En el Líbano, Hezbolá, el Partido de Dios, ha desatado una campaña en contra del Diario de Ana Frank.
El resultado parcial es que ha logrado que un colegio retire la obra como objeto de estudio. La cadena Al Manar TV, medio de comunicación afín a la agrupación de Hasán Nasrala, critica el libro porque considera que sirve a los intereses de "la invasión sionista de la educación". "Lo más peligroso es la manera dramática y teatral en la que se relata el diario, que está plagado de emociones", asegura Al Manar TV.
No bastaba con asistir, a través de la lectura, a su historia de privaciones en medio del horror nazi. No bastaba con haberse enterado de su muerte prematura en un campo de concentración, como toda su familia, salvo su padre. Ana murió a los escasos 16 años, de fiebre tifoidea, en el campo de Bergen-Belsen, a pocos días de ser liberado. No era suficiente que millones de seres venidos del mundo entero transformaran su desván, “la casa de atrás” en un sitio de peregrinaje en contra del odio, el racismo, la discriminación, el holocausto. Había que involucrarla en realidades que no ha vivido, había que condenarla otra vez y poner incluso en duda la veracidad de su tragedia.
El diputado Hussein Hajj Hassan, no quiere que los niños de su país lean el diario de Ana Frank porque es "la pretendida tragedia que vivió esa muchacha, mientras que se avergüenzan de enseñar la tragedia del pueblo libanés y del pueblo palestino provocada por la ocupación sionista". Es difícil tratar de entender esa lógica que envenena el presente con hechos del pasado. El diputado ignora que la Fundación Ana Frank recorre el mundo con una exposición ambulante destinada a combatir toda forma de racismo, toda persecución injusta de un pueblo o una colectividad. El parlamentario y quienes piensan como él actúan exactamente como aquello que aborrecen: Condenan a alguien por su condición, sea judío o lo que sea.
Hezbolá en lugar de intentar conseguir aliados para su causa, con esta campaña en contra de una menor, difunta memorable universal, provoca reacciones como las del periódico L'Orient Le Jour, que en una editorial califica de "indignante la irremediable regresión del país, su retroceso inexorable hacia un precipicio medieval, su regreso a la edad de piedra sociocultural y moral".
Felizmente este intento inútil de enlodar la imagen de Ana Frank está condenado de antemano al fracaso. Ana es más que un libro de memorias, es un símbolo para todos aquellos que sufren por su condición, étnica o racial. Un símbolo de los perseguidos de siempre. Un símbolo hecho de palabras, que no de fundamentalismos atávicos.



























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