Clotilde, de 52 años, fue violada por seis milicianos durante el genocidio de 1994 en Ruanda, país situado en África Central: "Hemos dado testimonios en la radio, hemos dado testimonios en la tele... Hemos hablado, nuestras voces se oyen en todo el mundo; en América, en Canadá, en Suiza, por todos lados... Hemos hablado, hablado y hablado para que se haga justicia. Pero la justicia no ha llegado". - Lola Mora
Las mujeres víctimas de violencia sexual durante un conflicto armado denuncian. Los instrumentos legales para condenar la violencia sexual como crimen de guerra, de lesa humanidad o de genocidio, existen. Pero la justicia no llega.
Tras una guerra se abre un proceso complejo y delicado, pero lleno de oportunidades para reconducir el futuro de un país. Durante un proceso de paz deben sentarse las bases para la reconciliación y la justicia. Pero si las guerras son decididas por hombres, los procesos de negociación de la paz también son su coto privado.
Una secretaria kosovar de la Misión provisional de Naciones Unidas en Kosovo confesaba a Amnistía Internacional que "la comunidad internacional sólo se preocupó de las mujeres cuando las estaban violando, y aún así, sólo como si se tratara de una historia excitante. Ahora vemos que en realidad les importamos un bledo. Lo que vemos son hombres, hombres, hombres de Europa y América, e incluso de Asia, escuchando a hombres, hombres, hombres de Kosovo (…). A veces tienen que ser políticamente correctos; entonces incluyen a una mujer en un comité o añaden un párrafo a un informe. Pero, cuando se trata de una participación auténtica en la planificación del futuro de nuestro país, nuestros hombres les dicen a los hombres del extranjero que no hagan caso de nuestras ideas. Y lo hacen tranquilamente, bajo el estandarte de la sensibilidad cultural".
En las guerras y en los desplazamientos forzados, las mujeres y las niñas asumen la responsabilidad de velar por la seguridad y el sustento de la familia. Por ello los grupos armados las colocan en su punto de mira y las convierten en la parte más vulnerable de la población civil. La experiencia y la organización acumuladas por las mujeres durante la guerra no son tomadas en cuenta en el momento de la reconstrucción.
"Por las características de los conflictos armados actuales hay unos impactos específicos sobre las mujeres y si las mujeres no están presentes en el momento de construir la paz, todo este legado que ha dejado el conflicto, queda ignorado, silenciado y es como si no hubiera ocurrido. Y es por ejemplo toda la cuestión de la violencia sexual como crimen de guerra. Es uno de los crímenes mas extendidos en la actualidad, es un arma de guerra que está utilizada en la práctica totalidad de los conflictos armados que tienen lugar actualmente y de la que sin embargo apenas se habla. La ausencia de mujeres en todo lo que es la reconstrucción un país cuando acaba un conflicto armado hace que toda esta experiencia vivida durante la guerra quede ignorada", explica María Villellas, Investigadora de la Escola de Cultura de Pau en la Universidad Autónoma de Barcelona, en España.
En Sudán hay frágiles intentos por alcanzar la paz. La presencia en la mesa de diálogo de todas las partes y de todas las voces es clave para evitar fracasos o injusticias futuras. "Así que el documento de los acuerdos de paz de Darfur tiene perspectiva de género. Pudimos estar presentes mujeres de la sociedad civil, del gobierno, movimientos e hicimos un documento llamado Prioridades de las Mujeres en el Proceso de Paz y Reconstrucción de Darfur, que es un documento estratégico donde no sólo se pone a las mujeres como víctimas de la violencia sino como sujetos con derecho a una justicia económica y una paz duradera", relata Safaa Elagib Adam, de la Asociación para el Desarrollo de la Comunidad de Sudán, que participó junto a otras organizaciones de mujeres en las negociaciones de paz abiertas para la región de Darfur en diciembre de 2005.
El documento fue reconocido por la Unión Africana, la comunidad internacional y el gobierno de Sudán. En él, las mujeres establecieron recomendaciones sobre el reparto del poder y la riqueza, la seguridad, y la creación de un Fondo que otorgue créditos a las mujeres para que empiecen sus negocios. A pesar de estos avances y del inicio de negociaciones de paz en Sudán, aún hay graves abusos de los derechos de miles de mujeres y niñas. Raptos, esclavitud sexual, tortura y desplazamiento forzado, entre otros. El caso de Darfur ya está en manos de la justicia internacional.
En el año 2002 el conflicto armado de Angola finaliza. Atrás quedan más de tres décadas de guerras. Cerca de medio millón de muertos, unos cuatro millones de desplazados y más de 100.000 mutilados. Un trágico cómputo en el que no aparece el número de mujeres víctimas de abusos. Una ausencia que no es casual en un país donde el bando vencedor ha optado por superar el pasado bajo la fórmula de la amnistía y el olvido.
