que unos 10 días antes del golpe militar, una tarde, como a las 7, estuve en La Moneda visitando al presidente Allende a la hora en que ya las actividades rutinarias habían cesado. Entré a su despacho y estuvimos un rato conversando por así decirlo, amigablemente, sin ningún protocolo. Me llamó la atención que me preguntara si yo y mi familia teníamos pasaporte. Yo dije: no, no tengo pasaporte, mi pasaporte está vencido, nunca lo he renovado. Mire, por precaución - me dijo - que su familia tenga pasaporte. Entonces repliqué: ¡Presidente, en mi lugar de trabajo, no se entendería que sabiendo la relación que tengo con usted yo comenzara a sacar pasaporte Sería una cosa que no tendría cómo explicar!
Él de alguna manera estaba pensando en que alguna manifestación, digamos, de tipo violento, y en ese caso siempre desencadenada por un sector de las Fuerzas Armadas. Yo creo que él tenía más conciencia que nosotros de que podía ocurrir el golpe.
JZ: ¿Cómo era para Ud. no el Presidente de la República, sino el hombre llamado Salvador Allende?
OS: Salvador Allende era un hombre con muchas facetas, por ejemplo, en la intimidad era muy afable. Respetaba mucho las jerarquías técnicas. Siempre me llamó la atención lo cuidadoso que era con los médicos respeto a la opinión sobre una enfermedad; él que era médico pero que no tenía una actividad en ese plano desde hace muchos años, respetaba mucho.
Al mismo tiempo yo tenía siempre la impresión de que él observaba mucho, preguntaba mucho; pero básicamente, sus decisiones las tenía como muy maduradas y muy tomadas. O sea que, consultaba, pero no hacía cien por cien caso a las consultas. Creo que, incluso en las designaciones de personas que él nombraba, ministros, o qué sé yo, tenía de alguna manera, los nombres un poco prefijados, él no los cambiaba con facilidad.
¿Qué otro elemento? Era muy familiar en su relación con sus hijas. En ese sentido tenia una relación muy afectiva, muy afectuosa, de mucha camaradería con sus tres hijas, pero particularmente con Beatriz, a la cual distinguía por sus expresiones de cariño. Jugaba con los perros con frecuencia, lo que muchos dueños de casa hacen, ¿no? O sea un hombre corriente, sencillo.
JZ: Fundamentalmente sus partidarios, nunca se han resignado a la idea de que se ha suicidado. Siempre, intentaron e intentan algunos todavía, crear la ilusión de que murió combatiendo a manos de quienes más tarde serían la dictadura militar. ¿Es un drama humano esto de que haya sido un suicidio y no una muerte en combate?
OS: Ni mucho menos. Yo creo que hay varios aspectos que son de mucho interés tocar. Primero: él nunca pensó y decidió que en un momento determinado, podía caer prisionero de los militares. Eso lo tenía absolutamente claro. De manera que él no iba a dejarse vejar por los militares, con lo cual su eliminación física es una cosa que él la iba a tomar en sus propias manos si él no caía muerto en combate.
Durante el combate de La Moneda, él directamente combatió, disparó, estuvo parapetado detrás de algunos muebles, disparó desde las ventanas. O sea, fue un combatiente más en La Moneda, y al mismo tiempo, tenía una alta opinión de la categoría a la cual el pueblo lo había elevado. Sentía profundamente lo que realmente era, un presidente constitucional, elegido democráticamente por mayorías políticas y electorales. Él sentía una gran responsabilidad ante su pueblo. Nunca pensó en abandonar, huir del país, como se le prometió durante el día 11 de Septiembre, lo cual implica que tenía sus decisiones tomadas con mucha antelación.
