Los países donantes de Occidente son generosos con Etiopía. El país es en sus ojos un oasis de estabilidad en el Cuerno de África, en parte gracias al primer ministro, Meles Zenawi. Sin embargo, el político gobierna con mano dura.
La entrevista de Radio Nederland con el primer ministro etíope, Meles Zelawi, levantó polvareda en ese país. Los medios de información locales tomaron nuestra entrevista, especialmente las declaraciones de Meles asegurando que llegado el momento, presentaría su dimisión. “Quiero sentar así un precedente, como el primer mandatario etíope que abandona su cargo voluntariamente”.
Es muy significativo que tan importante noticia llegue a los ciudadanos etíopes a través de un medio informativo extranjero. Los periódicos del país sufren bajo una legislación represiva de los medios de comunicación. Los periodistas tienen temor y optan por autocensurarse.
Hito
Etiopía vive traumatizada desde el 2005. En ese entonces, y por primera vez en los 3.000 años de historia del país, la población pudo debatir abiertamente sobre política y hacer uso de su derecho al sufragio. Se trató de un hito para un pueblo regido durante siglos por un sistema rígido y jerárquico.
El conteo de los votos en 2005 parecía darle el triunfo a la oposición. Sin embargo, los resultados finales dieron la victoria al partido gobernante, el EPRDF. Las protestas fueron duramente reprimidas, dejando un saldo de 200 muertos. Los cuerpos diplomáticos occidentales condenaron severamente la violencia.
Estado policial
A un año de nuevas elecciones, la corta libertad que disfrutó Etiopía ha sido sofocada. Con nuevas y draconianas legislaciones contra la libertad de prensa, las organizaciones no gubernamentales, y la amenaza del terrorismo, el país recuerda a un Estado policial.
Por temor a ser escuchado, el líder de la oposición, Beyene Petrus, sólo se atreve a hablar en un oscuro rincón de la universidad. “Desde 2005, el Gobierno ha criminalizado a la oposición”, sostiene Petrus. “Protestar contra las nuevas leyes se ha tornado demasiado peligroso.”
El primer ministro Zenawi es un hombre serio y amable, como corresponde a la cultura etíope. Su partido se mantiene firme en el curso ideológico estipulado: “Quizás seamos más empecinados que los demás países en África; desafiamos la actitud ortodoxa de la gestión al desarrollo en África”.
Extrañas ideologías
Según el político, las organizaciones no gubernamentales (ONGs), solventadas por capital extranjero, importan al país ideologías extrañas: “La financiación desde el extranjero de las ONGs minan el carácter democrático de las organizaciones ciudadanas, porque no son los etíopes quienes determinan la gestión, sino las embajadas”.
Meles se arrellana en su trono por encima de la ciudadanía. Diferente era en sus épocas como líder de la guerrilla. ¿Se habrá transformado en un altivo emperador? “Por razones de seguridad, en Addis Abeba no me mezclo con el público, pero en el interior, los campesinos se sienten suficientemente libres como para hacerme preguntas.”
Favoritismo
Con sus 54 años de edad, Zenawi reconoce el riesgo de que su movimiento de liberación caiga presa del favoritismo y pierda sus ideales primarios. “Sin lugar a dudas, por ello el movimiento tiene que renovarse constantemente; también sus líderes.”
Meles Zenawi, el radical combatiente en la resistencia de hace dos décadas, se ha transformado en el consentido de los donantes occidentales, quienes lo aceptaron con entusiasmo por el rechazo que les infundaba su predecesor, el marxista Mengitsu. El primer ministro representa a África en el G20, el grupo de los países industrializados más ricos. Es un hombre con prestigio internacional.
Aún así, estamos hablando de la persona que estuvo a la cabeza de las tropas del orden, que dieron muerte a miles de etíopes en 1992 en la provincia de Oromia, en 2004 en Gambela y el año pasado en Ogaden.
Oasis de estabilidad
No hay ningún país al sur del Sahara que reciba más dinero de los donantes y las organizaciones occidentales que Etiopía. Mientras que en otras regiones de África no vacila en denunciar rígidas políticas económicas, violaciones a los derechos humanos y deficientes gestiones políticas, Occidente calla cuando se trata de Etiopía. Ubicada entre Sudán y Somalia, este país y su líder Meles Zenawi son un oasis de estabilidad en el explosivo Cuero de África, y un importante socio en la lucha contra el terrorismo internacional.





























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