En lo que a violencia respecta, en algunos sectores de la sociedad holandesa las chicas están tomando la delantera y superan a los chicos.
En el distrito del Bijlmer, un suburbio del sureste de Ámsterdam, ha surgido una subcultura de ‘chicas proxenetas’, es decir jovencitas que ejercen control sobre para obligarlas a prostituirse.
Deborah Chan a Hung, de la organización Espíritu Sureste Ámsterdam, que apoya proyectos juveniles y educacionales, ha visto aumentar la violencia entre las muchachas: “Existe un núcleo duro en el Bijlmer, dispuesto a todo, desde las amenazas, los golpes y las patadas, hasta la explotación sexual de otras chicas”.
Reclutamiento
Las ‘chicas proxenetas’, equivalente femenino de los ‘jóvenes proxenetas’ que obligan a sus enamoradas a prostituirse, reclutan a otras jóvenes que terminan en redes de prostitución. Chan a Hung ofrece ayuda a las víctimas de las ‘chicas proxenetas’ y cree que se puede hablar de un patrón de conducta: “Todo comienza con bonitos regalos, carteras yapelativos como ‘mi gran amiga’, y sin que se den cuenta, caen atrapadas y se las presiona para que tengan sexo por dinero”.
Otro fenómeno, del último año, es la aparición de una pandilla de lesbianas que causa terror en las calles del Bijlmer. Hasta hace poco, lo normal era que las jóvenes fueran víctima de pandilleros hombres, pero la nueva tendencia es que las agresoras son mujeres.
En cuanto al grado de violencia que utilizan, Chan a Hung manifiesta que en general las chicas tienen mejores sentimientos y son más solidarias, “pero cuando desconectan sus sentimientos pueden ser más rudas que cualquier hombre”.
En este escenario no es extraño que aumente la cantidad de mujeres jóvenes con prontuario policial. Esta tendencia consta también en un informe sobre juventud y criminalidad de un centro oficial holandés de investigación y documentación.
Coffeeshop
El relato de una chica ilustra la atmósfera en la que se mueven: “Generalmente nos juntábamos después de clases. Ibamos a un coffeeshop (establecimiento donde se puede fumar legalmente marihuana, red.) y nos sentábamos a beber, fumar y reír. Entonces, si alguien venía a decirnos que nos calmáramos un poco, nosotras pensábamos ‘espérate un poco, ya te vamos a pillar. Un día te cruzarás con nosotras en la calle y entonces sabrás lo que es bueno’”.
Pobreza
Según Chan a Hung, la primera causa de este endurecimiento social es la pobreza. La zona sureste de Ámsterdam se ha visto muy afectada por la crisis económica. “Hay gente que no tiene suficiente para comer,” señala Chan a Hung. La pobreza influye en que algunos padres, que saben lo que están haciendo sus hijas, hagan la vista gorda mientras llegue dinero a los hogares.
Provenir de familias disfuncionales y no estar acostumbradas a comentar sus dificultades personales, son factores que constituyen la base del problema. “Por supuesto que hay también chicas que necesitan dinero para mantenerse a la moda,” reconoce Chan a Hung.
Se podría creer que la violencia entre las chicas es un fenómeno propio de las grandes ciudades. Consultado al respecto, Raoul White, director de Espíritu Sureste Ámsterdam, responde negativamente y agrega que “la cultura callejera se está endureciendo también en las ciudades pequeñas y en los pueblos”.





























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