Cuando la junta militar, los primeros días, inclusos los primeros meses, o algunos años incluso, hablaba del suicidio de Allende, sus partidarios en el extranjero y en Chile, no creían. Pero, no creían por varias razones. Porque el escenario que montó la junta militar en torno a lo que encontró en La Moneda, no era verdadero. Nosotros mismos nos dimos cuenta de que las personas que describían cosas dentro de La Moneda en ese momento, no reflejaban lo que realmente había ocurrido, con lo cual nuestra primera respuesta a esto fue relativamente vaga pero real. O sea, no se ataca un lugar civil y a unos civiles que no son hombres de armas, con fuerzas de tierra, con tanques y se bombardea, para que esas personas vivan. O sea que la premeditación y el interés de los golpistas, era eliminar físicamente a Salvador Allende. Además, en un momento, como lo describimos en nuestro libro, hay una grabación en la cual se escucha: !Hay que matarlos como perros! ¡Allende es el primero! Es lo que dicen los golpistas o sea que estaba eso así dicho y expresado.
De manera que a mi no me parece que morir porque una bala del enemigo te mata o morir porque tú has decidido no dejarte coger, vejar y responder a una credibilidad que tú sientes como muy importante, tenga ningún drama. Al contrario, revela una valentía muy grande. Y eso hemos visto, que muchos de los militaritos estos que hicieron el golpe militar, puestos en situaciones en que debieran haberse eliminado o auto eliminado, no han tenido la valentía de hacerlo.
JZ: Vuelvo otra vez al presente. Poco antes de iniciar la preparación de esta producción de programas especiales dedicados a "30 años del golpe militar en Chile", tuve la ocasión de encontrarme con una mujer chilena muy vinculada al estudio de los temas políticos actuales de nuestro país y de América Latina, que abrió los ojos muy sorprendidos cuando le conté que estaba preparando estos programa y me dijo: "Pero, si en Chile nadie piensa en eso, ya nadie se acuerda del golpe militar" ¿Es esto materia de ex perseguidos políticos, ex refugiados, ex presos, gente que vive aún con la vista puesta en el pasado y no en el futuro?
OS: Discrepo totalmente de esa visión que me parece muy estrecha, muy limitada. En primer lugar, la historia ha demostrado siempre que los acontecimientos, los pueblos tienen que conocerlos como son, como han sido y con todas sus consecuencias. Y el período de la Unidad Popular, los mil días del gobierno de la Unidad Popular, el golpe militar y lo que significo la dictadura, son elementos que no puede la sociedad chilena olvidarlos, ni dejarlos pasar. Además están incorporados a su vida de país independiente. Son hechos que tienen que ser analizados con certeza, con verdad histórica y hay que asumir todas sus consecuencias.
Ahora, evidentemente que el mundo ha cambiado, ¿no es cierto? Ya no tenemos hombres de la integridad moral y política de Salvador Allende, recién acabamos de ver que un dictador como en Irak lanza a su pueblo a una destrucción pero él se salva, él no se suicida, él se escapa, él no afronta toda la responsabilidad. O sea que los líderes políticos no se juegan el pellejo, por así decirlo, por su gente.
Lo que Allende hizo en esa época, es duro para muchos líderes políticos y es duro para muchos porque revela un grado de consecuencia y de confianza en sus ciudadanos muy grande. Eso contribuye a que haya todo un elemento desatado para tratar de minimizar u olvidar estas cosas.
Por otra parte, como el mundo ha cambiado, también las fuerzas sociales, llamémoslas entre comillas "progresistas", no son exactamente las mismas, los problemas que tenía el año 70 la sociedad chilena son, de alguna manera, vinculantes pero no exactamente iguales y lo otro que no hay que olvidar es que la transición chilena ha sido hecha por dos elementos muy importantes: con un partido político que contribuyó decisivamente al golpe militar como fue la Democracia Cristiana, que contribuyó con todos sus elementos al golpe militar y además la transición chilena se maneja con unos medios de expresión absolutamente vinculados a la derecha. O sea que ahí la verdad o la opinión la gestan los periódicos, las revistas y la televisión vinculada a la derecha. Son muy escasos los ejemplos como los que pueda dar este programa para que los chilenos conozcan la verdad.
