El partido holandés VVD, perteneciente a la coalición de gobierno, aconseja utilizar helicópteros de combate Apache contra los piratas somalíes, en uno de los muchos debates en el Parlamento holandés sobre piratería. Sin embargo con las operaciones de las marinas internacionales no se consigue nada, según el periodista canadiense Jay Bahadur. El profesional pasó horas junto a líderes piratas en sus guaridas en el norte de Somalia. El único método efectivo está, según el canadiense, en tierra firme.
La primera de las dos visitas de Bahadur a Puntland, una región autónoma en el norte de Somalia, comenzó con su momento más dramático, poco después del aterrizaje en Galkayo.
“Nunca me había encontrado con mi acompañante, solamente había hablado por teléfono. Se trataba que me fueran a recibir a la pista de aterrizaje, pero si no llegaban posiblemente en una media hora yo habría sido secuestrado. Somalia ya es peligrosa, pero esta es una ciudad especialmente peligrosa. Cuando vi que no llegaban me entró el pánico. Yo era el único blanco, pero, por suerte, el primo de mi acompañante apareció y gritó mi nombre. Vaya alivio.”
Convidando “cat”
Jay Bahadur es uno de los pocos periodistas occidentales que ha visitado a los piratas en su cuartel general en Puntland. Él buscó el contacto a través de un colega periodista, a su vez hijo del recientemente electo presidente de Puntland, Abdirahman Farole.
Si bien el presidente Farole ha declarado la guerra a la piratería en su país, también pertenece al mismo segmento del clan al que pertenecen los líderes piratas más importantes. Es por eso que Bahadur consiguió hacer contacto con ellos de manera relativamente fácil. El comenzar a convidar hojas de “cat”, la droga local, le ayudó a romper el hielo.
En su libro, “El arte de la piratería”, recientemente aparecido en su traducción al holandés, Jay Bahadur da un amplio informe de sus largas horas de reuniones de “cat” con Boyah y Gareed, líderes piratas de primera hornada. Los dos fueron incluidos en 2010 por EE.UU. en la lista negra y finalmente arrestado por el presidente Farole.
Seguro que fue una decisión difícil, ya que a un miembro de un mismo segmento de un clan no se le manda a la cárcel así como así. Se dice que el presidente fue sobornado por los piratas pero finalmente debió ceder a las presiones y actualmente colabora con EE.UU.
Línea de denuncia
Bahadur ha llegado a la conclusión de que las operaciones de la marina, caras y poco efectivas, no son la solución para el problema de la piratería. Lo que ayuda es el invertir dinero en la formación de un aparato policial en la misma Puntland. Y el invertir en otras cosas:
“Incluso en caminos. En el este de Puntland no hay ningún camino a lo largo de la costa. Y debes recoger la información de la población local. La población odia a los piratas, de modo que se puede abrir una línea de denuncia para la gente que tenga antecedentes de nuevos secuestros que se estén planeando. Y se puede ofrecer recompensas de 50 o 100 dólares.”
Boyah y Gareed operaban desde Eyl. Se trata de un lugar de pescadores, casi inaccesible, donde pueden ser llevados los barcos secuestrados sin problema alguno, a la espera del pago de la recompensa.
Robin Hood
En un comienzo los piratas eran populares entre la población y eran considerados como “Robin Hood” locales. Solían ser pescadores que se abocaron a la lucha contra pesqueros extranjeros que contaminaban y acababan con la fauna marina en aguas somalíes con sus desproporcionados sistemas de pesca por redes. Boyah, un ex pescador de cangrejos, se presentaba como una especie de guardián de la costa.
Pero esa excusa ya no vale. Los pesqueros extranjeros han pedido protección de barones de la droga somalíes y por lo tanto se han convertido en una presa difícil. Los piratas dirigieron, por lo tanto, su atención a barcos mercantes, que son una víctima mucho más fácil.
Residuos tóxicos
Tampoco la excusa de que los piratas actúan contra países que vierten desechos tóxicos en aguas somalíes tiene mayor credibilidad, según Bahadur. Ocurrió alguna vez en el pasado, con ayuda de la mafia italiana, “pero tendrías que estar loco para ir a botar esa basura justamente en una zona tan peligrosa”.
El canadiense también desmonta otro mito respecto a los piratas somalíes. Las presuntas conexiones con islamistas y grupos terroristas como Al-Shabaab no tienen ningún asidero, según él.
“Recientemente hemos visto algunos ejemplos de piratas que dieron dinero a Al-Shabaab. Pero fue solamente porque el año pasado Al-Shabaab invadió el norte de Somalia y conquistó los bastiones de los piratas. De modo que los piratas decidieron echar mano a su dinero y pagar para que los dejaran en paz. Se trata, al fin y al cabo, de dinero, no de ideología.”
Playboys
También la imagen de piratas que viven como playboys en lujosas mansiones ha sido desmentida por Bahadur. Después de una operación exitosa llevan a cabo fiestas, con mucho cat, a veces alcohol y mujeres. Pero la mayoría son muchachos mandados que no ganan más de 10 dólares la hora.
Los piratas suelen gastar su dinero en cat para ellos y para sus familias o en un automóvil que compran en Dubai. Y debido a que el cat proviene casi exclusivamente de Kenia y Etiopía, las ganancias de la piratería van a dar casi en su totalidad al extranjero.
Si quieren comprar alimentos y combustible para barcos secuestrados ante la costa que esperan ser rescatados con el pago de recompensa, gastan dinero a raudales. En los mercados locales elevan los precios desproporcionadamente. Los piratas ya no son bienvenidos en Puntland.





























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