Este mes, los solicitantes de asilo rechazados en Holanda recurrieron a medidas extremas. Un iraní de 39 años se prendió fuego, y, la semana pasada, un hombre de 25 años, procedente de Benín dio muerte a su novia y a un policía.
Se asume que, en el segundo caso, el autor perdió la razón por la prolongada duración de su procedimiento de solicitud de asilo. Pero, éstos no son los únicos que han llegado sufriendo traumas a Holanda y que han quedado atrapados por la ola de trámites.
Algunos solicitantes de asilo padecen de un síndrome de tensión post traumático como consecuencia de torturas, violaciones, intentos de asesinato y otras circunstancias que debieron vivir en sus países de origen. La inseguridad de su situación en Holanda contribuye todavía más a su inestabilidad psíquica. Según una investigación de Pharos, un centro especializado en la problemática de los refugiados, un largo procedimiento de asilo causa estragos sicológicos en los refugiados. En algunos casos, movidos por la desesperación, algunos solicitantes de asilo recurren a medidas extremas como el asesinato o el suicidio.
Mantener contacto con gente
Alice Beldman relata que a su oficina en el Centro de Asesoría para Refugiados en Ámsterdam cada vez llegan más personas afectadas por problemas sicológicos. Nos da el ejemplo de un hombre de Sierra Leona quien acudió a su oficina. “Estaba realmente muy mal; tenía un paquete de medicinas consigo, cuidadosamente repartidas en dosis diarias. Era una enorme cantidad de medicina. El hombre fue expulsado del centro de detención y arrojado a la calle con la instrucción que le había dado el siquiatra, de que debía permanecer rodeado de personas, que el hombre repetía constantemente, y que fue lo único que conseguí que me dijera.”
El Centro de Asesoría comenzó a principios de este año el Proyecto de Acogida Médica para Refugiados (MOO, por sus siglas en holandés) financiado con fondos privados. Alice Beldman nota que Holanda ha cambiado y que, con creciente frecuencia, los solicitantes de asilo rechazados son lanzados a la calle sin recursos, y aunque estén enfermos, son abandonados a su suerte.
Atemorizada
En compañía de Alice Beldman visité a uno de los habitantes en el proyecto, Jeska, una joven de Uganda, quien nos recibe en su habitación en la que solamente hay una cama y una silla, y bajo la cama diversas cajas de medicinas. Jeska no está segura de querer hablar y me mira con cierto temor, pues tiene miedo de ser descubierta por compatriotas o por la policía y que eso pueda perjudicar su caso. Con voz suave nos cuenta finalmente su historia.
“Huí después que mi marido fue asesinado. Los asesinos también vinieron por mí, me torturaron, violaron y abandonaron creyéndome muerta. Conseguí escapar. Un hombre que me ayudó a huir en un avión me dejó en un aeropuerto, Schiphol, sin dinero ni papeles. La policía me llevó a un centro de acogida en Ter Apel, en Holanda Septentrional, y después a otro, donde me echaron a la calle. A través de contactos llegué hasta aquí, al MOO.”
El pasado persigue a Jeska
Jeska tiene constantes dolores de cabeza y se siente débil. El pasado no la abandona. “Yo no sé cómo dejar de pensar en las cosas que he vivido,” se lamenta, “los recuerdos siempre regresan y me es imposible sacármelos de la cabeza, no sé cómo hacerlo. Voy a un siquiatra y a un doctor que me dan medicinas, pero eso no ayuda, no siento ninguna diferencia.”
Según Alice Beldman, la mayoría de los refugiados ve el futuro sombrío, porque las reglas cada vez más severas dificultan aún más las cosas. “Cuando de nuevo se rechaza su petición de asilo y se les ordena regresar a su propio país, ya no ven ninguna salida. Las doce aquí tienen tendencias suicidas.” También Jeska piensa a menudo que no hay ninguna solución.
“A veces pienso en ello,” reconoce, “y me imagino que alguna vez también lo haré. Me dicen que tengo que abandonar el país, pero yo no puedo volver a mi propio país porque allá me quieren matar. Si ellos no lo hacen aquí, entonces lo puedo hacer yo misma, porque ya no tengo ninguna esperanza más. No tengo adónde ir.”
Número desconocido
No se sabe cuántos refugiados en Holanda sufren problemas psíquicos. En todo caso, son muchos más que los doce que pueden ser acogidos por el proyecto de Ámsterdam. A veces llaman la atención de los medios cuando echan mano a un acto desesperado. Alice Beldman espera que también en el resto de Holanda se abran centros de acogida para refugiados con problemas psíquicos. “Si no cuidamos de esa gente, el costo para la sociedad será cada vez mayor,” advierte.





























Seguro que los tontorrones holandeses no tienen ni puta idea de lo que es la "taqiya" de todo musulmán; para que os enteréis os diré que si el supuesto refugiado es musulmán seguro que utilizan la taqiya, que no es otra cosa que la autorización de la doctrina de Mojama para mentir y disimular si con ello se favorece la islam; es decir, si consiguen quedarse, habrán conquistado un poquito más de Holanda y obligarán a algunos holandeses más a marcharse a EE.UU, Australia, etc. No seáis más cobarde y dejad de juzgar y masacrar a Geert Wilders, que hace lo que debe: Defender a Holanda y a los holandeses autóctonos, como debe ser.
El problema es que todas las personas a las cuales se les cierra su proseso de asilo ppor que mintieron y fueron descubiertos o por otras razones recurren a tratamiento sicologicos (costosos) con lo cual buescan prolongar su estancia en Holanda , como dice el provervio justos pagan por pecadores.
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