La Quinoa
La quinoa o quinua, (Chenopodium quinoa Willd), se cultiva desde tiempos ancestrales (se calcula que hace más de 5.000 años), en la región del altiplano andino de América del Sur.
El grano de quinoa posee un contenido de carbohidratos del 63 %, proteínas 16%, grasas 8%, además de minerales y vitaminas.
Su proteína es de un alto valor biológico, por estar integrada por aminoácidos esenciales que se encuentran en una proporción ideal para la dieta humana.
La Organización Mundial de la Salud señaló que la calidad proteica de la quinoa es, al menos, equivalente a la de la leche.
El tipo de grasa que tiene predomina de poli insaturados del tipo omega 3, a monoinsaturadas (grasa saludable).
El redescubrimiento de este tipo de alimento olvidado podría contribuir a paliar el hambre en las zonas más desfavorecidas del planeta y eliminar la dependencia excesiva de la humanidad de unos pocos cultivos, que amenaza la seguridad alimentaria, precisamente en una época en que la contaminación ambiental nos hace menos resistentes a las enfermedades.
En las últimas décadas, su cultivo ha despertado un gran interés en Estados Unidos y en Europa por el potencial uso de su grano como suplemento dietario en la elaboración de pastas y productos de panadería.
Es así, que este pseudocereal andino resurge hoy como uno de los cultivos más promisorios del siglo XXI.
Uno de los grandes avances en este siglo es la disminución de las hambrunas en los países en desarrollo. Podríamos definir a este siglo como el de la transición nutricional, término acuñado por Barry M. Popkin, experto en nutrición de EE. UU. en la cual se produce un cambio desde una dieta predominantemente pobre, carente en calorías y nutrientes , con actividad física intensa y un alto grado de desnutrición, hacia una situación en la cual las dietas de las sociedades altamente industrializadas se vuelven hiperenergéticas, con una mayor prevalencia de grasas y azúcares y un estilo de vida sedentario.
Por Dr. Francisco A. D´Onofrio*
Los cambios en la alimentación y la actividad física, acompañan a las transiciones epidemiológicas donde ocurre el paso de la prevalencia de enfermedades infecciosas hacia las crónicas: obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, etc; y a las transiciones demográficas en las cuales se produce el cambio de sociedades rurales, agrarias y pobres a sociedades urbanas, con mayor desarrollo tecnológico, diversificación económica y altos ingresos.
El estado nutricional de los individuos ha evolucionado de manera diferente en los países del continente. Los países de AL evolucionaron en la prevalencia de sobrepeso, observándose un incremento de peso, particularmente en mujeres adultas, en un rango que va desde un 30% al 70%.
El sobrepeso infantil, aumentó ya que cinco países superan el 6% de obesidad.
El déficit de crecimiento o desnutrición crónica (talla baja para la edad) disminuyó en forma generalizada.
Se observó un aumento de la disponibilidad de alimentos (calorías y nutrientes) en 17 de 20 países.
La población que vive bajo la línea de pobreza ha disminuido en 9 de 13 países, pero hay algunos que superan el 60%.
Los indicadores de sedentarismo han aumentado, el parque automotor ha crecido en todos los países como así también los televisores y computadores: todos estos elementos favorecen el déficit en la actividad física.
El estado nutricional ha evolucionado por diferentes causas, como ser, el aumento de la ingesta calórica con una reducción de la inseguridad alimentaria por la mayor oferta de alimentos no tradicionales. Esto ha provocado un cambio en los patrones de consumo de los países, demostrándose una mayor oferta de grasas saturadas y aceites de bajo costo.
En consecuencia, la alimentación tradicional basada en cereales y pseudocereales –quinoa-, verduras, frutas, pescados y carnes magras ha cambiado hacia el consumo de alimentos en especial aquellos ricos en grasa, azúcar y productos procesados.
Se observa, además, un descenso en los niveles de pobreza, aún a pesar de las graves inequidades sociales que persisten.
Todo esto se deprende de un estudio de revisión realizado por los investigadores chilenos, los doctores Mauricio Barria y Hugo Amico .
Opinión
La forma de vida en condiciones de pobreza es un factor que predispone a la obesidad. La relación pobreza y obesidad difiere de una región a otra y puede estar influenciada por el bajo costo de alimentos altamente energéticos y por las preferencias individuales, de acuerdo a la idiosincrasia de los pueblos, por nutrientes culturalmente considerados más apetecibles (harinas, frituras y otras).
El abaratamiento de algunos alimentos de elevado poder obesogénico y aterogénico ha determinado el aumento de su consumo en la población de menores recursos económicos e informativos, por lo cual los sectores más humildes son los más expuestos y desprotegidos.
En América Latina la prevalencia de obesidad está aumentando de manera similar a las sociedades más desarrolladas, aunque la marcada heterogeneidad cultural, económica y hasta racial de su población llega a generar condiciones en las que pueden coexistir la obesidad y la malnutrición, según un reporte del Dr. Julio Montero de Argentina.
Este hecho toma relevancia a la luz de las estimaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) que, para fines del siglo XX, calculó que en América Latina, la enfermedad cardiovascular asociada a obesidad había sido la responsable del 50% de las muertes por enfermedades crónicas no transmisibles.
Existe en América Latina una mayor prevalencia de Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT) – Obesidad, Diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cerebro cardiovasculares, osteoporosis y cáncer- relacionado con la transición nutricional, las cuales se agregan al fenómeno del hambre y de enfermedades infecciosas endémicas, que disminuyeron pero continúan vigentes.
Todo esto constituye un grave problema de salud pública en economías emergentes.
Se debería retomar a los alimentos originarios, como la quinoa, de renovado interés nutricional, promover el consumo de frutas y verduras, fomentar la actividad física en los niños, limitar la publicidad de alimentos obesogénicos, favorecer la producción de alimentos saludables , generar políticas de salud enfocadas a a la prevención de las ECNT y políticas económicas que contemplen mayor equidad social.
* Francisco A. D´Onofrio es médico nutricionista de Argentina
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