Los niños holandeses comen demasiados dulces, demasiados aperitivos y beben demasiados refrescos. El 15% sufre exceso de peso. Un plan dirigido a prohibir anuncios sobre esta clase productos no parece tener futuro. Mientras tanto, las emisoras comerciales y la industria lanzan atractivas campañas publicitarias. La obesidad es una cuestión política, pero también comercial.
Si los Flying Doctors en Australia tienen que adaptar su flota aérea para posibilitar el transporte de pacientes de 260 kg, es que algo va mal. La obesidad es un tema actual, también en Holanda, donde el Parlamento ha debatido una propuesta para prohibir anuncios de golosinas, aperitivos y refrescos entre las 7 de la mañana y las 9 de la noche.
A los niños menores de 12 años se les puede influir fácilmente, es el argumento de la Fundación Holandesa de Cardiología y de la Unión Consumidor. Estas organizaciones presentaron hace dos años una propuesta de prohibición de anuncios televisivos, pero en el debate no contaron con mucho respaldo. Los liberales opinan que es la industria la que tiene que autorregularse; los democristianos están en contra de implantar más normativas, y para los socialdemócratas es suficiente con que la industria adapte sus anuncios.
Niños suecos obesos
La prohibición no llegará pues a efecto, y según Liesbeth Hop de la Fundación Publicitaria Rakkers, tampoco es necesaria tal prohibición porque no es efectiva: “Tomemos como ejemplo a Suecia. En ese país rige una prohibición semejante desde hace 15 o 20 años. En la práctica es difícil aplicarla porque solamente se puede regular para las emisoras públicas y, por otra parte, se ha podido constatar que los niños suecos tienen más sobrepeso que los holandeses.
No sólo son los resultados poco impresionantes, sino que tampoco se presta el medio para la situación actual. A las emisoras comerciales que operan desde el exterior no les afecta una prohibición nacional.
Educar e informar
“Además”, añade Liesbeth Hop, “se priva a los adultos y a los padres de su responsabilidad de educar e informar a los niños. Ellos tienen derecho a hablarles del mundo que estamos creando para los niños. Y en ese contexto están también incluidos la vida empresarial, el comercio y la publicidad.”
La Fundación Publicitaria Rakkers se dedica desde hace años a la realización de programas informativos sobre anuncios para niños de 6 a 12 años. Los resultados son muy positivos, recalca Hop. “Hay que armar a los niños contra la publicidad y no protegerles de ella.” Concluye Hop.
“Hay que explicar a los niños. Enseñarles a reconocer anuncios e inculcarles una postura crítica sobre la publicidad. Con ello, los niños se convertirán en consumidores adultos, y eso es lo que nosotros queremos.”
Táctica
Marcel van Beusekom, portavoz del Sindicato Holandés de Consumidores, no está de acuerdo con ese enfoque, que considera un argumento tras el que se escuda la industria. Tampoco muestra entusiasmo por la iniciativa de las emisoras comerciales de lanzar conjuntamente con la industria una campaña de información contra la obesidad.
“Yo veo en todo esto más bien una táctica de desviación para evitar la prohibición de publicidad. Yo creo que podrían usar mejor su energía invirtiendo en una buena información, suprimir la publicidad y ser honestos sobre los productos que ofrecen.”
El Parlamento holandés ha decidido que no se instaurará la prohibición de anunciar golosinas, pero el debate en la ciudad holandesa de La Haya era, en opinión general, la ocasión por excelencia para ejercer presión sobre la industria alimentaria y atraer la atención hacia un problema que está haciendo estragos en la salud.





























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