Lo concreto es que cuando se le dice a la juventud y a la ciudadanía chilena que estas cosas ocurrieron de una determinada manera hay un gran interés por el conocimiento de lo sucedido. Todas las experiencias personales que yo tengo en ese sentido, las que han tenido otras personas como algunos realizadores de cine, revelan que el interés por conocer, en la sociedad chilena existe, lo que pasa es que los elementos no se les ha entregado todavía en su totalidad.
JZ: ¿Si tuviésemos que rescatar así tan rápidamente, como por desgracia implica hacer un programa de radio, rescatar, digo, cuales son la principal herencia de lo que fueron los mil días de la Unidad Popular y del gobierno de Salvador Allende, qué diría usted?
OS: Es difícil concretarlo en pocas palabras, pero yo diría que, en primer lugar el proyecto en sí de establecer una sociedad más justa, una sociedad con socialización de algunos medios de producción, no de todos, de algunos medios de producción, respetando todo tipo de ideologías políticas y todo tipo de credos religiosos, es una cosa que sigue siendo en este momento en que se expresan en forma tan violenta las alternativas políticos y religiosas, con tanto fundamentalismo que existe, un ejemplo muy importante.
Lo otro que rescataría de ese tiempo fue la honradez. O sea, se trató en algún momento de decir que los militantes de la Unidad Popular se habían arrancado unos con maletas de dólares, que tenían cosas, dinero en el extranjero, y no ha habido un exilio ni unos perseguidos políticos más pobres ni más honrados, lo único que han tenido ha sido su fuerza de trabajo para volver a levantarse y a trabajar. Ese fue un gobierno absolutamente honesto y austero, lo que es muy importante en esta época en que estamos sometidos a la corrupción tremenda con que gobernantes y algunos dirigentes y empresarios de todo tipo la utilizan en sus prácticas habituales. Lo estamos viendo todos los días en todos los países latinoamericanos y europeos, con lo cual ese se transforma en un elemento de mucha validez.
El tercer elemento es lo que significó en términos de lo que yo llamo consecuencia. En la Unidad Popular no se decía una cosa y se hacía otra, ¡Se decía, vamos a hacer A, y se hacía A. Había una consecuencia real entre lo que proponía el proyecto y lo que se hacía. Es interesante porque en este momento interesan más las formas que las realidades. Se dice A, pero no importa que después se haga B o C.
JZ: Vino el golpe militar y desde ese momento, hasta el día de hoy, creo, existe una suerte de autocrítica cíclica de quienes formaron parte de ese gobierno. Y por supuesto que está probado, verdad, en documentos del gobierno de los EE.UU. y de la CIA, las implicaciones externas en la confabulación y en la concreción del golpe militar chileno. Pero, más allá de eso, se ha ido creando esa convicción de que esto ha sido también producto de grandes defectos, errores cometidos por la gente del gobierno, que polarizó a la sociedad chilena, que la llevó al borde del colapso y que no había otra salida que terminar abruptamente con el gobierno de Salvador Allende.
OS: En ese sentido creo que sí, que se cometieron algunos errores. Se abusó demasiado en el sentido de algunas políticas un poquito, digamos, no realistas. Eso fue evidente.
Las sociedades tampoco pueden vivir eternamente en contraposición de manifestaciones en la calle, de expresiones del Congreso en un determinado momento, del gobierno en otro sentido, de acusaciones constitucionales a los ministros, las sociedades así no pueden funcionar, tiene que haber en la política un elemento de tolerancia y de respeto. O sea, no se puede estar permanentemente en una confrontación. La política yo creo que tiene que ser expresión de diferencias ideológicas pero no de enemistades ideológicas. Entonces, es ese sentido yo creo que en la Unidad Popular se cometieron errores. Los errores estaban vinculados probablemente a la acción concreta de los partidos políticos, pero haría una salvedad en torno a la práctica personal de Salvador Allende. Salvador Allende fue un hombre que sobre todo en el último tiempo cuando evidentemente la única salida era un golpe de estado, después del gran triunfo que había obtenido la Unidad Popular en las elecciones de Marzo del 73, en que la oposición no había obtenido los parlamentarios suficientes como para derrotar al gobierno, en ese momento en que la única alternativa era el golpe, entonces es cuando Salvador Allende se mueve y contacta con la Democracia Cristiana y contacta con el presidente de la Democracia Cristiana Patricio Aylwin, y contacta con Eduardo Frei y contacta con el Cardenal Silva Henríquez, y pone todo el empeño en lograr una salida política. Pero, lo elementos ya estaban definidos y cualquiera que fuera la acción en los últimos meses del gobierno, iban a terminar en una situación como esta.
