“Microfinanzas es una trampa para la pobreza”. Al menos ese es el argumento que plantea Milford Bateman en su libro “¿Por qué no funcionan las microfinanzas? El auge destructivo del neoliberalismo local”. Eric Beauchemin ha hecho una cantidad de videos sobre las microfinanzas y ahora analiza el libro de acuerdo a sus propias experiencias.
Por más de tres décadas el mundo ha sido llevado a creer que las microfinanzas son el mejor método para mejorar la vida de la gente pobre. Bateman hace un repaso a la historia de los microcréditos desde sus humildes orígenes en Bangla Desh en los años 70, hasta su situación actual como uno de los mejores métodos del mundo para eliminar la pobreza. Bateman argumenta que la noción idealista original de las organizaciones de microfinanza cambió en los años noventa como consecuencia de las políticas liberales. “Organizaciones de microfinanzas,” escribe, “se han transformado en negocios financieros privados movidos por la idea de la convencional maximización de las ganancias."
Opulentos estilos de vida
Yo he visto un ejemplo de lo que Bateman llama, la “microfinanza de la nueva ola” cuando visité Ghana el año pasado. El Fondo Sinapi Aba es una de las instituciones más importantes de microfinanzas y está orgullosa de estar ampliando su base de clientes. A pesar que el Fondo se presenta a sí mismo como una organización cristiana sin ánimo de lucro, cobra prácticamente los mismos intereses que el banco local. Cuando visité las lujosas instalaciones de la organización vi una flota de coches Mercedes Benz y otros automóviles caros en el estacionamiento. Cuando pregunté al director ejecutivo acerca de esta aparente contradicción, me aclaró que Sinapi Aba es un negocio y “si no pagamos bien a nuestro empleados, se irán a bancos privados.
Pero esto palidece en comparación con otra organización de microfinanzas citada por Bateman. “Compartamos” es una institución de microfinanzas que generó una enorme cantidad de dividendos para los inversionistas: entre el año 2000 y 2006 los ingresos alcanzaron una media de más del 50 por ciento. Los 12 directores y ejecutivos de Compartamos se pagaban a sí mismos generosos salarios por sus esfuerzos. En 2006 se embolsaron un promedio de 200.000 dólares cada uno. (El promedio de ingresos para una familia mexicana es de alrededor de 6.500 dólares al año.)
Trampa de pobreza
Mientras los directivos de las instituciones de microfinanzas de la “nueva ola” se llenan de dinero, escribe Bateman, sus humildes clientes permanecen sumidos la pobreza. “No hay pruebas concretas que avalen las muy difundidas afirmaciones en el sentido que las microfinanzas conducen a un desarrollo económico y una disminución de la pobreza." De hecho, él sostiene que las microfinanzas perpetúan la pobreza ya que utiliza fondos que podrían ser utilizados para estimular empresas pequeñas y medianas. Esas compañías, piensa, tienen muchas más posibilidades de crear empleos para los pobres.
El cliente del Fondo Sinapi Aba que visité en Ghana ciertamente no ha experimentado un avance demasiado grande en su vida. Comfort Azelima había recibido seis préstamos para su negocio de tejidos. Me fue presentado por el Fondo como una de las historias de éxito, aunque trabaja al costado de un camino sin un techo sobre su cabeza. Ella dice que los préstamos que ha recibido son demasiado pequeños para que su negocio realmente pueda prosperar. Asegura que tenía planes mucho mayores que no parece estar haciendo demasiado ella misma para poder llevarlos a cabo.
Pero también he visto los beneficios de las microfinanzas. En Kenia, por ejemplo, encontré a una mujer que solía trabajar de prostituta en una de las barriadas más grandes de la capital. Gracias al microcrédito ahora cose vestidos y es la orgullosa propietaria de una casa nueva. La vida podría ser mejor, dice, pero es infinitamente mejor que lo que era.
A veces irritante
Bateman pasa mucho tiempo condenado el neoliberalismo, hasta el punto que llega a irritar, y la microfinanza de la “nueva ola”. Pero en su favor hay que decir que ofrece alternativas. Presenta ejemplos de modelos de financiación locales en una variedad de países que incluyen Venezuela y Vietnam, que han causado un impacto positivo entre los pobres y en el resto de la sociedad. Por ejemplo, en Venezuela las autoridades han creado una serie de redes de cooperativas de agricultura, mercado y trabajadores. Gente pobre recibe préstamos bajo la condición de que sus “micronegocios,” pasen a integrarse a alguna de las redes con el fin de que toda la sociedad se pueda beneficiar.
La microfinanza no es la raíz de todos los males, como se podría pensar a veces leyendo el libro de Bateman, pero el autor presenta convincentes argumentos acerca de sus deficiencias. Éstas podrían llevar a cualquier persona interesada en el tema a formularse serias preguntas. Pero, claramente, las microfinanzas no son la gallina de los huevos de oro como muchos han llegado a creer.























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