Aprender a ahorrar es parte del proceso de solicitud de un microcrédito para pequeños empresarios en Honduras. A comienzos de julio, Radio Nederland publicó un video sobre los cursos de entrenamiento financiero en este país, líder latinoamericano en el tema. Klaas Molenaar, jefe de la Red Europea de Microfinanzas, sostiene que estos cursos, a pesar de sus buenas intenciones, presentan inconvenientes.
Los clientes de bancos e instituciones de microfinanzas deben estar conscientes de los efectos que tendrá el crédito en su vida personal. Lo mismo vale para los clientes de programas de microfinanzas, y esto fue bien entendido en Nicaragua y Honduras.
En el programa Promifin se presta gran atención a la educación financiera, tal como muestra el video recientemente publicado en el sitio en Internet de RNW. La gente más pobre necesita claridad sobre las consecuencias de la obtención de un microcrédito, o dicho con mayor precisión, una microdeuda.
Mayor asertividad
Mediante la radio, juegos de rol, cursos de entrenamiento, manuales y folletos, se les explica a hombres y mujeres la importancia de mantener sus cuentas claras. Incluso se les dice que el ahorro es más importante que un pequeño préstamo. Hasta ahora el resultado es el siguiente: más gente que ahorra, mejor devolución de los préstamos, mejor desarrollo de los negocios y personas más asertivas. En resumen, una excelente iniciativa que podría ser introducida en otros países. Hace a las personas menos dependientes de las instituciones de microfinanzas y las predispone a hablar claro.
Estas personas comienzan también a cuestionar el alto costo de los préstamos. Pero asistir a estos cursos implica también gastos económicos y de tiempo. Tiempo y energía que necesitan para trabajar sus tierras o administrar sus negocios.
La otra cara de la moneda
También hay que mirar la otra cara de la moneda: ¿tienen realmente estas personas la libertad de decidir si asisten o no a estos cursos de entrenamiento? ¿Lo ven como una necesidad para obtener un microcrédito? Y cuando un proyecto de Promifin llega a su final: ¿quién cubre los gastos? ¿debería pagar el cliente por este entrenamiento? ¿Deberían incluirse en los intereses del crédito?
¿Quién debería hacerse responsable de la organización y entrega de esta educación financiera? ¿Las instituciones de microfinanzas, el gobierno, o quizás la comunidad de donantes? Personalmente creo que es una tarea del gobierno. La educación formal debería preparar a las personas para participar en una sociedad en movimiento permanente, donde las finanzas se han convertido en un factor importante de nuestra vida cotidiana.
Obligación moral
Si los administradores y líderes de las instituciones de microfinanzas fueran personas socialmente responsables, ¿necesitaríamos este entrenamiento adicional? ¿No deberían ellos tener la obligación moral de no ofrecer créditos a gente pobre cuando vieran que podría causarles problemas?
La sociedad podría igualmente aprender algo de la experiencia en Honduras. La educación financiera se está haciendo popular en los programas de microfinanzas, pero podría ser también de utilidad para todos aquellos que solicitan servicios de bancos y otras instituciones financieras. Demasiado a menudo no entendemos los efectos que tendrán sobre nosotros mismos los productos que queremos comprar.

























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