Largas colas en la Avenida de la República, en la capital portuguesa de Lisboa. En su mayoría, gente joven y altamente cualificada. En sus manos, diferentes documentos; se trata de personas en busca de un futuro mejor. ¿Su destino? El país subsahariano de Angola.
La antigua colonia portuguesa se independizó en 1975, lo que derivó en una sangrienta guerra civil que se prolongaría por tres décadas. En ella no solo estaban implicados diferentes movimientos independentistas, sino también Estados Unidos y la Unión Soviética como parte de su Guerra Fría.
En ese entonces, los portugueses que se encontraban en el país lo abandonaron precipitadamente. Hoy regresan, y no en números insignificantes. Según la Agencia de Inmigración portuguesa, en 2006 fueron 156 las personas que partieron rumbo a Angola. En 2010, esta cifra ascendía a 23.787.
Boom económico
Y es que Angola está experimentando un crecimiento sólo comparable al de China: 10% anual. Los pasados años de estabilidad, y las enormes riquezas naturales, fundamentalmente petróleo y diamantes, han hecho de este país un pequeño milagro en el África subsahariana.
Así, Angola se ha transformado en el principal socio comercial de Portugal fuera de la Unión Europea, llegando a desplazar a Brasil. Y las empresas portuguesas se han ido instalando allí en masa debido al ambiente favorable a la inversión que el país ofrece. Angola ha vivido un boom económico, que no ha ido aparejado con la capacitación de personal cualificado. El país necesita con urgencia ingenieros, abogados, economistas y profesores que hablen portugués, la lengua oficial, legado de la época colonial.
He aquí la oportunidad dorada de los portugueses. Portugal dispone de una nueva generación de jóvenes altamente cualificados, multilingües y ambiciosos. Desgraciadamente, la situación de su país les ofrece muy pocas perspectivas. La crisis financiera en Europa ha sido muy dura. La tasa de desempleo juvenil asciende al 22%, y no hay perspectivas de mejora. Portugal se encuentra junto con España, Grecia e Italia, en la lista de países que tienen todas las de perder en el contexto europeo.
Competencia
Evidentemente, la competencia por las riquezas angoleñas es mordaz. China ha participado desde el comienzo en el resurgimiento de Angola, invirtiendo en carreteras y todo tipo de infraestructura a cambio de asegurarse una buena porción de los recursos naturales del país. En el caso de los portugueses, un pasado y lengua comunes significarían una ventaja respecto al gigante asiático.
Hay sin embargo un delicado aspecto a tener en cuenta: los inversores portugueses deben actuar con cautela, y evitar que sus actos se interpreten como una intención de reinstaurar el antiguo sistema colonial. Es poco lo que se puede lograr en este país si no se conquista la confianza de los socios locales.


























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