JZ: Tal vez la principal razón que han dado siempre los que perpetraron el golpe militar, los autores intelectuales y prácticos, han dicho que fue para salvar a Chile del comunismo internacional, de que cayera en la órbita de la ex Unión Soviética. Y así lo pregonaban los partidarios por las calles para celebrar la caída del gobierno de Allende. ¿Tenía íntimamente el gobierno la convicción de evolucionar hacia dictaduras del proletariado o formas distintas a la democracia tradicional que había conocido Chile durante su historia independiente?
OS: ¡No, de ninguna manera! Eso estaba expresado en la misma ideología del partido mayoritario, el Partido Socialista. El Partido Socialista nace el año 1933 en Chile como una reacción al totalitarismo soviético. Se origina por un grupo de artesanos, intelectuales de diferentes tendencias, entre cuyos planteamientos básicos de su programa original y que se ha mantenido hasta ahora, estaba el rechazar como expresión socialista, las experiencias que se estaban haciendo en la Unión Soviética. Por cierto la Unión Soviética despertó un gran entusiasmo en mucha gente de izquierda porque se la estimó como un factor muy importante en la derrota del nazi-fascismo, eso fue evidente. Pero, la ideología del partido socialista no podía llevarlo jamás a la implantación de un modelo del tipo dictadura del proletariado con eliminación física e ideológica de sus adversarios.
Salvador Allende es un parlamentario de un congreso burgués desde el año 1938, me parece que fue por primera vez electo diputado, fue ministro, fue senador, fue presidente del senado, hizo toda su carrera política dentro de lo que podríamos llamarse, en esa época, una democracia burguesa parlamentaria, de manera que no estaba ni mucho menos en su ánimo ni en su espíritu encaminarse a una dictadura del proletariado.
Debo decir, por otra parte, que yo me tocó, por razones de persona vinculada al cuidado de la salud del presidente, acompañarlo a la Unión Soviética, y creo que, en principio, lo que a la Unión Soviética en ese momento se le planteó que aportara desde el punto de vista económico, no fue totalmente satisfecho. O sea que la Unión Soviética no visualizaba tampoco esta experiencia, esta segunda entre comillas "experiencia socialista" en América Latina, como un modelo que ellos pudieran proteger, arropar, ayudar. Era la antítesis. Ellos habían combatido la posibilidad de una democracia socialista en Checoslovaquia y habían eliminado digamos, a todos los sectores que podían transformar esos regímenes en regímenes de características absolutamente distintas a lo que era la Unión Soviética. Y sin embargo, militarmente lo liquidaron.
Chile no era el modelo de la Unión Soviética, no era ni mucho menos, aunque estaba apoyado, en un partido comunista importante como era el Chileno
JZ: Le preguntaba en algún momento de nuestra conversación, cuál había sido la principal herencia del gobierno de la Unidad Popular. Cuáles han sido las principales herencias del golpe militar y de la dictadura del general Augusto Pinochet.
OS: Creo que todavía se viven las herencias de Pinochet. El primer lugar, que la transición chilena es eterna, no se ha terminado. Y uno no sabe a esta altura, después del año 1989, estamos en el 2003, si esta transición alguna vez terminará o si ya algunos sectores políticos la dan por terminada.
En Chile se sigue eligiendo a los representantes populares con una ley electoral absolutamente viciada que no representa a la soberanía popular; siguen los comandantes en jefe de las fuerzas armadas no siendo dependientes del poder civil; sigue habiendo un Consejo de Seguridad Nacional, digamos, que supervigila de alguna manera el funcionamiento de las instituciones chilenas. De manera que yo creo que esta es una democracia inacabada y eso es consecuencia de los 17 años o de los 18 años de la dictadura de Pinochet.
