De condecorado a encarcelado. El ex dictador panameño Manuel Antonio Noriega, narcotraficante y amigo de Fidel Castro, probablemente regresará a París. Pero la recepción no será la misma que en 1987, cuando fue condecorado con la Legión de Honor, la más alta distinción de Francia.
Por Raúl Zamora
Un tribunal norteamericano accedió a la demanda de la justicia francesa de extraditarlo para que cumpla en este país 10 años de cárcel por lavado de dinero de la droga, principalmente.
Si no fuera porque es un criminal endurecido, casi daría pena: el hombre ya tiene 75 años, y con 10 años más tendrá 85. Además, su paseo de cárcel en cárcel no terminaría en París. Después de pasar diez años a la sombra en la Ciudad Luz (qué paradoja ¿no?) debería viajar a su país, Panamá, donde tiene un total de condenas que suman 6 decenios más de cárcel. Bueno, a los 145 años de edad deberá readaptarse, si está vivo, según los comentarios más optimistas.
Hombre fuerte
Noriega fue el hombre fuerte de Panamá entre 1983 y 1989, y su carrera es un torbellino de violencia, asesinatos, robos y volteretas políticas. Después de colaborar con los norteamericanos, terminó prisionero de éstos, tras que invadieran Panamá, en 1989, para secuestrarlo y juzgarlo en Estados Unidos, donde fue condenado a 40 años de presidio.
Los franceses, que lo habían condecorado en 1987, lo procesaron en ausencia por lavado de dinero de la droga y lo condenaron en 1999 a 10 años de cárcel.
La justicia norteamericana fue reduciendo la pena al ex dictador traficante y la dejó finalmente en diez años, ya cumplidos en septiembre. Pero lo guardaron bajo custodia porque los franceses pidieron su extradición, que un tribunal federal norteamericano acordó este miércoles.
Entre 1983 y 1989, transitaron por un banco británico 25 millones de dólares provenientes del narcotráfico. Muchos de ellos desaparecieron sin dejar rastros, pero la Corte francesa logró atrapar al panameño por una suma equivalente a 2.400.000 euros. Noriega, además se había comprado tres lujosas mansiones en Francia.
Fortunas ilícitas
Bueno, no es mucho lo que robó si se le compara con otros líderes africanos y latinoamericanos. Entre todos se destaca el presidente del Zaire, Mobutu Sese Seko, protegido por Estados Unidos, Francia y otros países occidentales. A su muerte, en 1997, el «Leopardo del Zaire» había arruinado a su país, pero había acumulado una fortuna personal de seis mil millones de dólares.
La invasión norteamericana de Panamá, hace 20 años, chocó a muchos países del Tercer Mundo, que se sintieron amenazados por una justicia internacional ejercida unilateralmente por Estados Unidos.
La noticia esta semana de que, después de haber cumplido su pena en Estados Unidos, Noriega deberá cumplir otra porque la extradición fue aprobada, acentuó esta inquietud entre los países africanos, muchos de cuyos dirigentes se dejan a menudo tentar por las riquezas que les da el poder. ¿Adónde vamos si ahora ya no se puede disponer del dinero sin que los occidentales vengan a meter sus narices en nombre de una justicia que ellos han creado? se preguntan unos órganos de prensa africanos.
Jurisdicción universal
Algunos países occidentales han proclamado que sus tribunales tienen jurisdicción universal, lo que les permite juzgar a los dirigentes de cualquier nación en nombre principalmente de los derechos humanos. Varios tribunales internacionales están en actividad, como por ejemplo el que juzga los crímenes de guerra en los Balcanes o el genocidio en Ruanda. También los países árabes y africanos están descontentos por la orden de arresto lanzada por la Corte Penal Internacional (CPI) contra el presidente sudanés Omar El Bechir, masacrador musulmán de los negros cristianos y animistas de una región del Sudán.
Paralelamente, menos enérgicas pero igualmente embarazosas para los interesados son ciertas acciones emprendidas por la justicia francesa contra el presidente Omar Bongo, de Gabón, y Denis Sasú Ngueso, del Congo Brazzaville, por instigación de organizaciones no gubernamentales y asociaciones defensoras de los derechos humanos.
Tradicionalmente, los franceses tienen fuertes intereses en África, algunos bastante oscuros, lo que les complica su rol de justicieros. En cambio, no tendrán muchas dificultades para encerrar a Manuel Antonio Noriega que ya no tiene poder ni están en juego petróleo ni metales preciosos.
Noriega, se comenta en París, todavía cree tener esperanza de evitar las cárceles francesas que, dicho sea de paso, tienen mala fama entre los países desarrollados. Los abogados del ex dictador narcotraficante han anunciado que recurrirán ante la Corte Suprema de Estados Unidos. La justicia francesa, por su parte, espera pacientemente en medio de cierta indiferencia general de la opinión pública.





























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