"Inclina la cerviz, altivo sicambro; adora lo que quemaste y quema lo que adoraste", ordenó el obispo Remigio al bárbaro Clodoveo cuando tuvo éste que convertirse al cristianismo para ser rey de Francia.
Y eso mismo parecen haberle exigido al social-demócrata José Luis Rodriguez Zapatero, los jefes de gobierno del Eurogrupo, en Bruselas, el 7 de mayo pasado, cuando se sumaron al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a los mercados financieros para obligarle a renegar de toda veleidad social, y a convertirse en el acto al credo neoliberal.
Apenas cinco días después, con el fanatismo de los conversos (mas con pretendido "desgarro interior"), el Presidente del Gobierno - que afirmaba, en 2004, "gobernaré para los más débiles", y reiteraba, en 2008, "gobernaré pensando en los que no tienen de todo" - anunciaba un plan de ajuste terriblemente impopular. Cinco millones de pensionistas, tres millones de funcionarios, cientos de miles de ancianos necesitados de asistencia y medio millón de nuevos padres de 2011 padecerán las consecuencias del brutal recorte.
Al mismo tiempo, otros jefes de gobierno social-demócratas, en Grecia y en Portugal, se veían también forzados a ir a Canossa, a retractarse y humillarse, y a acatar las tesis ultraliberales que hasta entonces, en principio, habían combatido.
Insólito cambio. Porque hace menos de dos años, después de la quiebra del banco Lehman Brothers en Estados Unidos, los partidarios del neoliberalismo estaban derrumbados y a la defensiva. Ellos eran quienes renegaban entonces. La "crisis del siglo" parecía demostrar el fracaso de su ideología de la desregulacion, y la necesidad de recurrir de nuevo al Estado para salvar la economía y preservar la cohesión de la sociedad.
Los gobiernos, incluso los de derecha, recobraban su función de actores primordiales del area económica; nacionalizaban entidades financieras y empresas estratégicas, inyectaban masivamente liquidez en el sistema bancario, multiplicaban los planes de estímulo... Tanto gobernantes como economistas se felicitaban por esas decisiones que correspondían a las lecciones sacadas de la crisis de 1929, cuando se demostró que las políticas de deflación, de austeridad y de restricción del crédito condujeron a la Gran Depresión.
Por eso, en otoño de 2008, todo el mundo anunció el "regreso a Keynes". Estados Unidos lanzó un plan de rescate de los bancos de 700.000 millones de dólares, seguido de otro de 800.000 millones de dólares. Los Veintisiete de la Unión Europea (UE) se pusieron de acuerdo para un paquete de estímulo de 400.000 millones de euros. Y el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, constatando, en noviembre de 2008, que "los tres años consecutivos de superávit presupuestario nos permiten ahora incurrir en déficit sin poner en riesgo la credibilidad de las finanzas públicas", anunció un ambicioso Plan de Estimulo a la Economia y al Empleo de 93.000 millones de euros.
Además, en varias Cumbres del G-20, los dirigentes de los Estados más poderosos decidían terminar con los paraísos fiscales, controlar los fondos de alto riesgo (hedge funds) y sancionar los abusos de los especuladores causantes de la crisis. José Manuel Durão Barroso, Presidente de la Comisión europea, declaraba: "Las autoridades políticas no toleraremos nunca más que los especuladores vuelvan a levantar cabeza y nos arrastren a la situación anterior."
Y sin embargo, hemos vuelto a la situación anterior. De nuevo los mercados y los especuladores tienen la sartén por el mango. Y las autoridades políticas se arrodillan. ¿Qué ha ocurrido? El peso de la deuda soberana consentida por los Estados para salvar a los bancos ha servido de pretexto para un espectacular cambio de situación. Sin el mínimo reparo, los mercados y la especulación financiera, apoyados por las agencias de notación (totalmente desacreditadas hace apenas unos meses), atacan directamente, en el seno de la UE, a los Estados endeudados, acusados ahora de vivir por encima de sus posibilidades. El objetivo principal es el euro. El Wall Street Journal reveló que un grupo de importantes responsables estadounidenses de hedge funds, reunido el 8 de febrero en un hotel de Manhattan, habría decidido ligarse para hacer bajar la moneda única europea a 1 euro contra 1 dólar. En aquel momento el euro valía 1,37 dólares; hoy ya sólo vale 1,22 y sigue amenazado...
Los mercados quieren su revancha. Y reclaman, con más vigor que nunca, en nombre de la "indispensable austeridad", el desmantelamiento de la protección social y la drástica reducción de los servicios públicos. Los gobiernos más neoliberales aprovechan para exigir mayor "integración europea" en cuyo nombre tratan de forzar la adopción de dos instrumentos que no existen: un gobierno económico de la Unión y una política fiscal común. Con el apoyo del FMI, Alemania ha impuesto planes de ajuste a todos los miembros de la UE (Grecia, Portugal, España, Italia, Francia, Reino Unido, Rumanía, Hungría, etc.) cuyos gobiernos, de pronto obcecados por la reducción del gasto público, han acatado sin rechistar. Aunque ello amenace a Europa de caer en una profunda Depresión.