Tras la firma del armisticio, llegó el momento de desarmar, desmovilizar y reintegrar a los combatientes angoleños a la vida civil. Tres pasos determinantes para evitar futuros estallidos de violencia, y para reconstruir y desarrollar el país. Sin embargo, en Angola, hay un abismo entre el número de mujeres que participaron activamente en la contienda y el número de las que han sido desmovilizadas.
Clarice Caputo, ex viceministra de asistencia y reinserción social en Angola
Clarice Caputo fue soldado de La Unión Nacional para la Independencia Total de Angola, UNITA, el grupo rebelde enfrentado al gobierno. Una vez terminada la guerra, dedica su vida a la política, ocupando cargos como el de viceministra de asistencia y reinserción social. En sus propias palabras: "En principio no hubo una reinserción específica para las mujeres y hasta ahora no la hay. Pero hay un movimiento y una presión social muy grande porque la reinserción y reintegración generales no beneficiaron específicamente a las mujeres. Hubo una preocupación grande por los hombres combatientes pero ahora llegamos a la conclusión de que las mujeres fueron perjudicadas en la reinserción social. Porque reconciliación y reinserción no es sólo el silencio de las armas, sino todo un proceso donde las mujeres, las familias participan para tener otro modo de vida. Así que ahora estamos pensando en programas específicos para viudas, madres solteras, ex combatientes que volvieron a ser civiles. Porque los hombres ex combatientes tuvieron programas específicos pero las mujeres ex combatientes no".
En 2002, este extenso país, rico en recursos naturales, selló una paz formal e inició un proceso de desarme, desmovilización y reinserción. Sin embargo, en el Este de la República Democrática de Congo continúan los enfrentamientos y muchas mujeres y niñas siguen recluidas en los campamentos de los grupos armados. Secuestradas en la selva durante meses o años, son esclavizadas sexualmente y torturadas.
El responsable del programa dirigido a los menores soldados en la ciudad de Bukavu, Deo Mirindi, lo reconocía en 2006: "La salida de las niñas de los grupos armados es muy complicada porque las niñas entran de otra forma, no todas como combatientes. Son utilizadas como esclavas sexuales, como mujeres, entre comillas, de comandantes y combatientes. El otro problema se presenta cuando el comandante que la tiene como su pareja, quiere mantenerla junto a él; es muy difícil convencerle de que es todavía una niña. Nosotros apostamos por la paz y la paz es cara. El precio a veces es cerrar los ojos a ciertas violaciones de derechos humanos para acceder a la paz".
"La paz a no importa qué precio, ésa es la catástrofe en nuestro país. La paz no puede obtenerse a no importa qué precio porque entonces hipotecamos esa paz. En el futuro estaremos sentados sobre bases frágiles. Abandonar a una niña soldado es muy grave, nos va a costar caro. Seguro que nos va a costar caro. ( Se tiene que hacer una desmovilización total. A lo mejor será más cara, a lo mejor será más lenta pero es el precio para tener un futuro seguro). Por eso decimos que esta desmovilización está coja y nos arriesgamos a estrellarnos más tarde", apunta Isidore Kabongo Kalala, director de programación de la Radio y Televisión Nacional de Congo.
Los congoleños asisten con preocupación a la herencia de la impunidad. Cada vez más civiles imitan a los combatientes y cometen crímenes de violencia sexual contra las mujeres.
Desde la ciudad de Bukavu, el Comité de Acción para las Mujeres, CRAF, lanza la alarma. "Hemos hablado y hablado de la violación. Puedo decir que lo que ha provocado que los civiles también comiencen a imitar esos actos, violar a sus hermanas, puedo decir que son sus hermanas, son sus madres, es porque nos hemos dado cuenta de que hay impunidad. Conocemos a los agresores, conocemos a las personas que han violado, quizás podemos atraparles en algún lugar del pueblo, pero nadie reacciona. Y ahora se ha convertido en una costumbre para los civiles que no tienen moral. Puedo decir que es a causa de la impunidad que nuestros civiles han comenzado a imitar esas acciones", asegura Solange Kasibabubungu, asistenta social.
En el año 2000, Theo-Ben Gurirab, ministro de Asuntos Exteriores de Namibia, lanzó esta pregunta en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas: "Las mujeres constituyen la mitad de toda comunidad. Por lo tanto, ¿no son también la mitad de toda solución?".
La Resolución 1325 aprobada por la ONU es el primer instrumento político internacional que llama la atención sobre los efectos de la guerra sobre las mujeres, y el primero que defiende el derecho de las mujeres a sentarse a la mesa de negociación. Una amplia coalición de activistas promovió esta Resolución desde el seno de Naciones Unidas. Ahora el reto es que la ONU practique lo que predica.
