El rey de Marruecos, Mohamed VI, cumple diez años en el trono reforzando su hegemonía política y económica. Las tímidas reformas de sus primeros años quedan en meros pasos en falso.
Casablanca/Rosa Meneses*
Marruecos vuelve a la normalidad tras un largo puente. Las conmemoraciones por el décimo aniversario de la subida al trono del rey Mohamed VI dejan paso a la vida real. El país y sus habitantes vuelven a enfrentarse a sus problemas cotidianos. Atrás quedan los grandes fastos y las alabanzas al monarca en los medios de comunicación oficiales.
A la muerte de Hasan II, el 23 de julio de 1999, su primogénito fue entronizado con tan sólo 36 años. Desde entonces, cada 30 y 31 de julio se celebra la Fiesta del Trono. Este año, se organizaron fastuosas conmemoraciones en Tánger y Tetuán, que finalizaron con la ceremonia de la bey'a, en la que los notables del reino juran su fidelidad y sumisión al soberano.
La primera década de reinado de Mohamed VI ha transportado a los marroquíes desde la esperanza al desencanto. Las promesas de reformas que todos creyeron a últimos de julio de 1999 aún están hoy por cumplir. La transición ha quedado en vía muerta.
"Tendemos a olvidar que, si bien no fue una época brillante, los últimos años de Hasan II fueron años de apertura. Mohamed VI heredó de aquellos tiempos dinámicas positivas. En la década de los 90, por ejemplo, Hasan II amnistió a los presos políticos, celebró elecciones transparentes, puso al frente del Gobierno a un ex preso político, el socialista Abderramán Yusufi, y dejó florecer espacios de debate donde se fundaron revistas y periódicos independientes. En 1999 había una sensación de cambio. Pero hoy, 10 años después, vemos que Marruecos no se ha movido más que desde la dictadura hacia el autoritarismo", señala el periodista independiente Abubakr Jamaï, quien en 1997 fundó el periódico independiente 'Le Journal' y que desde 2006 se encuentra en el exilio.
Lejos de ahondar en el proceso de cambio -después de unas tímidas reformas- Mohamed VI ha reforzado su autoridad y extendido sus tentáculos en todos los ámbitos de la sociedad. "El rey está en el corazón de todo. Decide a todos los niveles sin que esté previsto ningún mecanismo de control democrático", señala un editorial del semanario 'Le Journal Hebdomadaire' en su edición del 1 de agosto.
"Uno de los mitos-trampa ha sido convercer a la opinión internacional de que Marruecos se encontraba en 1999 en una dictadura. El truco es poner a la gente en el marco del reinado de Hasan II de los 70, pero no en el de los 90, cuando el régimen registró una importante apertura", estima Jamaï. "La conclusión es que aquellas dinámicas positivas se han desacelerado, cuando no detenido. Hay signos de que Marruecos avanza más despacio que antes e incluso regresiones", añade Jamaï.
Pasados los 'años de plomo' de Hasan II, las víctimas de las exacciones han sido rehabilitadas. Sin embargo, el Estado no ha asumido ninguna responsabilidad sobre lo ocurrido. En enero de 2004, Mohamed VI creó la Comisión de la Verdad, encargada de revisar las violaciones de los derechos humanos entre 1956 y 1999. En paralelo, la Instancia Equidad y Reconciliación (IER) realizó un trabajo de revisión que culminó en un informe, en 2005, con importantes recomendaciones.
"Es cierto que ha habido cierto desarrollo en materia de derechos humanos, nadie lo niega. Pero hay que decir que se han producido hechos negativos y que el Estado ha retrocedido en algunos aspectos", asegura Abdelkrim Manouzi, un importante activista contra la tortura. "Las recomendaciones de la IER no se han concretizado. Hoy, la verdad sobre las condiciones de los desaparecidos y los responsables de las exacciones no ha salido a la luz", añade.
Para Manouzi, existe en el régimen una "resistencia a la verdad". "Ciertos responsables de los servicios de seguridad rechazan colaborar y arrojar luz sobre la verdad. Y la razón es que cierto número de responsables de aquellas violaciones se encuentran aún en el cargo", afirma el activista, médico de profesión, desde su consulta en Casablanca.
Desde los atentados terroristas ocurridos en mayo de 2003 en Casablanca, en los que murieron 45 personas, se observa una regresión en las libertades públicas y los derechos humanos. "La tortura, que era generalizada durante la época de Hasan II, se centra en blancos más concretos: sospechosos de terrorismo, estudiantes y sindicalistas", considera Manouzi. "Hay un gran riesgo de que la etiqueta del terrorismo se utilice contra todo lo que huela a oposición", agrega.
Otra de las medidas efectistas de Mohamed VI que han quedado en el aire es la reforma del Código de Familia, la 'Mudawana'. El estatuto, que databa de 1958, consagraba la obediencia de la esposa al marido en nombre del Corán. La reforma presentada por el propio rey ante el Parlamento y aprobada por la cámara en enero de 2004 -no sin serios debates y oposiciones de los islamistas- introducía mejoras en la situación de la mujer.
