Un movimiento estudiantil latinoamericano o continental que apueste por la exigencia de una educación de calidad es una posibilidad que podría estar gestándose en América Latina.
Las condiciones de la educación peruana abren el espacio para que en ese movimiento haya representación peruana . Veamos por qué.
Las primaveras contagian. El caso de la reciente primavera árabe, la ola de democratización nacida desde el propio espacio de la gente en Oriente Medio, ha sido un ejemplo. Es curioso cómo determinados hechos políticos y sociales, como piezas de dominó, van empujando una pieza tras otra sin poder contenerse.
El ejemplo árabe es reciente, pero años atrás ocurrió una situación similar con la caída del bloque del este tras la implosión del sistema socialista. Uno por uno, por contagio, fueron derrumbándose cada uno de los países ubicados detrás de la cortina de hierro –si uno mira desde Occidente, por supuesto-, y fueron desnudando sus contradicciones y sus enormes debilidades. Una suerte de gripe primaveral para los partidos que gobernaban sus Estados con mano de hierro.
Por lo tanto, es absolutamente legítimo preguntarse, -en el contexto en el que las reformas económicas del sistema educativo con enfoque neoliberal se encuentran en un natural retorno pendular, cuestionadas por los propios estudiantes, padres y madres, y por el magisterio, como ha ocurrido en Chile y en Colombia-, si en el caso peruano se están produciendo los mismos cuestionamientos.
Antecedentes
“Hasta inicios de los años 60 el movimiento estudiantil buscó fortalecer su identidad como actor social, mediante expresiones que rechazaban la lógica partidaria del APRA, apelando para ello a los principios de la Reforma Universitaria”, ha señalado Felipe Portocarrero, quien ha estudiado profundamente los movimientos estudiantiles en el Perú.
Este impulso quedó luego reducido a nada cuando los nuevos partidos políticos de izquierda que empezaron a actuar en la universidad cooptaron la organización estudiantil. El movimiento estudiantil fue capturado por las consignas de estos partidos. Eran los años 70.
Esa lógica alejó a muchos estudiantes de la organización. En los años 80 el maoísta Sendero Luminoso quiso tomar los espacios estudiantiles en la lógica de hacer desaparecer cualquier vestigio “del viejo orden”. En algunas regiones copó el espacio, pero en otras tuvo que enfrentarse con otros partidos de izquierda que resistieron la acometida desde los gremios de los estudiantes, pero también desde el espacio sindical del magisterio. Allí donde Sendero no entraba, capturaba lo que podía y demolía, buscaba infiltrar a los partidos que le hacían frente para buscar, desde adentro –como topos-, quebrar una institucionalidad débil. Esa lucha por el control de las organizaciones fue cruenta.
Y lo fue también porque la inteligencia de las Fuerzas Armadas las penetró también sin la cabal comprensión que entre los múltiples partidos de izquierda había claras diferencias. Si bien, en mayor o menor medida, todas las agrupaciones creían en la lucha de clases y en que “la violencia es la partera de la historia”, había diferencias notables entres quienes habían tomado el camino de las armas como Sendero, -inspirado en la China de Mao o el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, de inclinación castrista. Ese no distinguir llevó a una represión brutal. El ejército desapareció estudiantes, torturó a otros y asesinó. Ese fue el golpe mortal del movimiento estudiantil de aquellos años.
En ese estado de cosas pasaron varios quinquenios antes que los estudiantes peruanos volvieran a aglutinar fuerzas y animarse a retornar a una lucha gremial. Existiendo demandas legítimas como calidad educativa o gratuidad de la enseñanza, la política partidaria los alejó de los objetivos naturales de un gremio de estudiantes. El miedo a la penetración de Sendero o a la represión militar había paralizado por completo cualquier intento de organización.
Recién en 1996 y 1997, 16 años después de la primera bala senderista, los estudiantes volvieron a salir a las calles en un proceso que duró hasta el año 2001 con sus altas y sus bajas. El objetivo: derrocar a la dictadura fujimorista. Ése fue el elemento aglutinador de aquella resistencia. Por lo menos hasta ahora.
Situación actual
La debilitada organización de los gremios, o de las representaciones estudiantiles, es una situación que no ha podido cambiar con los años. La desconfianza en sus dirigencias, los vínculos políticos aún existentes con determinados partidos devaluados por su propuesta autoritaria, la individualización de los sujetos en el mercado y en el consumo, han alejado a muchos jóvenes de querer comprometerse o involucrarse con sus organizaciones estudiantiles y con sus agendas.
