Cada año en el mundo hay cerca de 132000 casos de melanoma maligno, el cáncer de piel más mortal, y más de 2 millones de otros casos de cánceres cutáneos.
Por Pepa Palma
Uno de cada tres cánceres diagnosticados en el mundo es cutáneo. La mayor parte de estos cánceres se deben a una sobre exposición a los rayos ultravioleta naturales. Son cifras que aporta la Organización Mundial de la Salud (OMS) y, sin embargo, cada vez está más de moda el uso de camas solares para broncearse en cualquier época del año, e incluso, con una falsa sensación de mayor seguridad en el bronceado.
Ya desde 2003 la Comisión Internacional de Protección contra las Radiaciones no ionizantes (ICNIRP) recomendaba no usar aparatos emisores de ultravioleta para broncearse o para fines no médicos, y la OMS alertaba de los riesgos de las camas de bronceado y daba una serie de recomendaciones a los Estados Miembro para proteger la salud pública. Esta tendencia acaba de confirmarse con la reciente publicación de un informe por parte de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) que coloca estas lámparas solares en el mismo nivel que el tabaco como agentes productores de cáncer.
Clasificación de agentes cancerígenos
La organización Mundial de la Salud establecía en 1992 que las camas solares pertenecían al grupo 2 en el nivel de productos cancerígenos para humanos. Esta clasificación establece 3 grupos:
- Grupo 1: Procesos industriales, compuestos químicos o grupos de los mismos que son cancerígenos para el hombre.
- Grupo 2A: Productos clasificados como probables carcinógenos para el hombre. Este grupo se subdivide en dos:
- 2A alta probabilidad cancerígena
- 2B baja probabilidad cancerígena
- Grupo 3: Productos que no pueden considerarse cancerígenos para el hombre.
Por tanto, se intuía que las camas solares podrían producir cáncer, pero aún no estaba confirmado al cien por cien. Pues bien, esta confirmación llegaría el pasado mes de junio, cuando veinte expertos de nueve países diferentes se reunieron en la IARC para volver a examinar las radiaciones clasificadas como cancerígenas para los humanos en el grupo 1. El 29 de julio hacían públicos los resultados de su informe, e incluían en este primer grupo a las camas solares, situándolas en el mismo nivel que el tabaco, el gas mostaza o las bebidas alcohólicas.
Pero no sólo los rayos UVA artificiales están incluidos como cancerígenos, también, los rayos solares ultravioletas. Si bien, el informe especifica que el riesgo de contraer melanoma cutáneo aumenta un 75% cuando se utilizan aparatos para broncearse antes de los 30 años. Además, señala que varios estudios indican una evidencia entre el uso de aparatos que emiten rayos UV y el melanoma ocular.
Tipos de fototipos cutáneos
En cualquier caso, según nuestro fototipo de piel, también seremos más o menos sensibles a las radiaciones ultravioleta, lo que no impide que en todos los casos seamos afectados por la incidencia de estos rayos. Existen 6 fototipos diferentes: desde el I de la persona más blanca, que nunca se broncea y se quema siempre, al VI de las personas de raza negra con el cabello negro, cuyo color se intensifica con la piel pero que no se queman nunca.
Esta clasificación de fototipos debería servirnos para saber qué tiempo de exposición podemos tener sin causarnos graves daños a la piel. En opinión de los especialistas, los establecimientos de bronceado artificial deberían ser gestionados por personal cualificado de salud que informara también al público sobre las características de su piel. En cualquier caso, las personas con fototipo I y II deberían evitar el uso de las camas solares según las recomendaciones de la ICNIRP.
Recomendaciones de la ICNIRP
Esta organización perteneciente a la Organización Mundial de la Salud, recogía en 2003 una serie de recomendaciones en torno al uso de aparatos emisores de rayos ultravioleta, desaconsejaba su uso para fines no médicos, y además, establecía un listado de grupos que presentan un riesgo elevado de efectos indeseables para la salud debido a su utilización:
- las personas pertenecientes a los fototipos I y II
- los menores de 18 años
- las personas con muchos lunares
- las personas con tendencia a tener pecas
- las personas que tengan antecedentes de insolaciones frecuentes durante la infancia
- las personas que presenten lesiones cutáneas precancerosas o cancerosas
- las personas con la piel dañada por el sol
- las personas que se maquillan. Los productos cosméticos pueden reforzar su sensibilidad a la exposición
a los rayos ultravioleta
- las personas que toman medicamentos. En este caso, se debe pedir consejo al médico para determinar si la medicación que se esté tomando aumenta la sensibilidad a los rayos ultravioleta. Los antidepresivos o los antibióticos son algunos de los medicamentos que aumentan esta sensibilidad y favorecen la aparición de quemaduras.
Razones para una reglamentación
Para evitar los riesgos derivados del uso de estas camas solares, la OMS anima a los gobiernos a formular leyes que regulen su utilización, y que, al menos, limiten el uso de estos aparatos a menores de 18 años y prohíban en los centros de bronceado el empleo de personal no cualificado sin supervisión.
En la actualidad, sólo algunos países cuentan con normativa que regule las camas solares. Bélgica, Francia, Suecia, Chile o los Estados Unidos, son algunos de ellos. También España reguló el uso de estos aparatos en 2002, prohibiéndolos a menores y desaconsejándolos a embarazadas. Y en el año 2006, la Comisión Europea publicaba un dictamen sobre los efectos a corto y largo plazo de las radiaciones ultravioleta de las camas solares.
La publicación de este informe también ha tenido consecuencias directas. En Buenos Aires, se ha prohibido el uso de camas solares a menores de 21 años y los locales con este servicio deben exhibir carteles que adviertan del riesgo que suponen para la salud. Este tipo de reacciones no han gustado demasiado a las asociaciones del sector. La Asociación Europea del Bronceado ha cuestionado en un comunicado la validez del informe y lo ha tachado de engañoso e irreal. Lo cierto es que hasta ahora no existe un límite universal de seguridad en relación con el uso de estos aparatos, y parece que van a seguir dependiendo del sentido común de sus usuarios. Al igual que cuando decidimos o no fumar un cigarrillo.
Escuche la entrevista con Silvia Bonicatto, oncóloga y presidenta de la Fundación Oncológica Argentina.





























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