El refugiado político Mesfin Aman (31) vive ahora en Haarlem (Holanda). Desde allí continúa su lucha contra los gobernantes de su Etiopía natal. Escribe artículos críticos de opinión, hace radio pirata y recauda fondos de la diáspora etíope.
En 2006, el Gobierno neerlandés le concedió asilo político. Mesfin, politólogo y economista, huyó de Etiopía en 2005. A raíz de las controvertidas elecciones de ese mismo año, las fuerzas de seguridad mataron a casi 200 personas, y otras miles fueron encarceladas.
Como estudiante, Mesfin participó en la fundación del movimiento político Ginbot 7, así llamado en referencia al 7 de mayo, día de las elecciones. Su implicación en la formación de ese grupo le costó la libertad. Mesfin fue acosado, detenido y torturado.
A finales del año pasado, Mesfin escuchó el veredicto que el tribunal etíope pronunciaba contra él: pena capital por su participación en un intento de golpe de Estado.
Etiopía se prepara ahora para nuevas elecciones, previstas para el día 23 de mayo. El primer ministro Meles Zenawi ha estado gobernando este país del oriente africano desde que el antiguo régimen militar fuera derrocado en 1991. Su gobierno mantiene sometida a la sociedad civil etiope.
Gobierno etíope acusado
El gobierno etíope ha sido acusado por Estados Unidos y
Human Rights Watch de detener a Mesfin Aman y a otros miembros de Ginbot
7 sin cargos. También se les habría negado el acceso a la familia
y habrían sido torturados durante su detención. Las autoridades etíopes niegan rotundamente estas acusaciones: "Es bien conocido que los detenidos han sido visitados por sus
familias según dispone la ley. Además, nunca fueron maltratados. "
De acuerdo con el gobierno etíope, Ginbot 7 es un grupo terrorista
que conspira junto al gobierno de Eritrea para desestabilizar el
país.
Mesfin ha perdido las esperanzas que le quedaban de que su país se dirigiera hacía el cambio democrático: "Este gobierno sólo puede ser expulsado por las armas." Radio Nederland habló con él.
Radio Nederland: Éstos son unos pensamientos bastante radicales ...
Meles Zenawi: No es muy civilizado, lo sé. Pero no hay alternativa. Intentamos la vía pacífica, pero no funcionó. Si usted me pregunta, aquellos días ya pasaron. Creo que este gobierno tiene que ser expulsado de forma inmediata, sea de la manera que sea. Incluso aunque ello implique la violencia.
RN: Usted era un estudiante activo políticamente. ¿Qué ocurrió después de las elecciones de 2005?
MZ: Aquel año, lo perdí todo. Me echaron de la universidad y perdí mi trabajo en Naciones Unidas. Acabé en la cárcel, donde fui torturado. Afortunadamente, mis profesores de la universidad consiguieron ponerme en libertad.
RN:¿Y fue entonces cuando abandonó el país?
MZ: No. En realidad me quedé, pero fui arrestado nuevamente mientras tomaba café con un amigo en un bar local. Un hombre entró en el bar y me pidió que saliera para conversar. Me negué, pero no tenía elección. Fuera había un grupo de hombres que me estaba esperando. Traté de escapar, pero me agarraron, me golpearon y me arrastraron hasta su coche. Mis gafas se rompieron por la mitad. Me llevaron a un lejano edificio, que no era precisamente una oficina de policía.
RN:¿Que ocurrió allí?
MZ: Me interrogaron. Un agente agarró mi mano y me preguntó si yo había escrito artículos críticos sobre el gobierno. Le dije que sí. Fue entonces cuando cogió un punzón y me atravesó la mano. Había sangre por todas partes. En los golpes que siguieron, perdí el conocimiento.
RN:¿Terminó de nuevo en la cárcel?
MZ: No. Aquella noche me desperté en el bosque cercano a Addis Abeba. Supongo que querían deshacerse de mí de esa manera. Por allí abundan las hienas, ¿sabe?. Conseguí levantarme y llegar a una casa. Allí se ocuparon de mí y me llevaron a un hospital donde fui tratado de mis riñones heridos. Las palizas los habían destrozado.
RN:¿Cuándo decidió huir?
MZ: Cuando estaba en el hospital. Allí podía escuchar la radio y ver la televisión. Sabía que la situación empeoraba por momentos. Las autoridades estaban arrestando a muchos de sus oponentes, como periodistas y líderes de la oposición. Así que pensé: tengo que salir de aquí. Logré llegar caminando hasta el norte de Kenia y viajar montado en la parte superior de camiones. Me recogieron miembros de Naciones Unidas y me llevaron a Nairobi. Con el tiempo, el gobierno holandés se mostró dispuesto a concederme el asilo.
RN: Una vez que usted consiguió ponerse a salvo, ¿qué ocurrió con su familia?
MZ: Estoy muy preocupado por ellos. Están en la clandestinidad y sé que corren un continuo riesgo: el padre de uno de mis compañeros de partido - que vive en el exilio en Gran Bretaña - fue arrestado recientemente. Afortunadamente, mi padre vive en Washington. Pero mi hermano vive en Etiopía, en constante temor. Pero lo peor de todo es que mi familia no se mezcla en absoluto en asuntos políticos. Yo soy único responsable.



























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