Dos grupos de científicos británicos y franceses han hecho un importante hallazgo en la lucha contra el alzhéimer al descubrir tres genes que aumentan el riesgo de padecer la enfermedad.
La cooperación internacional en materia de investigación científica ha vuelto a dar sus frutos. Un grupo de científicos de diversas partes del mundo, principalmente británicos y franceses, ha descubierto tres genes relacionados con la enfermedad de Alzheimer, algo que no ocurría desde el año 1993.
Dichos genes son la clusterina (CLU) y el PICALM, descubiertos por el equipo británico, y el receptor complementario, (CR1), identificado por el grupo francés. Los tres genes descubiertos juegan un importante papel en la formación de placas de proteínas típicas en el cerebro de los pacientes de alzhéimer. La presencia de estos genes es indicativa de otros factores que pueden incrementar el riesgo de padecer demencia.
En la realización del estudio, en el que han participado también científicos españoles y holandeses, y que se dará a conocer en su totalidad en la revista Nature Genetics, han participado cerca de 30.000 personas, procedentes de distintos países. La investigación se centró en la búsqueda de diferencias entre el ADN de pacientes de alzhéimer y el de personas sanas.
Cautela ante la noticia
Estudios futuros sobre cómo contrarrestar los efectos de estos tres genes pueden lograr la reducción del número de enfermos de alzhéimer en un 20%. Los científicos no quieren precipitarse y prefieren mantener la cautela ante el reciente descubrimiento. Serán necesarios años de investigación para poder desarrollar una medicina efectiva contra la enfermedad.
Aún con todas estas precauciones, queda espacio para la alegría ante los nuevos datos. La profesora Julie Williams, de la Universidad de Cardiff, una de las responsables de este hallazgo, dice que estamos ante un momento muy importante en el combate al mal de Alzheimer, y subraya que el equipo investigador lleva entre 10 y 15 años trabajando en esto.
Respecto al posible tratamiento médico, Williams explica que normalmente se tarda 15 años en encontrar nuevos tratamientos a partir de este tipo de información. Sin embargo, con este descubrimiento se ha visto que una de las áreas implicadas es la inflamación. Julie Williams señala que esto es algo muy estudiado en otros males y existen muchas terapias para ello, lo cual aporta algo de esperanza para encontrar una medicina idónea para humanos, “aunque esto, de momento, es sólo especulación”, aclara.
El doctor Onofre Combarros, del Servicio de Neurología del Hospital Marqués de Valdecilla de Santander, España, explica que el objetivo de este tipo de estudios es “lograr herramientas similares a las que ya se han conseguido para el cáncer”.
Enfermedad sin cura
La enfermedad de Alzheimer afecta al 5-7% de las personas de más de 65 años en el mundo, aproximadamente. Es una enfermedad degenerativa para la que aún no existe cura, aunque sí existen métodos paliativos que intentan reducir la progresión de la enfermedad y sus síntomas. El tratamiento se puede enfocar desde una perspectiva farmacológica, psicosocial y de cuidados. El mal afecta a las células cerebrales responsables de la memoria y el conocimiento. Dichas células se degeneran y causan una paulatina pérdida de memoria, que conduce hacia la pérdida total de la identidad personal.
Actualmente, el alzhéimer es la causa de invalidez, dependencia y mortalidad más frecuente en los mayores. Según los últimos cálculos, 8 millones de europeos están afectados por la enfermedad de Alzheimer. La Fundación Alzheimer España señala, en su sitio de Internet, que teniendo en cuenta el envejecimiento de la población y el futuro incremento de personas mayores de 80 años, se prevé que el número de enfermos se duplique en el 2020 y triplique en el 2050.
Recursos financieros
Si bien hay que felicitarse por los avances de la ciencia, el ritmo al que progresa la investigación no es el deseado ni por los profesionales ni por la ciudadanía. En muchos casos, la lentitud tiene que ver con la falta de financiación.
“Sabemos que nuestros hallazgos son correctos, no hay duda, pero también sabemos que hay otros genes de riesgo aún por descubrir”, dice la profesora Julie Williams. Los investigadores desean emprender un nuevo estudio, en el que participen 60.000 personas.
En la nueva investigación, los científicos quieren analizar no sólo el aspecto genético sino también otros factores como el efecto del alcohol y la hipertensión, para ver si hay alguna relación entre el riesgo genético y el estilo de vida.
Para ello, los expertos no sólo de Cardiff o del Instituto Pasteur en Francia, sino de todo el mundo, necesitan la garantía de que cuentan con suficientes recursos económicos, algo que en el caso del combate contra una de las enfermedades más devastadoras para enfermos y familiares no debería estar en cuestión, sobre todo si se compara con la cantidad de dinero que se destina a rescatar bancos, fichar figuras deportivas o producir programas de televisión de dudosa calidad.





























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