Según estadísticas elaboradas por Amnistía Internacional durante el 2008, en Argentina al menos una mujer muere víctima de la violencia de género cada tres días.
El dato surge a partir del recuento de los casos de violencia contra la mujer que fueron publicados en la prensa gráfica y en Internet durante el año pasado. Pero comparar estos datos con las denuncias reales es imposible porque, en Argentina, no existen estadísticas nacionales unificadas que aporten datos sobre la violencia de género. Entonces, si tenemos en cuenta que no todos los casos de violencia contra la mujer se denuncian y mucho menos se publican, la cifra real es incalculable.
Escuche aquí el informe:
Otra de las conclusiones del estudio realizado por Amnistía es que la mayoría de los medios de comunicación argentinos utiliza eufemismos y estereotipos cuando presenta historias de violencia de género. Cuando una mujer es asesinada por su esposo, generalmente hablan de “crimen pasional” y no de violencia contra la mujer. Estos términos confunden a la opinión pública y hacen que las personas encargadas de desarrollar políticas públicas o legislación desconozcan la dimensión real de los crímenes contra las mujeres. Además, lo que la prensa publica y la manera en que lo hace inciden directamente sobre las víctimas. Lo explica Rafael Barca, director ejecutivo de Amnistía Internacional en Argentina.
“También analizamos cómo se reflejaba la violencia de género,” comenta, “y nos parecía importante que tanto términos como ‘crimen pasional’ como la visión muy simplista de lo que era la violencia de género son algo que se debe cambiar. Sobre todo porque a través de la prensa, la sociedad y las víctimas de violencia ven cómo es ese reflejo. Y ese reflejo hay que cambiarlo.”
Barca asegura que, al leer las notas que se publican en la mayoría de los medios, las víctimas no ven reflejada la violencia que les ocurre como una violación de sus derechos. “Muy pocas veces se les dice que ellas no son las culpables o que hay salida. Muy pocas veces se les da herramientas, como números de teléfono de ayuda o nombres de organizaciones sociales. Muy pocas veces se pone el énfasis en el victimario, es decir, en aquel que asesina. Siempre —o la mayoría de las veces—, la nota va sobre la mujer, sobre cómo era la vida de la mujer, los antecedentes, etcétera. Generalmente, no son notas ‘redondas’ que analicen las diferentes aristas que tiene el problema, sino simplemente un pantallazo. Aparecen frases como ‘ella murió’ o ‘había problemas’, y ahí se murió la nota”, explica. Sin embargo, cuando se publican otras notas sobre otros tipos de violencia, como la violencia en las calles, Barca señala que las notas analizan si hay un patrón, si el crimen ya ocurrió en ese barrio, cuál es la política del Estado, si hay debates acerca de bajar la edad de imputabilidad. “Es decir que se presentan los diferentes aspectos que tiene esa violencia. Eso no ocurre en general en los casos de la violencia de género,” señala.
‘Noticias que salvan vidas’
Durante la investigación, Amnistía comprobó que los manuales de estilo de los medios periodísticos argentinos no incluyen recomendaciones acerca de cómo cubrir las noticias relacionadas con la violencia de género. El único antecedente que encontraron es el decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia contra las mujeres elaborado por la Red PAR, Periodistas de Argentina en Red por una comunicación no sexista
Ante esa falta, decidieron redactar el manual periodístico ‘Noticias que salvan vidas’, una guía práctica para la cobertura de las noticias de violencia contra las mujeres. La periodista Silvina Molina, integrante de la Red PAR, fue la encargada de llevar adelante este proyecto de Amnistía de Argentina. Según explica, hay algunos “mitos” que el periodismo impuso y se deben derribar, como el hecho de identificar a los crímenes de mujeres como ‘crímenes pasionales’. “Los asesinatos de mujeres o los golpes hacia las mujeres no son crímenes pasionales. Son violaciones a sus derechos humanos, a sus derechos como mujeres. Son delitos, y tenemos legislación que dice claramente qué es un delito. Creo que tenemos que empezar a hacer más visibles a las mujeres en los medios de comunicación, porque hay mujeres que cumplen roles muy importantes y no siempre son mostradas por la prensa. Sólo son noticia las mujeres que aparecen muertas,” asegura.
