Monterrey es la capital de Nuevo León, México. Durante décadas fue sinónimo de riqueza, buenos servicios, de un envidiable nivel de vida, aunque no para todos.
Zona industrial, santuario de la iniciativa privada y de grandes capitales, estaba más cerca de los Estados Unidos que del centro y del sur de México, y no lo digo sólo en sentido geográfico.
La metrópoli de clima extremo, desde hace años empezó a sufrir una transformación para mal. La delincuencia organizada poco a poco se fue apoderando de la Sultana del Norte. Las autoridades la toleraron, pactaron con ella, se volvieron cómplices y socios hasta que creció de tal forma que se les fue de las manos. La mafia antes salpicaba dinero; ahora salpica sangre.
Los policías sirven a un cártel o a otro. Son su brazo armado. El crimen organizado hace lo que le viene en gana en las narices de las “fuerzas del orden”.
Se sabe quiénes son los culpables de extorsiones, lavado de dinero, secuestros, robos y asesinatos. Sólo cuando hay una orden de Washington o una gran presión de la opinión pública nacional e internacional, entonces los culpables son capturados en cuestión de horas, como en el caso del Casino Royal, donde un grupo de individuos, presuntamente miembros del cártel de los Zetas, rociaron con gasolina una casa de juegos y apuestas que no había pagado “ protección”. En el incendio murieron 53 personas.
Como de costumbre, no había salidas de emergencia, no había permisos, el casino no cubría con los requerimientos de ley y tenía los permisos vencidos. La policía no acudió al siniestro a pesar de que dos patrullas estaban a doscientos metros de las columnas de humo. Los trabajadores de una obra cercana, hicieron con maquinaria pesada boquetes en la pared para que la gente pudiera escapar. Según un empleado del casino que sobrevivió al incendio, las puertas de emergencia estaban cerradas para que, según los dueños, “los malos no se metieran por ahí”. Una vez finalizado todo, llegaron tres mil soldados.
Los incendios por negligencia e imposibilidad de escape ya son comunes. Ya sucedió con la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora, el 5 de junio de 2009, donde los muertos fueron niños menores de cinco años. Los culpables, familiares de la primera dama, disfrutan de la impunidad que les da ser amigos y parientes del presidente. O el incendio en la tienda departamental Coppel en Culiacán Sinaloa (10 de noviembre 2010) donde las trabajadores murieron calcinadas pues los dueños las encerraron para hacer la auditoria en la noche y “para que no robaran nada”. Una muchacha de veintitantos años, logró llamar por teléfono a una amiga para pedirle “cuida a mi hijita como si fuera tuya”. La joven mamá ese día había regresado a trabajar; ese día terminó su permiso de maternidad.
En cualquier parte de México, si usted va a trabajar en la noche como plomero, vigilante, etcétera, tenga por seguro de que lo van a encerrar bajo llave.
Monterrey: ruta y tienda de droga, así como lavadora de dinero
El presidente Lázaro Cárdenas (1936-1940), prohibió los casinos en México. El general Cárdenas sabía que la ley seca norteamericana y las nueves leyes contra las apuestas, atraerían a las mafias norteamericanas a México como moscas a la miel. Los casinos, además de despelucar a la gente, sirven para el lavado de dinero. Medio siglo después (2005) a pocas horas de dejar el puesto de Secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda autorizó la apertura de casinos en México. El militante del Partido Acción Nacional y encargado de la seguridad nacional, le abrió aún más la puerta a la mafia a sabiendas del lavado de dinero y que los cárteles ya se disputaban rutas, aduanas, puertos y territorio. Ya había empezado la guerra por la plaza , como se dice en narcoñol.
Con la tragedia del Casino Royal, sieron muchas cosas a la luz, como el hecho de que muchos casinos en México operan sin permisos, o con permisos vencidos. Según la Sercretaría de Gobernación 60 casinos operan fuera de la ley en el estado de Nuevo León.
El 31 de agosto estalló el escándalo cuando llegó a la prensa, varios vídeos donde se ve a Manuel Jonás Larrazábal, hermano del actual alcalde de Monterrey, donde se percibe que en varios casinos recibe gruesos fajos de billetes en varios casinos, entre ellos el Casino Royal. El vídeo que llegó al diario Reforma fue filmado días antes del incendio. Entonces, la pregunta obligada es: ¿Si el Casino Royale fue incendiado por no pagar por protección, es acaso el hermano del alcalde de Monterrey el encargado de cobrar el así llamado pago de piso?
La Procuraduría General de Justicia del estado (PGJE) ya abrió una averiguación previa.
Moterrey no es ruta, pero si botín
Monterrey no es escala forzada en la ruta de la droga, pero es un mercado grande, un lugar donde se puede lavar dinero, y un lugar donde hay grandes ganancias por robos, secuestros, cobro de piso, prostitución, en fin, todo lo ilegal, todo lo prohibido.
Las ganancias por la reventa de drogas y por el lavado de dinero son tan grandes, tan inmensas que los miembros del crimen organizado son capaces de corromper policías, fiscales, jueces, gobernadores. Tienen un armamento aterrador y lo usan en contra de cualquiera que se les ponga enfrente. Por eso es tan importante quitarles el dinero, para que no puedan comprar ni armas, ni políticos, ni protección oficial ni a jóvenes desesperados.
En Monterrey, por ejemplo, esos malandrines son los nuevos ricos. Son los que visitan los restaurantes de lujo, las joyerías, las boutiques exclusivas, y sus hijos estudian en las universidades privadas más caras. Se mezclan y se codean con la vieja élite industrial.
Esta simbiosis entre las mafias y el poder local, estatal y federal pone en duda y en peligro al mismísimo Estado.
Al tiempo que el Estado mexicano se debilitó, el crimen organizado tomó su lugar, sustituyó instituciones a tal grado que en algunos Estados del norte de México, los delincuentes recaudan más dinero en extorsiones y secuestros que la Secretaría de Hacienda en impuestos.
Dinero fácil y muerte expres
En Monterrey, como en todo México, hay enormes contrastes entre los ricos y los pobres. La distribución de la riqueza es de lo más injusta. La filosofía neoliberal de que el Estado de bienestar no sirve porque no da ganancias, y que mientras menos Estado mejor para el dinero, muestra su cara más brutal. Los jóvenes encuentran en el crimen organizado las oportunidades de ascenso que el Estado no les da. A los ricos y a los pobres les gusta el dinero fácil. Sin embargo, en el caso de los jóvenes más abandonados a su suerte, el dinero rápido se traduce en muerte expres.
Marta Durán de Huerta, es periodista y socióloga mexicana























Es muy triste lo que esta pasando en Mexico,pais que para muchos latinoamericanos es muy importante por el avance que tiene en todos los niveles.Sean estos de trabajo, estudio e inversiones.Pero creo yo que no se han dado cuenta de la cercania de EEUU,pais que por lo general sus problemas
de drogas que tiene su población,se lo pasan a otros paises.El poder adquisitivo que poseen hace atractivo cualquier inicio en negocios turbios.
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