Famosos o tristemente célebres detenidos extranjeros en la cárcel holandesa de Scheveningen, se quejan por los alimentos que reciben. Los adjetivos van desde “no suficiente aliño” hasta “una tortura”. Pero existe una salida. Si se cuenta con dinero.
Quejas por la comida en la cárcel son habituales. Nadie echa de menos el régimen de pan y agua, pero la oferta culinaria actual tampoco parece ser recibida con deleite. Especialmente si se trata de los detenidos mantenidos en el pabellón de Naciones Unidas de la prisión de Scheveningen.
Club de cocina
“Mis derechos no han sido violados pero la comida es horrible,” se quejaba Charles Taylor, el ex presidente de Liberia, después que en 2006 fuera llevado a comparecer ante el tribunal para Sierra Leona. Taylor, acusado entre otros cargos de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, estaba acostumbrado a la fuertemente sazonada comida africana, por lo que la sosa versión culinaria holandesa le pareció in sucedáneo inaceptable. El liberiano aprovechó la situación y comenzó un club de cocina, haciendo uso de los medios a disposición en la institución de Scheveningen.
Tortura diaria
También el ultranacionalista serbio Vojislav Seselj es lapidario en su valoración del menú. Seselj, acusado de crímenes contra la humanidad, se encuentra recluido desde 2003 en Scheveningen por orden del Tribunal para Yugoslavia. Hace poco hizo saber sus quejas durante una sesión del tribunal. Según él, la comida de la prisión es una “tortura diaria que ni los cerdos comerían.”
No queda claro si Seselj aborrece la clásica cocina holandesa (patatas, carne y verduras) o si considera que lo malo es la forma como la preparan. Sea como sea, el serbio exige alimentos “apropiados para seres humanos.”
La carta estándar en la prisión está basada en la comida holandesa, con algunas tímidas aportaciones extranjeras. La cuestión es si se justifica que nativos de los Balcanes o de África tengan reparos tan radicales contra ella. La gente debe acostumbrarse a las costumbres culinarias de un país. Además, para gustos los colores. Y ¿quién no tiene nostalgia de la comida de su patria?
Hamburguesa Seselj
¿Será posible que los que protestan son un poco mimados? Seselj, de 57 años, fue en sus buenos tiempos un gran amante de las comidas opíparas y ricas en calorías. Su restaurante favorito cerca de Belgrado servía, por ejemplo, la famosa ‘Pjeskovica’, más conocida como la Hamburguesa Seselj: un voluminoso, ricamente relleno y picantemente aliñado bocadillo que hacía las delicias del líder nacionalista y para la cual, se dice, no dudaba en hacer viajes especiales. Según observadores, Seselj ha perdido bastante peso durante su detención en Holanda.
Sana y balanceada
El propio Tribunal para Yugoslavia considera la conmoción algo exagerada. Según un portavoz, los detenidos reciben un menú “sano y balanceado.” El punto de partida es la regulación holandesa de tres comidas cuidadosamente elaboradas por día, y entre ellas una calentada en el microondas.
Además existe de la posibilidad de cocinar uno mismo. En un pequeño almacén de la prisión hay una “amplia oferta” de productos e ingredientes para comprar. Incluso de los Balcanes. Por otra parte existe la posibilidad de encargar comida fuera de la prisión en un restaurante especializado en comida balcánica. Seselj dice que ha dado la voz de alarma no solamente para sí mismo. El que quiera cocinar su propia comida en Scheveningen debe pagar los ingredientes de su bolsillo y, según él, eso no lo pueden hacer todos.
Lacónica
Pero también en este punto la reacción del tribunal es lacónica. “Los precios en el almacén no son en absoluto exorbitantes y muchos detenidos tienen suficientes medios para comprar allí. Pueden ganar dinero trabajando en la prisión, han ahorrado o reciben dinero de su familia o de sus simpatizantes,” dice el portavoz.
Visto así, al parecer existen posibilidades para burlar el régimen alimentario de Scheveningen y poner alimentos sabrosos en la mesa. Por otra parte se plantea una estupenda posibilidad de aumentar el prestigio de las cortes internacionales. La vida en prisión conlleva amplias limitaciones, pero no sería malo trata de evitar que la comida también se transformara en un castigo.
























QUE QUIEREN COMER ESTOS SRs ,?Faisan de la india,caviar,o spaguetti a la putanesca?quieren seguir teniendo los mismos privilegios que cuando eran dictadores y asesinos.ahora les llego su turno, a comer lo que les dan y sino que no coman ,ya su cuarto de hora paso.
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