La mexicana Ciudad Juárez es la ciudad más peligrosa del mundo. Los asesinatos aumentan, mas las autoridades se limitaban a decir que se trata de ajustes de cuentas entre criminales.
Mucha gente considera favorable que los delincuentes se eliminen entre sí, porque así se reduce su número. Sin embargo, no han sido pocas las personas comunes y corrientes que fueron asesinadas, y cuya muerte nunca se investigó. La versión del “ajuste de cuentas” se volvió rutina.
El último sábado de enero, un comando armado irrumpió en una fiesta de adolescentes disparando a mansalva, y dio muerte a 16 muchachos muertos e hirió gravemente a una docena.
Durante su gira de trabajo en Japón, el presidente Felipe Calderón declaró que se trató de un conflicto entre bandas del crimen organizado. Esta declaración, en lugar de calmar las cosas, provocó la indignación más profunda de las familias de las víctimas. Los chicos asesinados eran estudiantes, de buenas calificaciones, deportistas, y además participaban en un grupo que apoyo a niños con cáncer.
La reacción no se dejó esperar. Las organizaciones civiles, los deudos, la prensa, exigen justicia y fin a la impunidad.
Pregunta sin respuesta
Las preguntas ineludibles son ¿por qué masacrar a jóvenes que no tenían ningún lazo con el crimen organizado? ¿Quién lo hizo? ¿Es acaso un macabro mensaje dirigido la sociedad civil para dejar bien claro quién manda?
El baño de sangre no era necesario para refrendar lo obvio, lo que ya todos saben: que el crimen organizado es quien gobierna los lugares donde el Estado no actuó a tiempo, por negligencia o complicidad.
El presidente Calderón envió en total diez mil soldados a Ciudad Juárez. Sin embargo, las cosas no mejoraron, por el contrario, pues antes de la llegada de los militares, se registraba un promedio de dos asesinatos diarios. Pese a las patrullas militares en la ciudad, el promedio diario de ejecuciones ha ascendido a 10. Y para colmo de males, a pesar de los enfrentamientos, de los miles de muertos, de la captura de algunos capos y capitos, el crimen organizado sigue funcionando como siempre. ¿Qué pasó? ¿Cómo interpretar esas cifras?.
Leoluca Orlando: es posible cambiar las cosas
Cuando fue alcalde de Palermo, Leoluca Orlando logró mantener a raya a la mafia en el sur de Italia y además hizo una limpieza profunda entre policías, políticos, jueces y todas estas instancias de poder institucional o fáctico que tenían nexos con el crimen organizado.
En sus libros y decenas de entrevistas, Leoluca Orlando sostiene, en primer lugar, que el combate a la delincuencia no es asunto de fuerza bruta sino de aplicar la ley. El hombre que asestó los golpes más duros a la mafia italiana afirma que hay esperanza para Chihuahua y para México, y que es la sociedad quien deberá dar la mayor batalla exigiendo cuentas, dejando de ser espectador del drama. Una condición indispensable para combatir al narco es acabar con los valores perversos del crimen organizado y de la corrupción.
En México la corrupción es ya un estilo de vida para muchos. Hay un refrán que todos conocen: “El que no transa, no avanza”, lo que equivale a quien no echa mano de la corrupción se queda estancado.
El principal enemigo de México, es un mexicano corrupto, sentencia Leoluca Orlando, quien agrega que “si la sociedad entera no participa, los corruptos destruirán el país. Ya lo vemos con regiones que son gobernadas de facto por los narcos. Vemos que hay la ‘justicia’ de los narcos contra la justicia de las leyes y el Estado.” El ex alcalde de Palermo declaró a la prensa mexicana que hay una gran diferencia entre la delincuencia común y el crimen organizado, ya que este último tiene valores perversos. En Sicilia pasó lo mismo que sucede ahora en Ciudad Juárez, con los valores perversos de corrupción, machismo, nulo respeto a los derechos humanos, a la vida, a la ley. Además la mafia controlaba territorio. A juicio del abogado italiano, una cultura de la legalidad es imprescindible. Se necesita la participación de los ciudadanos y que ellos entiendan que la corrupción favorece el subdesarrollo. Se necesita que participen los maestros, las familias y los empresarios, y también la policía, claro, pero con los uniformados no basta.
“Más vale vivir cinco años como rey que 50 como buey”
En norte de México los niños juegan a que son narcos y se corretean entre balaceras de fantasía. Reproducen lo que ven, lo que viven día a día. Los niños de familias desintegradas, niños pobres, sin escuela, sin trabajo, sin futuro, engrosan las filas de los cárteles. Son carne de cañón barata y abundante, y muchos de ellos son sicarios, asesinos a sueldo, antes de alcanzar la mayoría de edad. Y si los captura la policía, su encierro no es muy prolongado, lo cual es idóneo para el crimen organizado.
Niños sicarios
Gloria Leticia Díaz, reportera de la Revista Proceso, conoce bien a los niños y adolescentes sicarios, pues vivió con ellos medio año para preparar un trabajo especial. Los muchachos con quienes convivió Gloria son pobres, vienen de familias desintegradas, y no tuvieron atención, ni cariño, ni escuela ni nada. Tampoco tienen futuro. Lo máximo que van a vivir es un año. Saben que pronto tendrán una muerte violenta, por eso viven el momento. Admiran a los grandes capos porque tienen autos de lujo, varios celulares y mujeres hermosas. Saben que no alcanzarán la edad adulta, lo cual es muy grave porque ésa es su motivación principal para andar por el mundo matando gente.
Hay otro grupo de jóvenes que sí estudia, trabaja y está aterrorizado por la violencia a su alrededor, pero no tiene ante quién quejarse ni a quién acudir. Las autoridades no velan por su seguridad, no cumplen sus funciones.
Los niños son la esperanza
Edgardo Buscaglia, experto en combate al crimen organizado, afirma que es urgente trabajar en la infraestructura social del país, porque, debido a la carencia de buenas alternativas, los jóvenes se están deslizando como hormigas hacia estos grupos.
Leoluca Orlando afirma que, por su inocencia, los niños tienen un potencial enorme para cambiar las cosas y, por tanto, se debe evitar que caigan en las garras del crimen organizado. Todos debemos participar en esa lucha en la que se necesita mucho valor civil.
Los jovenes asesinados el fin de semana pasado, eran muchachos de bien, así que no sólo fueron acribilladas sus personas sino la esperanza.





























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