El esfuerzo holandés en Uruzgán no será en vano, afirmó el coronel del ejército norteamericano James Creighton en una entrevista concedida a Radio Nederland en Camp Holland. El 1 de agosto asumirá el comando de manos de las tropas holandesas, que han estado estacionadas allí durante los últimos cuatro años.
El coronel Creighton llegó hace unos días al campo. De corta estatura, pero firmemente decidido a tomar rápido control de la situación, nos recibe en un contenedor blindado, de 1,5 x 3 metros, que acaban de desalojar los ocupantes holandeses. Ahora, mientras las tropas norteamericanas instalan sus computadoras portátiles y cables, el coronel concede su primera entrevista con la prensa holandesa, a Radio Nederland.
El nuevo comandante norteamericano no está completamente seguro sobre el número de tropas adicionales estadounidenses que serán desplegadas en Uruzgán. Anteriormente, diplomáticos y militares norteamericanos habían informado a Radio Nederland que posiblemente la cifra sería menor a los 1700 holandeses estacionados hasta ahora, porque la situación en las provincias más grandes exigían mayor atención. El coronel tiene otra idea.
“Creo que será algo menos de lo que teníamos, pero básicamente la misma cantidad. Desconozco la cantidad exacta de las tropas holandesas y tampoco conozco los números actuales porque aún estamos en la fase preliminar. Pero serán suficiente para cumplir la misión: continuar con el trabajo realizado por los holandeses y avanzar en lo posible.”
Más diplomáticos
El coronel Creighton subrayó su intención de estacionar un mayor número de diplomáticos y expertos que en el caso de los holandeses. Operarán desde los cuarteles generales en Tarin Kowt, pero también serán enviados a las bases en los distritos provinciales para que hagan contactos con la población afgana.
Ante la inminente partida de los holandeses, los afganos se muestran cautelosos. Algunos habitantes han repudiado completamente a los norteamericanos. Sus acciones en Afganistán les ganaron una mala reputación a los que los siguieron.
Agresivos
Las Fuerzas Especiales de EEUU que mantuvieron el control sobre Uruzgán desde 2001 hasta el arribo de los holandeses en 2006, perseguían a los talibanes a través de los líderes rebeldes locales. En su aproximación a la población afgana se mostraron agresivos, pero el coronel Creighton declina discutir sobre la cuestión de imagen. Y tampoco desea comentar sobre el trabajo de las Fuerzas Especiales aún activas en la región. Desde su llegada ha tenido dos reuniones con los afganos, que califica de positivas.
“No he percibido animosidad de parte de los líderes, sólo aceptación. Tienen curiosidad por saber de qué manera vamos a actuar. He asegurado al gobierno que apoyamos el equilibrio tribal. Que nuestro único objetivo es apoyar al gobierno, sea cual fuere, que haya sido elegido democráticamente o designado según la constitución de Afganistán.”
El coronel Creighton insiste en subrayar el hecho de que se debe formar un gobierno donde estén representadas todas las tribus. Asegura estar consciente de que esto es crucial para Uruzgán, y que los holandeses han comenzado con esta tarea. Por ejemplo, organizando el regreso a Uruzgán de los líderes locales que habían sido excluidos previamente por el gobierno afgano. Según los holandeses, es de primordial importancia que tengan participación en el gobierno. A pesar de esta convicción, hay una sola tribu dominante – los Popolzai –y los holandeses nunca lograron avanzar en esta cuestión. El coronel Creighton afirma que su propósito es hacer el mayor esfuerzo para resolverla.
“Perseguimos idénticos objetivos. Ellos tienen un gobierno que se ocupa de su población. Eso es lo que buscan los holandeses y eso es lo que buscamos nosotros: un gobierno representativo que se responsabilice de las necesidades de las tribus y de las demandas de las tribus.”
La reportera Bette Dam, de Radio Nederland, es periodista estacionada en Camp Holland con el ejército holandés. Su artículo fue revisado por el departamento de Relaciones Públicas del Ministerio de Defensa antes de su publicación.





























Sakineh Mohammadi Ashtiani aún no está a salvo, ya que todavía pueden aplicarle lo que en Irán llaman púdicamente "pena sustitutoria", es decir, la muerte por ahorcamiento, por ejemplo. Ahora bien, ¿qué crimen cometió Sakineh Mohammadi Ashtiani, una madre de familia de 43 años? ¿Qué imprescriptible falta la hizo merecedora, hace cuatro años, de 99 latigazos y, más tarde, de una condena que consiste en ser enterrada viva hasta el cuello para que una horda de machotes le destroce la cabeza a pedradas? Sí, ¿cuál fue ese crimen que pese a que, lo repito, la Embajada de Irán en Londres acabe de anunciar la anulación in extremis de la orden de lapidación, la retiene en el corredor de la muerte de la prisión de Tabriz a la espera de un castigo que, aunque aparentemente menos bárbaro, será igual de atroz? Su crimen, su único crimen, un crimen que, entre paréntesis, ella niega haber cometido, ese crimen que, en el momento en que escribo, y pese a que tres de los cinco jueces que se pronunciaron sobre el caso expresaron serias dudas sobre su culpabilidad, la abocan a una salvaje ejecución, no es otro que el de haber mantenido relaciones extramatrimoniales con un hombre varios años después de... ¡la muerte de su marido!
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