Días después de la intervención policial y militar contra narcotraficantes emprendida por el Gobierno brasileño en Rio de Janeiro, representantes de los Gobiernos de Brasil y Bolivia han acordado un plan conjunto para combatir el tráfico de drogas.
El operativo policial y militar puesto en marcha el pasado fin de semana en el Complexo do Alemao , una colonia de favelas al norte de Rio de Janeiro, para poner fin al tráfico de drogas en la zona ha sido calificado por las autoridades brasileñas como un importante éxito.
Tras la intervención armada de la policía y el ejército en el Complexo, ante la que no encontraron resistencia por parte de los narcotraficantes, las fuerzas de seguridad siguen buscando a criminales que pudieran estar escondidos en alguna de las 15 favelas del complejo. Además, la policía de Rio de Janeiro ha encontrado un túnel por el que pudieron huir cientos de traficantes.
"Varios traficantes fueron arrestados cuando trataban de huir vestidos como religiosos o con uniformes de empleados municipales. Es posible que algunos lo hayan conseguido antes de la operación del domingo para ingresar a la cercana favela de Juramentinho", señaló Paulo Henrique Moraes, comandante del Batallón de Operaciones Especiales, BOPE, tropa de elite de la Policía Militarizada.
Parte de un proceso
En entrevista concedida a Radio Nederland, el analista internacional Marcel Biato explica que esta operación culmina un proceso que viene ya de varios años y que supone un cambio fundamental de actitud de las fuerzas políticas y del orden respecto al problema del narcotráfico. Según Biato, antes predominaba una política de abandono en relación a esta temática, lo que facilitó un proceso de ocupación del espacio público por fuerzas no regulares, criminales.
En los últimos dos o tres años se ha intentado traer al poder público de regreso. Biato considera que la propia reacción de las bandas criminales refleja el éxito de la nueva política. La poca oposición de las bandas en el operativo del fin de semana es muy significativa así como el hecho de que la policía haya sido capaz de entrar en un lugar al que no podía ingresar desde hace 30 años.
“Se trata de una intervención puntual que sin embargo es parte de una política más amplia, pero es apenas el inicio de un proceso”, subraya Marcel Biato.
A partir de este inicio, el experto brasileño sostiene que la presencia policial debe mantenerse para que no regresen las bandas. Pero además, se deben adoptar políticas públicas de seguridad, salud, entretenimiento y fomento del deporte. Sin olvidar la importancia de la sociedad. “Es necesario que la opinión pública apoye este proceso, hay que invertir masivamente para recuperar comunidades degradadas”, dice Biato, quien añade que en el caso de Río de Janeiro estas comunidades suponen un cuarto o quinto de la población.
Es una tarea de larguísimo plazo, en la que la victoria del fin de semana debe ser un estímulo y motivación importante para seguir adelante.
Plan sudamericano de lucha contra el narcotráfico
El narcotráfico afecta a varios países de la región y los líderes latinoamericanos están cada vez más convencidos de la necesidad de atacar el problema desde una perspectiva multilateral. Así, el ministro brasileño de Justicia, Luiz Paulo Barreto, ha anunciado que Brasil desea impulsar un plan sudamericano de combate a las drogas.
Barreto informó sobre este plan regional durante una rueda de prensa que ofreció junto al ministro de Gobierno de Bolivia, Sacha Llorenti, con quien debatió la cooperación binacional de frontera. Ambos planificaron una próxima reunión tripartita con Perú.
"Creo que llegó la hora de un plan suramericano de combate a las drogas que permita encontrar una solución conjunta", dijo Barreto quien añadió que ese plan ha sido debatido ya en reuniones de alto nivel con Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia, y en diciembre lo hará con Colombia y Perú. La idea es aplicar el plan desde la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y el objetivo es combatir la droga en los centros de consumo, en las rutas de tránsito y en los lugares de producción.
Marcel Biato subraya que el plan sudamericano debe incluir elementos de inteligencia para vigilar los flujos de la droga, así como establecer controles fronterizos y políticas integradas de cooperación judicial y policial entre los distintos países.
Cabe preguntarse si en este debate hay lugar para la discusión sobre una posible despenalización de las drogas. Biato opina que se trata de un debate amplio y controvertido, y recuerda que la legislación de muchos países refleja ya una clara distinción entre el consumidor y el traficante.
























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