En la misma linea, Bruselas desea sancionar a los países que no respeten el Pacto de estabilidad . Berlín pretende ir más lejos y añadir una sanción altamente política: la suspensión del derecho de voto en el Consejo europeo. Con un claro objetivo: ningún gobierno debe salirse del carril neoliberal.
En el fondo, ese es el saldo político de la actual crisis de la deuda soberana: no parece quedar espacio, en el seno de la UE, para ninguna opción de progreso. ¿Admitirán los ciudadanos semejante regresión? ¿Puede aceptarse que quede descartada cualquier solución democrática de impulso al avance social?





























Siempre desconfié de la socialdemocracia y lamentablemente no me equivoqué.
No creo que los poderosos capitalistas de las finanzas hayan perdido nunca el poder. Si consideramos que los modernos estados nacionales no son sino una gran junta que administra los negocios de la burguesía, nos daremos cuenta por qué quéllos acudieron velozmente a rescatar a ésta con dinero público. Me parece ingenuo pensar que existe un enfrentamiento por el poder entre los gobiernos de esos estados nacionales y la oligarquía financiera mundial o local. En realidad, ambos forman una unidad, defienden intereses comunes, y corren la misma suerte. ¿Qué mejor prueba de esta simbiosis que el hecho de cargarle el peso de la crisis a los hombros de los trabajadores, es decir, a la mayoría de la población mundial?. Los paquetes de rescate de los bancos, la disminución del gasto público y la destrucción de muchos derechos alcanzados por la lucha de la clase trabajadora, demuestran con claridad meridiana que esos estados responden a los intereses de la burguesía, esforzándose por preservar los márgenes de beneficio capitalista en los niveles anteriores a la crisis, a costa de la mayoría de la humanidad. No obstante la clase trabajadora mundial, a pesar de no contar con un liderazgo revolucinario, se ha manifestado en todos los puntos del planeta contra estas salvajes medidas. La tensión entre las clases sociales en el capitalismo se está incrementando de manera exponencial, lo que derivará, tarde o temprano, en un proceso revolucionario más amplio. La crisis económica no ha llegado a su final, como lo suelen cacarear los apologistas del capitalismo y del libre mercado. ¿Puede hablarse de un final de la crisis cuando el crecimiento económico es raquítico y se encuentra a niveles de hace cinco o diez años, cuando el desempleo es el más alto de la historia de la humanidad y cuando la pobreza se multiplica día con día?. Los paquetes de rescate y de recorte sólo profundizarán la crisis, provocando una recesión prolongada de resultados desastrosos para el desarrollo de la civilización. No cabe duda de que tarde o temprano, habrá un viraje hacia la "izquierda", si con ello quiere decirse el renacimiento de las ideas del marxismo y la consecución de una sociedad socialista. Al forista que comentó arriba, le pediría que reflexionara sobre lo que escribió. Es evidente que las condiciones socioeconómicas de las naciones que menciona son el resultado de procesos históricos largos. La etapa de sus gobiernos de "izquierda" son relativamente muy cortos. Si bien sus gobiernos son calificados como gobiernos de izquierda, distan mucho de haber aplicado una agenda auténticamente socialista y marxista. De hecho eso sería casi imposible cuando el capitalismo sigue siendo el sistema económico dominante a nivel mundial. Por otra parte Venezuela, Nicaragua, Cuba, Ecuador, etc. no muestran diferencias sustanciales con naciones donde se aplica a rajatabla el ideario neoliberal: toda el África sahariana y subsahariana, toda América Latina (incluídos Brasil, Chile, Argentina y México), y el sudeste asiático. China es una nación capitalista. Y en Estados Unidos y la Unión Europea el desempleo (y por tanto la pobreza), son una realidad. Querer atribuir los males de la humanidad a diez naciones es absurdo desde todos los puntos de vista. El capitalismo es global, y la explotación a través del salario es parte de su esencia.
La verdad que girar a la izquierda nunca fue bueno para nadie, si no crewn miren que sucede con todos esos paises que han girado a la izquierda,Cuba Venezuela,Ecuador,Bolivia,Nicaragua Korea del Norte entre otros.todos tienen en comun una sola cosa, que distribuyen equitativamnte la miseria y las nesesidades d ela poblacion de la misma manera mientras sus gobernantes viven cada mas en la opulencia y la exquisitez,
la izquierda nunca ha sido buena ni para las personas que usan esa mano por que corren el riezgo de quedar embarrados de estiercol si no la saben usar.
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