Gracias a la ingeniería genética, científicos argentinos han logrado adaptar plantas a condiciones extremas de sequía, frío y salinidad. ¿Pueden los transgénicos contribuir a mejorar la alimentación?
Patricia Karpovich
Un equipo de científicos de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), el principal organismo dedicado a la promoción de la ciencia y la tecnología, ambos en Argentina, lograron obtener plantas transgénicas capaces de soportar los trastornos que normalmente afectan a los cultivos, a saber: el frío, la sequía, la salinidad de los suelos y los insectos. La patente es propiedad de la UNL y el Conicet.
La condiciones extremas “estresan” a las plantas, tal como se denomina en la “jerga científica”, pero para sobrevivir a esas condiciones extremas fueron inoculadas con un gen de girasol, el HaFT, que fue aislado por los investigadores del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL). La nueva planta, genéticamente modificada, tolera ahora severas agresiones como heladas, falta de agua y exceso de sales. Este equipo de científicos viene trabajando desde hace muchos años para alcanzar esta tolerancia.
Gen de girasol
La directora de este valioso equipo es la doctora en Bioquímica, Raquel Chan, catedrática de la Facultad de Bioquímica de la Universidad Nacional del Litoral. Desde hace tiempo el grupo de científicos está caracterizando los genes del girasol responsables de la adaptación de las plantas al medio ambiente. De forma muy didáctica y accesible la Dra. Chan explica a un Mundo Mejor en qué consiste este adelanto: “Nuestro laboratorio está dedicado al estudio de la genética vegetal y, en particular, a todos los genes que están involucrados en las respuestas naturales de las plantas a las condiciones adversas. Lo que nosotros buscamos son los genes que disparan los mecanismos de defensa. Cuando identificamos los genes, algo bastante difícil porque una planta tiene entre 25.000 y 50.000 genes, lo que hacemos es poner ese gen en forma transgénica en otra planta, para aumentar la función de ese gen de manera artificial. Si la respuesta es positiva, cuando las plantas son sometidas a condiciones de estrés, se evalúa el comportamiento. Si el comportamiento es mejor que el de una planta sin transformar, se puede concluir que el gen está disparando un mecanismo de defensa. Nosotros estudiamos genes de distintas plantas. En este caso particular, el gen proviene del girasol y fue colocado, porque siempre se utiliza lo que llamamos el sistema modelo, en Arabidopsis thaliana, una pequeña planta que nos sirve para los estudios experimentales. La planta generada de esta manera tiene una respuesta muy positiva ante temperaturas que están por debajo de cero grados, específicamente ocho horas a menos ocho grados.”
Pros y contras del OGM
Sin embargo, y sin pretender subestimar este avance, no podemos dejar de asumir el papel de abogado del diablo. El cultivo de plantas genéticamente modificadas genera muchos beneficios para las grandes empresas y en algunos casos conlleva riesgos para el ecosistema.
No es de extrañar entonces que durante mucho tiempo la Unión Europea se haya mostrado reticente ante el empleo de los organismos genéticamente modificados (OGM). No obstante, últimamente la Comisión Europea quiere dar al bloque de los 27 la libertad para decidir si aceptan o rechazan el cultivo de ese tipo de organismos.
No queremos caer una apreciación precipitada por eso trasladamos nuestras dudas a la Dra. Chan, quien respondió tajantemente que este tema genera “un debate más político o ideológico que científico”. Para clarificar utiliza como ejemplo: “Las bacterias productoras de insulina humana. La enfermedad que requiere de esta hormona para su tratamiento afecta a un porcentaje muy importante de la población mundial. Dado que la insulina porcina es similar a la humana y posee un efecto análogo se comenzó a purificar esta hormona de cerdos para suministrarla a los pacientes diabéticos. Sin embargo, a partir de la incorporación de la Ingeniería Genética a la Biotecnología, es posible modificar genéticamente bacterias para que produzcan insulina humana. Simplificando enormemente, se utiliza una bacteria para que fabrique una proteína que no le es propia, o sea, se la ha convertido en un OGM al servicio del hombre”.
Nuevos desafíos
Chan nos avanza los próximos retos: la aplicación de esta tecnología a tres importantes cultivos como son el trigo, maíz y soja: “Todavía falta un desarrollo, pero no es la primera vez que tenemos una planta mejorada, hace algunos años encontramos otros genes que dan tolerancia a la sequía extrema y eso ya está en cultivo. También se fue siguiendo este procedimiento en la planta modelo y eso ya está en experimentación en plantas de interés agronómico, como soja, maíz y trigo, y está funcionando bien. Todavía no está en el mercado, faltan muchos ensayos, pero creemos que sí, que va a funcionar. No es una cuestión de fe, nos basamos en evidencia previa pero, de todas formas hay que seguir con los experimentos.”
El tema de los organismos genéticamente modificados es controvertido pero ante este importante avance argentino, nos vemos obligados a dejar de lado prejuicios y resistencia porque, nobleza obliga, en algunos casos, como éste, la aplicación ética de la ciencia ayuda a resolver un acuciante problema del agro.























Muy interesante.
Me resulta interesante el hallazgo científico de mis compatriotas pero tengo mis reparos acerca de los OGM. El abastecimiento futuro de alimentos puede lograrse mediante la realización de una profunda reforma agraria porque con la misma tendríamos mayor calidad, cantidad y diversidad de alimentos sin recurrir a modificaciones genéticas.
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