En Nicaragua el microcrédito está causando cada vez más problemas económicos. Así lo afirma Stefan Platteau, consejero en el área del micro financiamiento. Una de las causas del problema es la agresividad de los otorgadores de crédito, que entregan sumas importantes sin estudiar las posibilidades de devolución de los beneficiados.
‘Lo barato sale caro’. Así describe Stefal Platteau lo que está sucediendo con los otorgadores de microcréditos, que los entregan demasiado rápido y por sumas más altas de lo adecuado. Platteau lleva 20 años como consultor en el área y actualmente trabaja para la oficina de consultoría Triodos Facet en Nicaragua. Este país centroamericano es desde años muy popular entre las instituciones de micro financiamiento.
Nicaragua es uno de los países más pobres de Latinoamérica y siempre ha recibido ayuda para el desarrollo. Un 80 por ciento de las familias tiene un microcrédito. Con un total de 400 millones de dólares en créditos, es el país con más deuda de este tipo en Latinoamérica, y a la vez una de sus economías más pequeñas.
Dinero quemante en el bolsillo
Nicaragua se ha convertido en un mercado saturado. ‘Cualquiera que ofrece un producto quiere vender más que nadie’, explica Platteau: ‘y esto también vale para los ofertantes de microcréditos. El dinero les llega de los fondos de inversión y les quema en los bolsillos, quieren deshacerse de él lo más pronto posible. Esto los lleva a buscar de manera agresiva nuevos clientes’, algo que podría parecer contradictorio en relación con sus metas ideales, pero no siempre es así. ‘Su razonamiento es simple: tengo la misión de proveer servicios financieros a la gente pobre, y la cumplo mejor con 10 mil clientes que con 3 mil. El aumento de la cartera de clientes es por lo tanto una parte del éxito de la misión social’, dice Platteau.
Cuando se trata de mercados recién abiertos, no hay problemas, agrega Platteau. Pero, después de muchos años de crecimiento, como es el caso de Nicaragua, la mayoría de la población ya cuenta con un microcrédito. ‘Aquí los ofertantes pueden hacer dos cosas: irse a otro lado o decir que su producto es mejor que otros. Su mensaje suele ser: tome otro crédito, ¿o acaso no necesita dinero extra?’. Una persona pobre no se demora mucho en decir ‘sí’, y se compromete con un crédito que está por encima de sus posibilidades. Alguien que para su pequeño negocio necesita 5 mil córdobas toma un crédito por el doble. Invierte los primeros 5 mil en el negocio y el resto en un radiorreceptor o el uniforme escolar de sus hijos. ‘Esto último no supone ganancia alguna, por lo que no es extraño que después de un tiempo esta persona enfrente problemas para pagar lo adeudado”.
Deudas atrasadas
Según Platteau no se trata de un problema mundial, pero también se ve en otros países donde el microcrédito ha tenido una promoción extraordinaria, entre ellos Kirguizistán y Ecuador. Platteau dice que todavía no se han analizado con detención las consecuencias del microcrédito, pero que es evidente que hay decenas de miles de clientes con deudas impagas. ‘Algunos de ellos buscan refugio en el Movimiento No Pago, que reúne a personas que se niegan a devolver el crédito’. Ante esta situación, desde hace algunos años Platteau presta especial atención a quienes reciben los microcréditos, para hacerlos más conscientes sobre el uso del dinero y las responsabilidades que conlleva la aceptación de un crédito.
Víctima de su propio éxito
Entre las instancias que otorgan microcréditos han comenzado a sentirse también efectos negativos. Hace dos meses, el Banco del Éxito se hundió a causa de su ‘éxito’. ‘Este banco fue uno de los causantes del problema’ dice Platteau. ‘Creció de manera desmedida. Recibía grandes sumas de los fondos internacionales y las colocaba en el mercado de manera muy agresiva’. Gracias a la quiebra de este banco en Nicaragua se comenzó a reconocer que hay un problema, lo que todavía no significa que haya una solución a la vista. Si los fondos decidieran retirar su dinero, los otorgadores de créditos se encontrarían con las manos vacías. ‘En este caso el problema sería en realidad mucho mayor’, asegura Stefan Platteau.
























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