La extrema polarización política y social en torno al Golpe de Estado en Honduras ha llevado a hacer de los medios el blanco sobre el que lanzan sus dardos los sectores en pugna.
Un comentario de José Zepeda*
En medio de la batahola no se pide a los medios que informen sino que estén de acuerdo con los puntos de vista particulares de cada cual. No hacerlo condena al infierno verbal a los culpables, por delito de diferencia.
La disputa comienza por el nombre otorgado a los hechos que significaron la salida en pijama del país del Presidente Manuel Zelaya. Para los partidarios de su defenestración se trató de una acción legal ordenada por la Corte Suprema de Justicia y avalada por el Congreso nacional. Para el resto, es decir, Naciones Unidas, la Unión Europea, la Organización de Estados de Americanos, el Grupo de Río, y la inmensa mayoría de los países del mundo en forma individual, se trató de un Golpe de Estado. La diferencia estribaría en dos hechos sustantivos: que la acción estaba respaldada por poderes del Estado, y que la destitución fuera incruenta. Ambas cosas son efectivas, pero inciertas.
Solución de fuerza
Si había pleno respaldo de los poderes del Estado ¿por qué se recurrió a la fuerza y no a los métodos democráticos jurídicos, como, por ejemplo, la acusación formal al Presidente de la República? Si los artículos pertinentes de la Constitución prohíben la reelección y castigan con diez años de inhabilitación a quienes pretenden incumplir la norma ¿por qué no aplicar la ley y optar, al contrario, por la solución de fuerza? No se puede pretender defender la democracia acuchillándola. No hay razones superiores al diálogo, al entendimiento. La violencia es siempre una claudicación. El pensamiento totalitario odia la democracia porque ésta parte de un principio para él inaceptable: la legitimidad del disenso. En América Latina hay demasiados que creen que su verdad es absoluta, entonces no pueden ser demócratas.
Apariencia legal
En segundo término un golpe de Estado es, ni más ni menos, que la destitución violenta del mandatario, y su reemplazo por personajes no elegidos por voto popular. Que sea o no sangriento, que tenga apariencia legal, son ingredientes de la estrategia escogida, y no del golpe mismo. Golpe de Estado es, para decirlo llanamente, patear el tablero y sacar de la silla presidencial al gobernante. La sangre, los atropellos a los derechos humanos son la consecuencia, no el Golpe mismo.
¿Había razones para estar descontento con Manuel Zelaya? La respuesta es un gran SI, pero ello no justifica la fractura del orden constitucional.
Información para quienes la necesitan
Hay quienes creen que el periodismo no debe tomar partido, que debe limitarse al relato para que los integrantes de la sociedad saquen sus propias conclusiones. Es una verdad a medias. Es cierto que el mejor periodismo trata de explicar el mundo para que la gente lo entienda mejor. Es cierto que el mejor periodismo es aquel que combina la independencia, el rigor informativo, la búsqueda de la verdad, y la pluralidad de opiniones. Pero es totalmente falso que el mejor periodismo no tiene bandera. Sí la tiene, y ella posee los colores de la misión de la institución que representa y los valores ético morales de la sociedad en la que trabaja. Radio Nederland busca, en tal sentido, ofrecer información a aquellos que la necesitan y defiende los principios de la sociedad democrática holandesa. Ello es: defensa irrestricta de la democracia, condena explícita a las rupturas institucionales, reivindicación del Estado de derecho, defensa de los derechos humanos, solución negociada a los conflictos locales e internacionales.
En América Latina, en los últimos 25 años se han consolidado jóvenes democracias, herederas de un pasado dictatorial. Son democracias frágiles en las que aun perduran hálitos totalitarios, cierta desconfianza de los méritos de la libertad democrática. Hay incluso gobiernos que desdeñan el Estado de derecho y buscan afanosamente torcerle la nariz para alcanzar sus propósitos ideológicos o reeleccionistas. Los medios independientes, críticos, son la primera víctima de estos desvaríos.
La democracia se hace de raigambres divergentes
Cuando se hace periodismo independiente en situaciones de crisis, en polarizaciones transitoriamente irreconciliables, las presiones son inmensas, aunque están destinadas al fracaso si el convencimiento profesional e institucional tiene como horizonte la defensa de la libertad, la veracidad, y la pluralidad. La comunicación democrática reclama cuidados permanentes. Su fortaleza es puesta a prueba con cada desafío. Su fragilidad se revela en las tentaciones que pregonan “las buenas causas” Nada es más ajeno al buen periodismo que el pensamiento que se nutre sólo de certezas, ese absolutismo que carece de dudas. La democracia, por el contrario, se hace de raigambres divergentes; da cobijo a verdades múltiples. En resumen, tal como lo dijese el presidente de Costa Rica, Oscar Arias: “se es demócrata por convicción, no por conveniencia”.
*José Zepeda es el director del Departamento Latinoamericano de Radio Nederland





























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