El solicitante de asilo angoleño, Mauro Manuel (18) ha obtenido permiso para permanecer temporalmente en Holanda con una visa de estudiante. Mauro ha vivido en este país desde que tenía 10 años, pero al cumplir la mayoría de edad se enfrenta a la deportación. Cientos de casos similares han sido obligados a regresar a Angola en los últimos años. Casos que varían entre historias trágicas y exitosas, como lo demuestra este informe de nuestra corresponsal en Luanda, Lula Ahrens.
Amalia (17) y Tucha (19) son hermanas. Han residido en Holanda durante cinco años antes de su forzado retorno a Angola en 2010.
“Un grupo de policías ingresó en nuestro dormitorio en el medio de la noche”, me contó Amalia con desesperación en la voz, como si hubiera ocurrido ayer. “Nos ordenaron preparar las maletas. Yo preguntaba: ¿Por qué, por qué? ¡Aún no cumplí los 18! Pero nos agarraron por la fuerza y nos embarcaron en un avión con cinco acompañantes, personas que yo no conocía. Lo único que yo hacía era llorar y llorar.”
Asesinato y violación
Las hermanas se refugiaron en Holanda en 2005 porque temían por sus vidas. “Mi padre se desempeñaba activamente en política, en un movimiento separatista. Cuando intentó apartarse de la organización, sus colegas lo asesinaron y violaron a mi hermana.”
Amalia dice que “un señor norteamericano” las llevó a Holanda para luego desaparecer de la vista.
Amalia y Tucha cursaron la enseñanza secundaria en la ciudad de Eindhoven pero no alcanzaron a completar sus estudios. Tampoco poseen pasaporte angoleño porque “no les alcanzaba el dinero para obtenerlo”. Hace mucho tiempo, cuenta Amalia, la Cruz Roja les prometió buscar a sus familiares, pero aún no han hecho nada. “Siempre nos dicen que tenemos que esperar, porque hay otros que también esperan. Ni siquiera sabemos si nuestra madre todavía vive.”
Las hermanas viven en una casa de un solo dormitorio, con la dueña y sus cinco hijos. “Nos alquiló un cuarto los tres primeros meses pero cuando se nos acabó el dinero no teníamos adónde ir. Desde entonces nos permite alojarnos gratuitamente en su casa.” Tienen que “luchar” día a día para conseguir alimento, comenta Amalia. Tucha trabaja en la calle, haciendo trenzas. Es la única fuente de ingresos que poseen. Su sueño es regresar a Holanda.
Más oportunidades
En el otro extremo de la balanza se encuentra Engracia (33), que vivió durante 14 años en las ciudades de Rotterdam y Den Bosch. Completó satisfactoriamente sus estudios secundarios y realizó cursos capacitación para secretariado. Su hermano le prestaba apoyo financiero desde Angola. Engracia regresó a su país natal en 2007, luego de habérsele denegado oficialmente el permiso de residencia. Su voz suena animada y segura mientras Engracia me cuenta su historia por teléfono: “Regresé voluntariamente con el apoyo de la organización holandesa para los refugiados”, me cuenta. “Me compraron un billete de avión, de ida solamente, y me dieron 2000 euros como ayuda financiera. Pero fueron sobre todo los miembros de mi familia y mis amigos en Angola los que me ayudaron a encontrar trabajo y alojamiento”. Engracia comparte un apartamento con su hermana y su primo en el centro de la capital, Luanda.
Hermoso país
“A través de un amigo conseguí un empleo como secretaria para Heerema, una empresa holandesa de instalaciones petrolíferas. Actualmente trabajo para Gesmar Swiss Angola, una compañía offshore, como asistente de Recursos Humanos.”
“Cuando llegué a Angola en 2007 quedé impactada por la pobreza y los atascos del tránsito. Sin embargo es bueno estar de regreso. Angola es un hermoso país. Y hay más oportunidades de hacer carrera para quien tiene alguna formación porque Angola se está recuperando de sus 27 años de guerra civil (1975-2002).”
Lucha por la aceptación
La experiencia de Engracia concuerda con la investigación sobre refugiados angoleños que regresaron a su país, realizada por la asistenta de docencia Jessica van de Weerd. Su conclusión es que la reintegración depende esencialmente de los contactos familiares y la posición económica de la familia. Sin embargo, Van de Weerd también encontró en su estudio que los que huyeron como refugiados a Holanda siendo niños, tenían graves problemas en retornar a Angola. Era posible que se hubieran debilitado las relaciones familiares y en algunos casos era difícil ganarse la aceptación. “La gente no comprende por qué fracasó su migración. Los que regresan suelen ser vistos como privilegiados porque no estuvieron en Angola durante el período más duro, los primeros años después del final de la guerra civil.”























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