Para la periodista, los medios deberían ayudar a destacar que ninguna mujer se queda en una situación de violencia porque le gusta. Y además, señala que la prensa debería utilizar varias fuentes de información para contar esas historias. “No podemos quedarnos con sólo con la fuente policial. Necesitamos ampliar nuestras fuentes de cobertura para romper con los mitos, porque quizás esa fuente tiene los mismos prejuicios y estereotipos que después reproducimos en nuestros medios. No es fácil, en absoluto, pero es todo un desafío. Se logró en otros países. España lo ha conseguido. Hoy es impensable que un medio español titule ‘crimen pasional’. Es todo un cambio cultural que los medios tienen que ir mostrando”, cuenta Molina.
Capacitación y responsabilidad profesional
El manual, que está disponible en la página web de Amnistía en Argentina ofrece herramientas para la cobertura de noticias de violencia de género, sugerencias para distintos abordajes periodísticos del tema, una guía con pautas para entrevistar a mujeres víctimas de la violencia, un glosario y un listado de fuentes de información.
El trabajo fue presentado durante dos talleres de capacitación para periodistas de distintas ciudades del país. El deseo de los autores de esta iniciativa es que, con estas herramientas, cualquier periodista pueda reflexionar acerca de la forma de abordar las notas sobre violencia contra las mujeres, y que además pueda promover el debate dentro de su propio medio. “Así como vinieron periodistas de las distintas secciones a hacer capacitaciones, creo que los editores y quienes tienen la decisión en los medios también tienen que capacitarse. Por lo menos, el manual está a disposición por si tienen ganas de leerlo, de hacer preguntas y cuestionamientos. Así como toman algunas decisiones, sería bueno que dijeran: ‘En esta redacción, no se usa más crimen pasional’. He escuchado a un editor de un medio provincial muy importante que dijo: ‘Yo me preocupé en investigar sobre el tema, en cuestionarlo, en hacer preguntas, y di la orden de que no se usara más la frase crimen pasional’. Esos avances se están viendo. Y también hay que formar a los estudiantes de periodismo, para que los chicos y las chicas que llegan a las redacciones ya vengan con esa formación,” propone Molina.
Mujeres argentinas desprotegidas: ‘Muy tarde, muy poco’
El manual forma parte de una serie de acciones que Amnistía Internacional viene realizando en Argentina en contra de la violencia contra las mujeres. En el 2007, lanzó una campaña para pedirle al Gobierno que actuara urgentemente “para abordar la violencia que sufren las mujeres”. En un informe presentado el año pasado, titulado ‘Muy tarde, muy poco’, la organización denunció que en Argentina las mujeres están desprotegidas ante la violencia de género, a la que considera “una violación generalizada de derechos humanos que necesita una respuesta urgente, comprometida y sistemática por parte del Estado”.
“El informe presenta una serie de sugerencias detalladas que responden a compromisos que el Estado argentino tiene al haber firmado, por ejemplo, la Convención de Belém do Pará y otros instrumentos contra la violencia contra la mujer y la discriminación de la mujer, tanto de la ONU como de la OEA,” explica Rafael Barca, director ejecutivo de Amnistía en Argentina. Las recomendaciones que le hicieron al Estado argentino eran utilizar el sistema educativo para cuestionar los prejuicios, crear una base de datos nacional unificada sobre la violencia contra las mujeres, convocar una mesa redonda nacional sobre la eliminación de la violencia de género, unificar las políticas públicas de prevención y contención a escala nacional y fomentar que los líderes sociales hablen del tema. “Vemos que hay algunos servicios que sólo son accesibles en algunas provincias o en la capital, cuando la obligación del Estado con la mujer es igual en todo el Estado. No hay un sistema estadístico nacional que nos informe cuál es la realidad que sufren las mujeres: cuántas mujeres mueren, cuántas sobreviven con heridas, cuántas entran y salen de los hospitales. Esas cifras son importantísimas no solamente para que se sepa la escala real del problema, sino para que las autoridades puedan diseñar políticas públicas efectivas. Si no se sabe lo que pasa, no se puede solucionar. Y también, que los líderes políticos y sociales, la Presidenta, los gobernadores, los obispos o toda aquella persona que pueda tener una llegada social denuncie a la violencia contra la mujer como una violación a los derechos humanos que el Estado argentino no va a tolerar,” precisa Barca.