Sin embargo, los resultados de la educación pública peruana son tan clamorosamente desastrosos que no es difícil imaginar a miles de estudiantes enfrentando la condición de estafa que plantea la oferta educativa. Sin embargo, ese enfrentamiento no ha ocurrido.
El Perú, si hablamos de resultados escolares, ocupa según la prueba PISA por ejemplo, uno de los últimos puestos en comprensión lectora y en razonamiento matemático. La gratuita educación universitaria carece de profesores o laboratorios que permitan dedicar tiempo y recursos a la investigación. Con respecto a ésta, el papel jugado por la universidad peruana ha sido terrible. Ninguna universidad peruana ocupa un lugar destacable en los rankings que se establecen sobre la calidad de sus investigaciones y su aporte al desarrollo del país.
El currículo no está articulado con el mercado, o con las necesidades del sector privado, -aunque tampoco de las estatales-, no hay muchos profesores de calidad dedicados completamente a la universidad y a sus alumnos, de tal manera que puedan llevar adelante un rol transformador de la educación. En el sector rural, andino y pobre del Perú esto expresa su realidad más cruda. Escuelas multigrado, es decir chicos y chicas de todas las edades en el mismo grado, o escuelas unidocentes, donde un solo profesor debe enseñar a todas las edades al mismo tiempo. Escuelas donde no se respeta la cultura local y los chicos/as deben aprender en una lengua que no es la suya, sino en la oficial y capitalina.
Finalmente la corrupción. Se encuentra enquistada en un sistema en el que algunos puestos del sector se compran, donde no pocos profesores cobran por pasar de año a los estudiantes. En salud, el 50% de profesores está por debajo de la línea de pobreza donde además, la propia precariedad sitúa a un maestro desarmado frente a jóvenes que casi siempre están más, y mejor relacionados, con las tecnologías de la información.
Si bien se ha producido un aumento significativo en el presupuesto de educación del país y se ha avanzado en buscar mejorar la calidad del magisterio peruano en el último quinquenio, queda claro que en el Perú la educación pública, escolar o universitaria, no cumple con el objetivo de convertirse en el espacio de movilización social y en el lugar donde los peruanos, con nuestras diferencias y fracturas, podríamos encontrarnos para limarlas y mirar el país desde otra perspectiva.
Posibilidades futuras
El próximo 24 de noviembre la Federación de Estudiantes del Perú llama a movilizaciones estudiantiles para reclamar por una educación de calidad. Se han sentido convocados por un movimiento que viene desde Chile y Colombia y que busca aglutinar las iniciativas en este sentido en todo el continente. Si bien la FEP es un brazo político del Movimiento Nueva Izquierda (MNI), un partido ligado a las estructuras ideológicas del Partido Comunista Patria Roja. Esta federación cuenta con una larga tradición de lucha gremial aunque, como ya lo señalamos, ligada más al mundo de la política partidaria.
Sus representaciones regionales han confirmado estar presentes en la jornada y dependerá de su manejo, de su forma de establecer vínculos con generaciones menores de estudiantes, de establecer una plataforma de lucha, -siguiendo su propio lenguaje- lo que les permita ser convocantes durante esa jornada. Han anunciado marchas importantes para ese día, pero tan solo entonces podremos medir si aquello que se está gestando corresponde al embrión de un auténtico movimiento estudiantil como el chileno o el colombiano, donde las reivindicaciones involucren, sumen y aglutinen, y no dividan como habitualmente ha pasado, o es que se trata tan solo de fuegos artificiales.
Sería, en tal caso, la primera vez que un movimiento estudiantil se gesta en el Perú teniendo en cuenta dos variables importantísimas: un país que ha disminuido tasas de pobreza de 48% a 32 % en diez años, es decir se da el escenario para que el reclamo gremial esté netamente ligado a lo educativo, dejando de lado el chantaje que suele establecer el juego de la lucha política deslegitimando, para muchos, una protesta que contenga una verdadera aspiración de reforma en la educación. La otra variable estriba en que sería la primera movilización estudiantil con Facebook y Twitter como herramientas de convocatoria. Algo se puede estar gestando en el Perú.

























es lamentable leer en este articulo que los miembros de la fep no menciones el proceso de lucha del 2004 de la UNI,UNT y UNA. ademas de demostrar la poca vergüenza que tienen al reiterar que la federación esta asaltada por un partido político. Deberían convocar a elecciones y que asuman su dirección los representantes de los gremios mas activos del país.
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