Con los mejores instrumentos y un máximo de paciencia, el Museo Van Gogh ha restaurado el cuadro ‘El dormitorio’ de Vincent van Gogh.
‘Mirar este cuadro debería dar tranquilidad a la mente. Mejor dicho, a la imaginación’, le escribió Vincent a su hermano Theo. A reglón seguido le describe los colores que utilizó en la obra: violeta pálido, rojo, amarillo – ‘como mantequilla fresca’ -, verde limón.
Van Gogh pintó ‘El dormitorio’ en octubre de 1888, en Arlés, sur de Francia. Lo que quería era alegrar su propia casa. Y no solamente él consideró que era un cuadro bien resuelto: hoy en día sigue siendo uno de los más apreciados por los visitantes del museo en Ámsterdam.
La tela resultó muy dañada en anteriores restauraciones. Además el mismo Van Gogh había probado, sin mucha pericia, reparar algunos problemas causados en su momento por el agua. El museo comenzó la reciente limpieza y restauración hace medio año.
La restauradora Ella Hendriks eliminó, milímetro a milímetro, con un bastoncillo de algodón y ayuda de un microscopio, la vieja capa de barniz del cuadro. En su blog, Hendriks fue informando sobre el proceso de restauración: entre otras cosas, descubrió que varios colores eran originalmente distintos y que muchos detalles habían quedado cubiertos por la capa de barniz.
Hace un par de meses un turista español dejó escrito en el libro de visitas del museo: “echamos de menos ‘El dormitorio’”. Hoy el cuadro está nuevamente en una de las salas, pero su lugar en el muro quedará nuevamente desocupado dentro de poco: ‘El dormitorio’ viajará con otras obras a Japón, donde tendrá lugar una gran exposición de Vincent van Gogh.
































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