Violación de los derechos humanos
El marco normativo argentino e internacional encuadra a la violencia de género como una violación de los derechos humanos. Sin embargo, en muchos casos, se intenta restringirla al ámbito privado, como si se tratara de una problema que sólo debe resolverse puertas adentro. “Lamentablemente, hay una aceptación, una justificación de la violencia contra las mujeres que responde a criterios culturales aceptados, relacionados con roles de la mujer y del hombre, con un lugar y un espacio en el cual la mujer puede desarrollarse y un rol al que debe atenerse,” explica Gabriela Boada, coordinadora de campañas de Amnistía en Argentina.
Históricamente, según Boada, la mujer ha querido salir de ese rol. “Cuando comienza a tener una vida pública más fuerte, más sólida, hay un costo muy importante. Ahí es donde surge una mayor violencia hacia las mujeres para intentar mantenerlas en un cierto rol socialmente aceptado y que se considera que es el correcto”. En Argentina, señala Amnistía, la violencia contra las mujeres es una realidad, pero no figura en la agenda de Estado. Por eso, la estrategia de la organización apunta a instalar la violencia de género como una problemática a nivel social, a la que toda la sociedad tiene que hacerle frente, y que es consecuencia de la discriminación de género hacia las mujeres que existe en todos los estamentos sociales. “Entonces, nuestro trabajo se basa fundamentalmente en poner este tema en la agenda de Estado, en la agenda de Gobierno, y también en llevar esta visión de los derechos humanos a distintos actores sociales y grupos que tienen influencia sobre este problema y pueden lograr un cambio,” agrega.
Ley sin reglamentación
En marzo de este año, el Congreso argentino sancionó la llamada ‘Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”. La norma se refiere a la violencia de género en sus diversas formas: física, sexual, simbólica, económica y patrimonial y psicológica, y en cualquier ámbito.
En su texto, define las distintas modalidades en que se manifiesta la violencia contra las mujeres. Una de esas maneras es la violencia mediática, entendida como la publicación o difusión de imágenes y mensajes estereotipados que promuevan la discriminación o humillación de las mujeres, o que sirvan para legitimar la desigualdad de trato y construir patrones socioculturales que reproduzcan esa desigualdad.
La aprobación de la ley fue celebrada por cientos de organizaciones sociales que trabajan con mujeres víctimas de la violencia. Sin embargo, seis meses después de su sanción, aún no puede aplicarse porque todavía no fue reglamentada.
Mientras tanto, en la rutina diaria, las y los periodistas se enfrentan a la cobertura de cientos de casos de violencia contra la mujer. El manual ‘Noticias que salvan vidas’ propone que, a pesar de la urgencia, reflexionen acerca de la práctica periodística y sus consecuencias. “La prensa es un reflejo de la sociedad, y la sociedad tiene una visión de género masculina. Me parece que el cambio es tanto estructural, desde los editores, que deben tomar la decisión de cubrir la violencia de género de una manera que se acerque a la realidad de lo que es, como también es parte del compromiso de profesionales que quieran aportar conocimientos y una mirada diferente a la hora del día a día, al momento de traducir un cable o algo que dice una fuente a otro tipo de lenguaje. Yo creo que las dos fuerzas son necesarias. Por una parte, la decisión de los dueños de los periódicos, de los editores, de cambiar esa visión que a veces se traduce en los términos de ‘crimen pasional’, pero también que haya profesionales que se hayan formado y que estén comprometidos a que, cuando reciban ese conforme, estén preparados para presentar la nota de otra manera,” concluye Barca.




























A pacientes del Dr. Hugo Marietán:
En su página, el Dr. Hugo Marietán realizó comentarios ofensivos y humillantes respecto a las mujeres,siendo ellas esclavas y objeto de sus carentes expresiones. Esto mismo se manifiesta en sus "Cartas Comentadas" a un adolescente de 17 años que usted debe conocer.
Ante un mail que recibió de una srta, quien le hizo ver su SEXISTA respuesta, el Dr. Marietán quitó esa "Carta Comentada" de su página en un deplorable intento de salvar su nombre.
Con lo que no contaba el Dr, es que ANTES de que él la eliminara, fue guardada. La misma es adjuntada en este correo.Quien desee corroborar la veracidad de la carta, también puede verla en el registro guardado en Google:
http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:8DYWYcJDFJkJ:www.ma...
Convenientemente en su sitio http://www.marietan.com.ar/Psicopatia.htm esta misma carta fue REMOVIDA,pero usted la puede ver actualmente en el registro de Google.
Atentamente.
Esteban.
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