Por vez primera en la historia moderna de México se debate la posibilidad de la legalización del uso de drogas.
Era una idea que se hablaba entre pasillos, pero ayer pasó de ser un rumor a tomar forma. La dio a conocer un Felipe Calderón agobiado por la cifra de 28 mil muertos por la violencia de los cárteles del narcotráfico: tantas cruces lo arrinconan al extremo de aceptar, por vez primera, la discusión pública sobre la "legalización"."Tengo mis dudas de que sea algo que vaya a funcionar", comenta el experto Raymond Buve, investigador especializado en México. "Pero lo que esto demuestra es que Calderón admite, de forma indirecta, que su estrategia contra los cárteles no está dando los resultados esperados".
Cuando en 2006 asumió la presidencia de México, Felipe Calderón fraguó un plan de combate frontal contra los cárteles de la droga. Algo así como un gran vendaval de policías y militares que si bien han conseguido importantes bajas dentro de las estructuras de mando de los cárteles, han desatado, al mismo tiempo, un gran baño de sangre y niveles de violencia nunca antes vistos en México.
"Pero la eventual legalización no conduce necesariamente al apaciguamiento de las violencias que vemos", explica Buve. En un tono más categórico dice que "los cárteles posiblemente aprovecharán la legalización para ver cómo venden más y para ello asegurarse el control de las plazas, de los centros de abastecimiento".
La idea de la legalización proviene de distintos sectores de la sociedad mexicana, especialmente de organizaciones no gubernamentales como México Unido contra la Delincuencia, y Causa Común.
Una discusión curiosamente apoyada por grupos tan conservadores como la misma Iglesia Católica mexicana y emblemáticos líderes de la oposición política; seguramente rebasados por tanta sangre perdida por la narcoviolencia, sus rivalidades y poder creciente.





























El presidente Dwight D. Eisenhower testimonio que en Estados Unidos un solo consorcio entre la gran industria y el gran aparato militar (Military-Industrial Complex: MIC) crear situaciones artificiales de guerra con el objetivo de aumentar al máximo la producción bélica y llevar a límites astronómicos las ganancias de sus industrias, de las que jefes políticos y militares reciben sus grandes dividendos secretos.
Cada uno del grupo de los 8 tiene su tajada en ese negocio hipocrita
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