El prolapso uterino es un desplazamiento de la matriz hacia abajo. El útero primero desciende hacia la vagina y luego puede salir totalmente al exterior. No es frecuente que el proceso avance tanto. El prolapso uterino ocurre normalmente entre los 40 y los 60 años de edad, especialmente en mujeres que han tenido muchos hijos.
En realidad es un milagro que el útero no descienda con mayor frecuencia. La cavidad abdominal se encuentra sellada en la parte inferior por la base pelviana, una placa muscular con algunas aberturas. El intestino tiene un esfinter de tamaño suficiente como para permitir el paso de las deyecciones, y la vagina es otra abertura en la base pelviana, que debe tener una capacidad de dilatación que permita el paso de un bebé.
Los músculos de la base pelviana no sólo deben soportar el peso de los intestinos, sino que también deben resistir la presión de los músculos abdominales. No es de sorprender entonces, que en algunas mujeres mayores esa base pelviana pierda su resistencia, permitiendo el descenso de los órganos que descansan sobre ella. En un prolapso, también es posible que se hayan debilitado los ligamentos que sostienen el útero. En ese caso, la matriz tiene tendencia a bascular hacia atrás, provocando un fastidioso dolor de espalda.
Los problemas se inician normalmente con una sensación opresiva, a veces dolorosa, durante el esfuerzo que se hace durante la defecación. Más adelante, esa sensación opresiva se hace permanente; es más: se siente una continua ansia de evacuar el vientre, sin que haya ¨material" para satisfacer esa necesidad. Usted comprenderá que pujar con frecuencia para ver ¨si sale algo¨, no es precisamernte un panorama atractivo.
En esa fase, una investigación generalmente no descubre nada todavía. Si bien toda la zona se encuentra más floja, aún no se han producido verdaderos desplazamientos. No obstante, en este estadio ya se pueden producir disturbios tanto en la defecación como en la orina. Se registra una ligera forma de incontinencia. Eso quiere decir, que ante un pujo liviano, o sólo con toser o reír, ya se expelen pequeñas cantidades de orina. Para las afectadas se trata de algo sumamente desagradable.
En mujeres mayores de 60 años, la matriz se ha reducido de tal forma, que es improbable que bascule o descienda. Es decir, los problemas de prolapso tienen propensión a disminuir en edades avanzadas. Por eso, posponer una intervención quirúrgica puede representar su cancelación definitiva.
La medida más importante para prevenir el prolapso es fortalecer la base pelviana. Esto se logra con ejercicios que consisten en abrir y cerrar los músculos de la uretra. Para dar un ejemplo simplificado, podríamos decir que consisten en comenzar a orinar, suspender, volver a miccionar, suspender y así sucesivamente. A este ejercicio se lo conoce también como "orinar por etapas".
Los ejercicios son también muy importantes después de un parto. Los músculos de la base pelviana, dilatados enormemente para permitir el paso del bebé, deben volver a su tamaño y tensión normales. Mediante ejercicios, se puede evitar un futuro prolapso uterino. También un tratamiento con hormonas femeninas en mujeres mayores, reduce en la mayoría de los casos los problemas de descenso de matriz. La intervención quirúrgica es ahora menos empleada que hace algunos años. En general, la operación consiste en extirpar el útero, acortando y uniendo los tejidos de la base pelviana. Se trata de una intervención bastante pesada, y muchas mujeres se sienten fatigadas y con dolores hasta meses después de la operación. Si de antemano se sabe que el proceso es largo pero que finalmente dará resultado, los dolores y el cansancio se harán más soportables.
Un método antiguo, pero aún muy empleado, es el del anillo o pesario. Es una alternativa muy viable para la operación. Dado que el anillo es usado de forma constante, se debe efectuar un control cada 3 ó 4 meses. El pesario debe ser del tamaño justo, y hay que prevenir las irritaciones e infecciones. En realidad, el anillo debería ser higienizado a diario. Los ejercicios de los músculos de la base pelviana, en combinación o no con el pesario, pueden evitar que muchas mujeres tengan que pasar por el quirófano.





























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