Por ejemplo, elevaba la edad mínima para contraer matrimonio a los 18 años. Daba el derecho a la mujer para elegir marido y otorgaba a la esposa la capacidad de pedir el divorcio. Sin embargo, la realidad se aleja -una vez más- del papel. Stephanie Bordat, directora para el Magreb de la ONG Global Rights, explica desde Rabat que el principal problema de la Mudawana es su aplicación. "Los jueces no aplican el código uniformemente en todo el país. No hay mecanismos de control y los problemas de la corrupción se unen a la falta de preparación de los magistrados para interpretar las leyes basadas en el derecho islámico", explica.
Además, la Mudawana deja mucho que desear en algunos aspectos. No prohíbe la poligamia, sino que permite al esposo casarse de nuevo si obtiene un permiso judicial y acredita que puede mantener a sus mujeres en igualdad de condiciones. En el caso del divorcio, la supuesta equidad entre esposos es falsa: los hombres pueden obtenerlo sin alegar razones, mientras que las mujeres han de justificarlo ante el juez.
Otra cuestión que resta valor a la Mudawana es, según Bordat, que "no se han enmendado sus cambios en el Código Penal", con lo que la mujer sigue anclada al pasado. Aún así, no deja de ser cierto que el Código de Familia presenta algunos avances, y más si se compara con el vigente en la vecina Argelia. Pero deja mucho que desear si la comparación se hace con Túnez.
Mohamed VI se 'coronó' en 1999 como 'el rey de los pobres'. Diez años después, los desequilibrios socioeconómicos en Marruecos siguen siendo abismales. El monarca alauí es hoy el séptimo soberano más rico del mundo, según la revista 'Forbes'. Justo por detrás de los emires que asientan sus tronos sobre las vastas reservas del Golfo Pérsico y por delante de la monarquía británica.
Su fortuna asciende a 2.500 millones de dólares. En esta década, se ha multiplicado por 10, según señala Fedwa Turnassi en el último número de la revista 'Le Journal'. La prevalencia de la Casa Real nunca ha sido tan fuerte desde el advenimiento de M6 -como lo llama la prensa francófona-. "Dueño de la fortuna más importante del país, el soberano es al mismo el primer emprendedor, el primer banquero, el primer explotador agrícola...", destaca Turnassi.
Los negocios del rey representan el 6% del PIB. Mientras, Marruecos ocupa la posición 108, en términos de riqueza por habitante, según la clasificación de la ONU. El sueldo mínimo de un trabajador no es mayor que 200 euros al mes y el nivel de precios en ciudades como Casablanca -la capital económica del país- es equiparable al de Madrid. El desempleo alcanza cifras elevadas e incluso afecta a los jóvenes diplomados: el 68% de los parados son titulados universitarios, según cifras de 'L'Economiste', el principal diario financiero del país.
"El rey ha establecido su hegemonía en todos los aspectos de la sociedad", afirma Jamaï. Además de su poder económico, el poder político del monarca es ilimitado. Nombra al primer ministro y a los cinco responsables de los ministerios más importantes, como Interior o Exteriores. No está sometido a ningún control ni evaluación.
A través de un círculo de colaboradores íntimos, el rey controla la esfera política en un entorno altamente corrupto y desprestigiado a los ojos de la opinión pública. El ejemplo de las pasadas elecciones locales, en junio de este año, es ilustrador. El Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), creado por Fuad Ali el Himma (compañero de M6 en el colegio real y ex ministro delegado de Interior) obtuvo importantes resultados. El PAM es además mayoría en el Parlamento.
El contencioso del Sáhara Occidental tampoco ha vivido signos de mejora con Mohamed VI. Si bien su ascenso al trono levantó esperanzas, el deterioro de los derechos humanos en el territorio anexionado en 1975 es evidente y ha sido documentado por asociaciones como Human Rights Watch.
M6 presentó en 2006 un plan de autonomía para la ex colonia española y se embarcó en negociaciones directas con el Frente Polisario. Interrumpidas el pasado agosto, deberán reanudarse en unos días en Austria. El 30 de julio, en su discurso con motivo de sus 10 años en el trono alauí, Mohamed VI anunció un proyecto de regionalización del país. Según el soberano, el Sáhara Occidental deberá ser el pionero. De este modo, el rey intentará imponer la autonomía en el territorio sin contar con la ONU y enterrando para siempre las tesis independentistas que defiende el Polisario.
"La única oportunidad de Marruecos para convencer a la comunidad internacional de que permitiera su soberanía en el Sáhara Occidental era su democratización. Igualmente para los saharauis", asegura Jamaï. Como demostró la 'intifada' (levantamiento) saharaui en mayo de 2005, Marruecos ha perdido esa oportunidad. La solución al conflicto, actualmente en un impass es todavía lejana.
* Rosa Meneses es periodista del diario español 'El Mundo'





























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