Por otra parte, atribuyéndoselo a él pero como una cosa general en el mundo, se ha creado también un sentido de insolidaridad tremenda que impide que los chilenos tengan tranquilidad en la salud, tranquilidad en la educación, porque en este momento les cuesta mucho dinero la salud, les cuesta mucho dinero la educación, cosa que no ocurría hasta el año 1973 en que contábamos con un Servicio Nacional de Salud y con una educación, no generada por la Unidad Popular sino que una cosa que se fue generando por el desarrollo democrático del país durante muchos años, pero que se expresaba en que los chilenos nos podíamos preocupar más de otras cosas. Esos elementos que se han intentado modificar durante los gobiernos de la actual Concertación, todavía no están plenamente en funciones.
Para qué hablar de la persistencia de los senadores designados, por ejemplo, que son una institución tan anacrónica que pareciera que estuviéramos viviendo, digamos, en los tiempos de Atenas, en que se designaban a las personas porque sabían leer y escribir o porque tenían propiedades.
Todas esas cosas son, en mi opinión, consecuencia de la dictadura de Pinochet, al margen de que todavía no se aclaran todas las violaciones de los derechos humanos y el Estado ha sido incapaz, hasta ahora, de realmente resarcir de alguna manera a todas aquellas personas que fueron asesinadas, torturadas, exiliadas, perseguidas.
Una gran asignatura pendiente que tiene la democracia chilena y es consecuencia de la dictadura y de la fuerza que tienen todavía los sectores de derecha en Chile.
JZ: Una pequeña aclaración antes de la última pregunta: me salgo absolutamente del campo periodístico y entro en el campo de la ficción, pero lo hago por una razón de vida. Esto de la experiencia de Allende, esto del golpe militar, marca para siempre a las personas, usted es uno de ellas, uno de esos protagonistas. ¿Si existiese esa posibilidad imposible de cambiar la vida, usted volvería nuevamente a ser el médico personal de Salvador Allende?
OS: Mire, para mi personalmente los mil días de la Unidad Popular, creo que han sido los días más plenos que yo he logrado vivir como persona, al margen, digamos, de las satisfacciones que uno puede tener en el plano profesional y en el plano amical cuando se reúne gente que es muy amiga y con la cual te une una gran fraternidad.
Esos días de ebullición, de constante discusión, de constante comparación, de solidaridad pequeña, en que en la escasez se compartía un pollo con otra familia que estaba al lado que no lo tenía. Ese tipo de elementos que se vivieron en esos mil días y la capacidad que demostró el pueblo chileno para organizarse, para salir, para en medio de las dificultades, salir adelante casi todas las veces, para mí constituyeron momentos muy gratos y eso no me gustaría perdérmelo nunca porque son los que me han llenado más la vida siempre, al margen de lo que significó el golpe militar que nos expulsó del país y que nos exilió y salimos, digamos, a tratar de, con nuestros medios, con nuestras profesiones, a arreglarnos, que es tremendo. La gente que no lo ha vivido no lo sabe, pero los que hemos estado en el exilio sabemos lo que es perder la patria y tener que reiniciar todo en un medio que, no es que sea hostil, a lo mejor es muy favorable, pero es que no eres la persona conocida y no eres el que ha vivido siempre ni conoce todos los signos culturales de la sociedad a la que has llegado.
Todo no lo cambio por nada. Yo pude no haber estado en La Moneda porque me costó incluso ingresar en La Moneda el 11 de Septiembre porque los carabineros no me dejaban pasar. Pero, un sexto sentido me decía que yo tenía que estar ahí, y que si no hubiera estado habría sido un hombre que habría entrado en un proceso de gran depresión por no haber podido cumplir con el elemental deber de acompañar al presidente en sus últimos momentos, que han sido para mi muy importantes.





























Enviar nuevo comentario