Como organismo mediador en los procesos de paz, Naciones Unidas tiene la capacidad de sugerir a las partes que cumplan sus compromisos. Ahora, según explica Safaa Elagib, desde la Asociación para el Desarrollo de la Comunidad de Sudán, "es necesario hacer justicia. Somos parte de la comunidad internacional, del sistema de Naciones Unidas, hemos firmado acuerdos y además cuando tenemos problemas acudimos a estas instancias. Así que tenemos que actuar en consecuencia con las obligaciones y compromisos".
Domitille Bukanagwanza, Secretaria Nacional de los Tribunales Populares Gacaca de Ruanda, se dirige a la comunidad internacional más de una década después del genocidio: "Necesitamos que ustedes nos ayuden a convencer a esos donantes, a la comunidad internacional que incluso después de este proceso debe continuar su apoyo a Ruanda y transferir sus asistencia a las víctimas. Porque cuando se habla de reconciliación no es en un solo sentido. La reconciliación debe ser balanceada. Y la responsabilidad no es sólo del gobierno ruandés. La responsabilidad debe ser internacional".
Por su parte, desde la República Democrática de Congo, el jurista Roger Muchuba, coordinador nacional adjunto de la Coalición de organizaciones por la Corte Penal Internacional añade que "Es una cuestión de estrategia y de política internacional. Para el caso de Congo se intenta privilegiar el proceso de paz, que las elecciones funcionen bien, que las inversiones lleguen al país. Porque claro la gente está interesada en las riquezas naturales de Congo. Ya no se quiere hablar de las violaciones de derechos humanos, de los crímenes y las masacres que siguen cometiéndose en nuestros pueblos. Creen que con esas cosas no vendrán las inversiones, cuando la gente lo que quiere es hacer dinero con la madera congoleña, el oro, el coltán. Pero nosotros decimos que mientras se hable del proceso de paz debemos insistir en denunciar esos crímenes. Creo que existe una responsabilidad de la comunidad internacional que debe seguir haciendo ruido sobre lo que pasa".
La Declaración Universal de Derechos Humanos, las Convenciones de Ginebra, la Resolución 1325, etc. Hay un marco jurídico y político básico para que la violencia contra las mujeres sea perseguida y el crimen no caiga en el olvido. Es un marco internacional redactado, aceptado y ratificado. El problema es su aplicación. Eva Suárez Llanos, portavoz de la organización Amnistía Internacional en España, lo ve así: ""Los derechos sobre el papel, mientras no influyen en la realidad de las mujeres, mientras no son trasladados a la práctica, no sirven para nada. Y, ¿de qué depende que sean derechos en la práctica, en la realidad, que afecten a la vida cotidiana de las mujeres? Depende de la voluntad política de los gobiernos, depende de los recursos que se pongan y depende también del esfuerzo que pongan los gobiernos en luchar contra la raíz que está en la violencia contra las mujeres, que es la discriminación, es la relación de poder desigual entre hombres y mujeres. Si la comunidad internacional y los gobiernos en su ámbito nacional no ponen toda la voluntad política y los medios necesarios, los recursos necesarios, los avances son más lentos. Aunque ahí están las mujeres efectivamente, cada vez más, dejando oír su voz y tratando que esos derechos que están conseguidos sobre el papel, sean una realidad en la vida cotidiana".
"Se considera un tema muy secundario, es decir, nos llenamos la boca con palabras de igualdad, de no discriminación pero no se sigue considerando un tema importante. No se sigue considerando que la mujer tenga aportaciones genuinas que hacer a la sociedad, ni se la da importancia a su participación política. Es decir, seguimos viviendo en una sociedad muy patriarcal", añade María Villellas, de la Escola de Cultura de Pau en la Universidad Autónoma de Barcelona, España.
Las opiniones de muchas mujeres han quedado grabadas en el libro "Mujeres y construcción de la paz", de las escritoras Susan McKay y Dyan Mazurana: "La paz no es un tema de debate, es una forma de vida, seguridad y alimento para tu familia y el futuro de tus hijos", mujeres en Somalia.
"Construir la paz significa acoger a los hijos de tus vecinos, amigos o familiares que han muerto en la guerra", Sierra Leona. "El trabajo por la paz significa reconstruir las casas derruidas al igual que las relaciones con antiguos vecinos convertidos en rivales durante el conflicto", mujeres kosovares. "La construcción de la paz es tender puentes entre facciones implicadas en la guerra civil", mujeres libanesas.





























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