La dictadura no es buena para la economía. Más bien, todo lo contrario. Según los investigadores, después de 10 o 15 años, la economía de los estados totalitarios se encamina inevitablemente a un declive que se caracterizará por el estancamiento y la creciente inflación.
“Mientras más tiempo se mantenga un dictador en el poder, peor funcionará la economía de su país”. Esa es la conclusión del historiador de asuntos económicos Jan Luiten van Zande, de la Universidad de Utrecht, que ha investigado el comportamiento financiero de 55 dictaduras. Según Van Zande, con un dictador, la economía se lleva la peor parte.
No sorprende, sin embargo, que los dictadores defiendan una imagen bien diferente. El ex líder libio Muamar Gadafi nunca dejó de subrayar que había sido él quien había llevado el progreso a su país. Además, según algunos economistas, este es un razonamiento que podría ser perfectamente válido, ya que gracias a la fuerte posición de los líderes totalitarios, no tienen por qué hacer concesiones. Sin oposición, el dictador podría hacer lo mejor para la economía de su país.
El poder corrompe
Pero en la práctica resulta de otra manera, como dolorosamente puede observarse cuando un dictador se aferra al poder durante largo tiempo. Según Van Zanden, “A medida que el tiempo pasa, el equilibrio entre el interés privado y el interés de la nación se separan y esto es funesto para la economía. La calidad del ejecutivo desciende, la camarilla que rodea al gran líder se corrompe y los saqueos al erario público parecen inevitables. Si la situación económica empeora, a menudo se opta poner más dinero en circulación, lo que aumenta enormemente la inflación.
Para Van Zanden, que investigó regímenes totalitarios en países de Oriente Medio y África, como Libia, Zimbabue, Congo y Costa de Marfil, estos regímenes son buenos ejemplos de ello. Según el historiador económico, “El presidente de un país africano se mantiene una media de 10 años en el poder. Gadafi estuvo 42 años; Robert Mugabe, de Zimbabue, 32 años; y Museveni, de Uganda, 26 años”. Compare eso con un país occidental, donde un presidente mantiene su cargo 3 o 4 años. Eso no es por nada. El poder corrompe".
Sanciones internacionales
Pero, ¿en qué medida es culpable un dictador? ¿no es quizás la pobreza o el malestar de la economía la consecuencia directa de las sanciones económicas internacionales? Según Van Zanden, “Estas también influyen y contribuyen al declive económico. Zimbabue es un buen ejemplo pero, las medidas penales por malversación, apenas se han tomado contra un par de las dictaduras investigadas. Creo que hay que enfocarse primero en el lado positivo de esas medidas de presión: las sanciones son uno de los pocos recursos que tiene la comunidad internacional para cambiar algo en esas dictaduras”.
Costos
Según Van Zanden, es un hecho que los cambios de régimen benefician económicamente a la población. Su estudio ha determinado minuciosamente los costos económicos de los regímenes totalitarios. “Cada año más bajo un dictador perjudica el Producto Interno Bruto de un país entre el 0,10 y el 0,15 %. Así que si un dictador se mantiene en el poder 20 años, la economía se contraerá con un 2,5 % en comparación con un estado no totalitario. África y Oriente Medio pagan muy alto la presencia de dictadores”.























Van Zande casi parece querer decir que los dictadores "no alineados" son los que acaban con las economías de sus propios países.
Sin embargo Marruecos, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahrein, Arabia Saudita China... son dictaduras atroces o se comportan como tal, pero tanto los alaban aquí por sus logros, que a más de un desinformado le provocará irse a vivir para allá.
Y, vaya si los latinoamericanos no sabremos de la corrupción de los gobernantes. Aquì hubo un presidente, Alberto Fugimori, que siendo japonés fingió ser peruano, y asegurando que su gobierno sería honrrado ganó las elecciones. Pués ahora se le tiene por uno de los más corruptos de la historia peruana. Huyó al Japón y en ese impenetrable circuito financiero escondió los miles de millones.Pero la mafia nipona, para garantizarle impunidad le impuso una esposa yakuza...que nunca lo visitó en la cárcel.
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