Como en la alegoría del vaso medio lleno o medio vacío, el espectro político uruguayo se manifestó aliviado ante el fallo de la Corte Internacional de Justicia que mantuvo la inversión de la planta de celulosa finlandesa UPM (ex Botnia) en Fray Bentos, frente a la ciudad argentina de Gualeguaychú, cuyos ambientalistas llevan cortando el puente binacional entre ambas desde hace más de tres años.
Al mismo tiempo, Argentina se manifestó menos satisfecha, pese a que Uruguay fue considerado por 13 votos a 1 como violador de la obligación del Tratado de 1975 que exige preaviso de toda obra sobre el río común. Aún así, ambos países dijeron que acatarán el dictamen de La Haya. No dicen lo mismo los ambientalistas argentinos, que harán asambleas hoy y marchan el domingo al cruce internacional.
Ambientalistas argentinos: “no acataremos”
El grupo más radical propondrá acciones más osadas, según su dirigente Ana Costa, para quien “nosotros no vamos a acatar. Si se reconoce que (la planta) está ilegal, tiene que irse. Hemos sido muy pacíficos y hay que movilizar la lucha: vamos a tener que actuar. Yo represento al grupo más duro de la asamblea, pero con el fallo de hoy mucha gente se va a radicalizar más”.
La semana próxima realizarán una asamblea final para decidir si mantienen el corte, en los mismos días en que se reunirán los presidentes de Uruguay, José Mujica, y de Argentina, Cristina Fernandez.
Los presidentes
Fernández, que asistió al fallo de visita en Venezuela, dijo que “la consecuencia más importante del fallo es que ya no va a volverse a instalar ningún tipo de planta de celulosa ni otra actividad en las márgenes del río Uruguay si no se tiene la autorización de ambos países.” Agregó que “tenemos un cariño entrañable por la República Oriental del Uruguay, y en especial por Pepe (Mujica) y su mujer Lucía (Topolansky), lo que va a permitir que construyamos mecanismos de control para respetar lo que firmamos”.
Horas antes del fallo, el presidente Mujica resumió lacónicamente su estado de ánimo: estaba "tranquilo… no hay milagro”. El canciller uruguayo Luis Almagro fue el vocero oficial del Gobierno, y este miércoles se comunicará con su colega argentino Jorge Taiana para fijar la fecha del encuentro de ambos mandatarios, a la espera de cómo la Casa Rosada maneja la resistencia de los asambleístas. Almagro admitió que para la Corte “existieron omisiones que no afectaron el derecho de nuestro país a la construcción de la planta y a la utilización racional del río Uruguay”. Planteó finalmente “la más amplia disposición a transitar caminos de entendimiento” con Argentina.
Futura cooperación
El fallo de La Haya, que concluyó que Uruguay no informó a su socio de los trabajos proyectados antes de autorizar fábricas de celulosa, violando en su forma el estatuto del Río Uruguay de 1975, no es grave para sus líderes políticos, que destacaron que -en el otro medio vaso- Argentina no demostró que la papelera sea contaminante y no habrá reubicación de la misma, como pedía Palacio San Martín.
El actual vicepresidente de Uruguay, el centroizquierdista Danilo Astori, consideró que el dictamen “le da un fundamento jurídico importante a ambos países para empezar juntos una nueva etapa” de proyectos conjuntos. Quien fuera vicepresidente en el momento del conflicto original en 2003, Luis Hierro López, se mostró conformes con la decisión de la Corte Internacional de Justicia, que respalda la oferta de Uruguay a Argentina de mantener un control binacional de contaminación del río que comparten. “El fallo es favorable a Uruguay porque nos observa en el procedimiento jurídico, que son siempre discutibles, pero convalida la posición uruguaya en el tema medioambiental, que es el que dio origen a este conflicto”.
Tal como se preveía, La Haya emitió un fallo salomónico, adjetivo en honor del sabio rey judío que ofreció partir a un bebé a la mitad para satisfacer a dos madres que lo reclamaban. Los presidentes de Argentina y Uruguay se abrazarán en breve, superado el juicio internacional, con un ojo puesto en el puente sobre el río partido, donde piqueteros dicen que este fallo es la gota que colmó el vaso.




























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