Luis Suárez ha levantado una ola de críticas y aplausos al clasificar indirectamente a Uruguay a la semifinal de la Copa del Mundo.
El delantero del Ajax de Ámsterdam y goleador máximo de la liga holandesa paró con la mano una pelota con destino de gol, fue expulsado y el ghanés que ejecutó el penal lo erró. Toda una novela filosófica en un par de minutos en un partido no apto para cardíacos. Hasta aquí la noticia, sin embargo el debate se extendió como reguero de pólvora.
La era moderna nos hace pasar más tiempo ante la computadora que en la rueda de amigos, en un bar o bajo el farol de la esquina, pero imaginemos que comentamos el mundial, entreverando el fútbol con el quehacer diario y todo, TODO, lo demás...
Este hecho es recibido con satisfacción, alivio y alegría en Londres. ¿Qué había pasado? Ah! El espía mensajero fue seleccionado porque sus superiores sabían que no resistiría la tortura y, lo peor, una secretaria del cuartel general, que había despertado el amor del elegido, estaba al tanto del siniestro plan.
Alguien en la rueda de directores técnicos y expectantes discutidores acota: “Y eso que tiene que ver con el penal de Suárez?
-Un momento por favor, que ya me voy por otras ramas del árbol de la vida!
-Pues riega bien nuestra vida, con un poco de algo espirituoso, que hasta ahora tu arbolito sólo nos da Flor de Aburrimiento!! acota a los gritos un parroquiano.
Pero disgregar el latinoamericano.
En la vida real la tortura quebró vidas y amistades y mantuvo dictaduras en el poder. A quienes resistieron les costó menos entender a quienes delataron bajo terribles apremios físicos que a aquellos que escaparon y sufrieron el exilio. Solo quien está en una situación límite puede saber desde la experiencia qué se siente en ese momento.
A qué viene todo esto sobre un penal? Es que somos muchas personas encerradas en una mente. Desde la niñez vamos acumulando ejemplos a seguir y al llegar a ser adultos elegimos quién será nuestro principal YO, seguido de todos los demás pequeños egos. Tanto en Hollywood como en el diario y particular quehacer debemos elegir entre las pocas posibilidades que nos permite la sociedad que nos tocó vivir y que dejamos dicte buena parte de nuestro destino. En el fútbol sucede igual, pero a la velocidad de la luz. Y ahora sí: el penal!
Imaginemos qué pasó por la mente del héroe y villano Luis Suárez en ese instante irrepetible (aunque lo miremos mil veces con el replay). “Estoy sobre la raya del arco, si la pelota pasa detrás de mí solo hay derrota, vuelta a casa y a esperar cuatro años más.”
El goleador mete sus manos como un cuidavallas improvisado y evita el gol que hubiese dado el triunfo a Ghana, en el tiempo adicional del alargue.
Entonces, allí apareció la suerte montada en la negra pantera del misterio, el infalible Gyan erró el penal! Los dioses, la casualidad, un dios vengativo, alguna diosa caprichosa, un cálculo de probabilidades, un soplo de viento, el cordón del botín mal ajustado, nadie sabe! La pelota pega en el travesaño y la desolación se adueña de un hombre, Gyan, y de todo un país, Ghana. En el otro extremo del mundo y de los sentimientos Luis Suárez y Uruguay. El villano se transforma en héroe y grita de alegría en la boca del túnel hacia los vestuarios, ya con estatura de prócer y una tarjeta roja que le impide jugar la semifinal contra Holanda, país donde reside y hace correr la pelota.
-¿Y eso qué tiene que ver con la película en blanco y negro, donde el protagonista humillado pierde su dignidad, sus amigos, su amor y la confianza en sí mismo?- pregunta el psicólogo que alberga todo grupo de humanos.
En realidad no sé si hay una relación, pero me hizo meditar sobre lo relativo de las cosas. En la historia de Hollywood el héroe en blanco y negro cumple con su involuntaria misión y entrega a los nazis los planes falsos que le confiaron sus superiores. En Sudáfrica la mano ilegítima de Suárez consiguió que Uruguay, irónicamente, pasase a semifinales logrando la victoria por penales. Si Gyan hubiese convertido Ghana continuaba en el torneo, escribiendo historia. Pero no fue así.
Ahora, el héroe de Uruguay es criticado por haber impedido de forma ilegítima el pase de Ghana a semifinales. El DT uruguayo se pregunta si Suárez también es culpable de la mala puntería de Gyan. Yo me pregunto qué pasa cada vez que un atacante es barrido sin piedad dentro del área y el Gyan de turno manda la pelota a la tribuna. Me pregunto si es legítimo que Diego Lugano haya sufrido un esguince de rodilla por un puntapié ghanés, si justo que Nicolás Lodeiro no pueda jugar por una fractura en el pie o si Jorge Fucile haya terminado con una fractura en el cráneo.
Es probable que al terminar de leer esto usted se pregunte, o mejor: afirme, que las ideas expuestas son contradictorias. En ese caso es que todos los personajes que desde la infancia me pueblan han tenido su voz. Si es así, para defenderme cito al poeta Walt Whitman, “contengo multitudes, por eso me contradigo”, como el artillero de Uruguay, que salvó a su selección atajando un cabezazo del contrario!





























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