“Torpe, desaliñada y poco hospitalaria”. Así describen a la mujer holandesa los extranjeros residentes en Holanda. Por fortuna, la mujer de los pólderes también es inteligente, no persigue el dinero y, además, es atractiva.
La periodista Santje Kramer entrevistó a 24 residentes extranjeros, hombres y mujeres, sobre su visión de la mujer holandesa y recogió las impresiones en un libro titulado 'Het Poldermodel' (La modelo del pólder). Los entrevistados por Kramer provienen de todas partes del mundo, y algunos de ellos residen ya desde hace muchos años en nuestro país. Además, muchos tienen, o han tenido, una pareja holandesa, por lo que hablan por experiencia propia. A continuación algunas opiniones.
Natural
Sobre el aspecto físico, la mayoría se manifiesta, en principio, en términos positivos. La mujer holandesa es alta, rubia, bonita, de buen físico y natural. “Esas chicas atractivas que andan en bicicleta, con una mirada abierta y libre y sin demasiado maquillaje”, suspira un australiano. Un británico las describe incluso como “las muchachas más bonitas del mundo”, y, para sorpresa de todos, muy accesibles.
Desaliñada
Pero ahora viene la crítica. ¿Cómo es posible que todas esas mujeres descuiden tanto su apariencia? No llevan joyas, apenas se maquillan y tienen el cabello desarreglado. Kramer registró el quejido griego: ‘Si Dios te dio esos atributos, ¡utilízalos!’
La mujer de los pólderes no usa tacones altos sino botas toscas de tacón bajo, incluso cuando lleva falda o vestido. Prefiere la rusticidad y el confort a la femineidad. No por nada son sumamente populares en Holanda las voluminosas botas australianas de piel ‘Ugg’, preferentemente en combinación con un ordinario pantalón vaquero y camiseta. Una mujer rusa se quejaba de que, recién llegada a Holanda, se sentía como ‘una prostituta’ cuando salía a la calle vestida como lo hacía en Rusia, con una falda corta y tacones altos. Con el tiempo se ha adaptado al estilo holandés.
En las áreas rurales es peor todavía, ya que todas las mujeres llevan el pelo corto porque ‘resulta tan práctico’. Cuando ve a una pareja de espaldas, un inmigrante francés se pregunta regularmente quién es la mujer y quién el hombre.
Algunos elogios
En cuanto al carácter de las mujeres holandesas, afortunadamente, también hay palabras de elogio. Se reconoce que tienen mentalidad abierta, son cariñosas, no son celosas y se puede mantener con ellas una buena conversación porque son inteligentes.
Tampoco van detrás de los hombres por su dinero (algo que, según un israelí, no se puede afirmar de sus compatriotas femeninas), son fuertes, hacen arreglos en casa y no son caprichosas.
Directa y poco diplomática
Y sin embargo, también en la conducta se asemejan peligrosamente al hombre holandés, pues son mal habladas, dominantes e insuficientemente diplomáticas. Un director de cine belga observa que “quieren ser quienes mandan, y trabajan preferiblemente con hombres de baja estatura.” También se les critica por no saber ser seductoras. Por supuesto que trabajan muy poco, convierten injustamente a sus hijos en el centro de sus vidas y, para colmo de males, son incapaces de mostrarse hospitalarias o amables.
Ninguna compasión
La autora del libro, Santje Kramer, no siente ninguna compasión por esas pobres mujeres holandesas. Al contrario, coincide completamente con las críticas de los extranjeros. ‘Por supuesto que el clima holandés no se presta mucho para un estilo elegante de vestir,” admite la escritora, en elegantes ropas y zapatos de tacón alto. “Somos mujeres que enfrentamos el viento y la lluvia en bicicleta. Pero, en el verano, las hay que, con faldas cortas, siguen llevando esas horribles botas de cowboy”. La afirmación de que se puede ser rústica y femenina a la vez es, en su opinión, un persistente malentendido.
Aun así, nunca había imaginado que los extranjeros tuvieran una imagen tan espantosa de la mujer holandesa. ‘Nos reprochan, por ejemplo, que no sabemos flirtear. Al escribir mi libro, comencé a prestar más atención a ese aspecto, y ahora noto que en la calle nadie mira al otro. Todos caminan con la mirada baja, como si dijeran ‘no te metas conmigo y te dejaré en paz’.
He aquí el individualismo holandés, que podría ser el tema de otro libro repleto de terribles críticas.

























¿Es más femenino llevar tacón alto que botas bajas?. ¿Quien lo dice?.
No puedo entender como el tacón alto, tan antinatural, puede ser utilizado por miles de mujeres en pleno siglo veintiuno.
En fin un viva por las holandesas.
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