Una muestra de fotografías dedicadas a terroristas suicidas, en Tel Aviv, ha provocado indignación entre amplios sectores de la sociedad israelí.
Terroristas suicidas representadas como vírgenes son las piezas de la colección de arte, ‘Mujer, madre, asesina, exhibición del Ferror’ (fusión de las voces 'femenino' y 'terror'), que se inauguró en Tel Aviv el jueves pasado. Los cuadros realizados, con técnicas digitales por Lilia Chek y Galina Bleich, dos artistas israelíes de origen ruso, reflejan a 7 terroristas palestinas suicidas convertidas en vírgenes del Quatrocento, con un niño en el regazo. Entre ellas, las de la primera mujer kamikaze de la segunda Intifada, Wafa Idris, con una aureola y una diadema del movimiento Fatah. Idris acabó con la vida de un israelí e hirió a más de 100 personas en Jerusalén oeste en el 2002.
Otra suicida es Haredit Jaradat, palestina de 29 años, quien en octubre del 2003 se inmoló en el restaurante Maxim, en Haifa, y dio muerte a 21 personas. La indignación de familiares de las víctimas mortales en los ataques terroristas ha acabado prácticamente con la muestra que se presentaba en la sede de la Asociación de Periodista de Israel. Yossi Bar Moja secretario general de la Asociación decidió retirar los cuadros porque podrían ser una ofensa contra los sentimientos del público en general, y de las familias de las víctimas del terrorismo, en particular.
Durante la inauguración de la exposición con varias paredes en blanco, se exhibió un video de Lilia Chek sobre lugares de los ataques suicidas, así como varios trabajos realizados con tierra que rescató Galina Bleich de los lugares de los atentados. Ambas artistas no salían de su asombro por la reacción del publico y de la prensa israelí y porque los 7 cuadros que causaron la tormenta brillaban por su ausencia tras ser censurados. "Representamos a las terroristas como santas,” comentan, “porque a ojos de los palestinos ellas están consideradas así cuando ejecutan sus ataques". Al mismo tiempo, destacan que contaban obtener el contraste entre la Madona, símbolo del amor y una terrorista que es símbolo del odio.
Galina Bleich sostiene que trata de plantearse preguntas sobre el ser humano, y defendió que los cuadros plantean cómo una mujer que nace para amar y procrear puede convertirse en una fuente de odio y asesinato. Según la artista, es una exposición en honor y recuerdo de las víctimas del terrorismo, y la titularon, ‘Ferror’, Terror femenino, porque es un tema que duele mucho en Israel. Además, se proponían cuestionar el tema a través del lenguaje artístico, ya que "el arte, permite observar y ver las cosas desde diferentes puntos de vista, existenciales y universales".
Pero Yosi Tzur, padre de Assaf, quien murió en un atentado en Haifa, presentó una demanda ante la policía al considerar inaceptable que conviertan a terroristas en santas. Además, se preguntaba si “puesto que los palestinos creen que son santas, y ahora nosotros las presentamos como santas, ¿acaso ahora adoptamos los ideales palestinos en un 100 por ciento?”
Pero no todos los familiares de las victimas del terrorismo comparten esta opinión. Tal es el caso de Adina, quien perdió a su hermana en un atentado terrorista y ahora cría a los hijos de la víctima. Según Adina, el terrorismo es un recuerdo genético. Los israelíes tienen la constante sensación de que en cualquier momento puede haber un atentado. "Aquí no se puede hablar del terrorismo en un lenguaje abstracto, en un lenguaje mas elevado o artístico, para mí es muy fuerte esta exposición, aunque sólo pude ver los cuadros en los periódicos".
La crítica de arte Masha Lotzs consideró que las autoras no pretendían glorificar a las bombas humanas, sino todo lo contrario. Aunque sólo pudo apreciar los cuadros por Internet, conoce trabajos anteriores de las artistas. A su juicio, el cierre de esta exposición se debe a una errónea interpretación de su concepto integral, con el que se pretende señalar que “el terrorismo ya se ha transformado en otra cosa; las artistas quieren mostrar el horror y la amenaza, es un llamado de atención a ser más cuidadosos porque el terrorismo cambia su rostro".
Pese a que sostienen que sus cuadros son una forma de denunciar la violencia, las dos artistas israelíes consiguieron el repudio por gran parte de la sociedad israelí y de autoridades religiosas cristianas. Muchas críticas se han orientado hacia la duda de si es arte copiar y pegar fotografías con técnicas digitales, y más aún sobre iconos religiosos. Esta nueva polémica se suma a la de las caricaturas políticas y al debate sobre los límites de la libertad de expresión.




























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