Ninguna mirada ha quedado indiferente a las particularidades de la piel, y así, a través de la historia ha sido objeto de estudio y observación por parte de brujos, sanadores, médicos, higienistas, perfumistas, peluqueros, y un largo etcétera, que comprende a todo aquel, que en la época que sea, se haya interesado por profesión o estudio, por el cuerpo humano.
Sentido del tacto:
El sentido del tacto es la más representativa de las funciones de la piel. Toda su superficie es apta para captar las impresiones que proceden del medio exterior, apreciando la forma, consistencia, y temperatura de los objetos que tocamos. Esta transmisión también se da sin contacto, lo mismo que si nuestros tegumentos estuviesen influidos por radiaciones (¿quizás el pelo?). En este sentido, algunos autores han experimentado con un gato, al que se le hayan vendado los ojos, y que se orienta perfectamente, pero al mismo animal, si se le suprimen los pelos del bigote, pierde el sentido de la orientación y choca contra cualquier obstáculo.
En la piel, los nervios tienen una considerable importancia, y se ha definido como una inmensa terminación nerviosa desplegada. Por otra parte, en la superficie cutánea, existen zonas "especializadas" en las distintas sensaciones, y así los dedos están dotados de una sensibilidad extrema, mientras que las mejillas tienen una clara percepción calorífica. Precisamente los dedos, con los surcos de su cara pulpar (crestas papilares), y diferentes en cada individuo, constituyen un medio legal de identificación (huellas digitales).
Función protectora
La condición de la piel externa y visible, la convierte en protectora de los órganos internos, y en un amortiguador de las agresiones y presiones exteriores (un objeto contundente resbala sobre la piel), si bien, cuando se efectúa un frotamiento continuo sobre la misma zona, la epidermis se endurece, formando unas callosidades protectoras más gruesas y resistentes (los vulgarmente llamados "callos").
Opone un verdadero obstáculo, tanto mecánico como bioquímico, contra la penetración de los líquidos; el agua no consigue penetrar por los poros ni los orificios de las glándulas, y así podemos mantenernos durante largo tiempo sumergidos en un baño, sin que la piel pierda por ello su cualidad de impermeable (a pesar del contacto continuo con el agua, el interior del organismo no se "moja") Permite sin embargo la absorción de variadas sustancias, y el ejemplo mas claro lo constituyen los cuerpos grasos, cuya penetración se ve favorecida, si se le añade el efecto mecánico de fricciones o masajes.
Otra de las funciones, se refiere a la pantalla que la piel supone contra la acción del sol, pues si bien se deja penetrar en diferente medida por las diversas radiaciones, existe un papel protector de los servicios vasomotores, que según las necesidades, regulan la vasoconstricción o vasodilatación de la dermis.
La misión defensiva, puede ser también agresiva, y la anatomía comparada ofrece numerosos ejemplo de ello, como los cuernos de los bóvidos, el pico de las aves o las garras de los felinos. Estas excrecencias defensivas, no son más que una acumulación de queratina o sustancia cornea, presente en la piel en una u otra medida.
Respiración de la piel
La respiración de la piel consiste, como en todos los tejidos, en absorción de oxigeno y exhalación de ácido carbónico. Aún cuando la función respiratoria, en los humanos es infinitamente pequeña, es sin embargo necesaria, tal como demuestra el ejemplo de las quemaduras. Un ejemplo muy esclarecedor, y que algunos autores han experimentado, es que si se recubre a una persona, con una capa de barniz, sería víctima de sofocaciones, disminución en el ritmo cardiaco, baja de la temperatura, y al fin le produciría la muerte.
Regulación térmica
La temperatura del cuerpo se mantiene constante, en las condiciones que sean, lo mismo si una persona navega por zonas polares, o por un caluroso desierto. Esto es debido a la intervención de la piel, en la regulación térmica del organismo, y así, tanto la superficie de la piel, como el vello o los pelos y plumas en los animales, mantienen una temperatura constante, al oponerse a una irradiación excesiva. La capa cornea es la encargada de regular la evaporación del agua.
Glandula de secreción externa
Un importante papel de la piel lo constituye su misión secretora y depuradora, como es el caso del sudor. Este es un líquido de baja densidad, incoloro, transparente y con un olor muy variable según los individuos. El sudor se elimina por el organismo de forma continua, y la cantidad total en 24 horas oscila entre 600 y 900 gramos, aunque en según que condiciones, puede alcanzar cantidades alrededor de 1300 gramos, ante un violento ejercicio por ejemplo. Estas cantidades están pues en relación directa, con parámetros tales como la temperatura exterior, el trabajo ejercitado, la cantidad de líquidos ingeridos, y de las reacciones psíquicas, de tal modo que el miedo, la cólera, u otra emoción, motivada por cualquier causa, provoca por lo general sudores fríos, y transpiración abundante en axilas, palmas de las manos y plantas de los pies.
El sudor es un excelente depurador, y gran número de productos de deshecho, pueden ser eliminados a través de él, lo mismo que por la orina. La composición del sudor es fundamentalmente de agua (99%), y mantiene en solución diversas sustancias, como sales minerales, ácidos grasos, fórmicos, acéticos, e incluso urea, como sucede en los casos de insuficiencia renal urémica.
Otra importante secreción de la piel viene dada por las glándulas sebáceas, y así, el sebo elimina los productos de fermentación intestinal de digestión hepática.
Como sustancia oleosa espesa, el sebo contiene en su composición: Agua (31%), epitelio y materias proteicas (62%), grasa, amoniaco y ácidos grasos (4%), y el resto en forma de otros ácidos como el escualeno.
La secreción sebácea está influida por el sistema nervioso, y ello explica que ciertas neuralgias faciales, provoquen una seborrea localizada y abundante. Asimismo es importante la relación de los nervios Simpático y Neumogástrico, con la secreción de sebo, ya que por su mediación actúan las hormonas sexuales (acné en la pubertad), hipofisaria, tiroidea, etc.)
Glándula de secreción interna intercambios
Se ha considerado la piel como "la más extensa de las glándulas de secreción interna". Los autores antiguos, han insistido sobre el interesante capítulo de la relación entre la piel y los órganos de generación, de tal modo que autorizados autores actuales, la han llamado un órgano sexual accesorio, atendiendo a las influencias reciprocas de la piel y el resto de glándulas, incluidas las sexuales.
La capa cornea ofrece una resistencia, tanto a la corriente eléctrica, como al calor, pero el sudor y la humedad disminuyen llamativamente esta resistencia: Si la piel está seca la resistencia es de aproximadamente 100.000 ohmios, pero apenas alcanza unos miles si está húmeda.
La piel desempeña un papel regulador en el metabolismo del agua, y así, su tejido hipodermico la retiene cuando los riñones la eliminan mal, dando lugar a la formación de edemas (retención de líquidos con la consiguiente hinchazón de la piel)
Por otra parte, tiene un activo protagonismo en el metabolismo del calcio, potasio, azúfre, y otras sustancias de interés, comportándose como lo hace en biología, todo el sistema reticulo-endotelial.
Defensa íntima del organismo
Es obvio que la piel es el primer obstáculo que el organismo opone, contra todos los agentes externos y las contaminaciones del medio ambiente.
Provee incesantemente reservas, que se renuevan para reparar cualquier brecha traumática, y ataques infecciosos o tóxicos, y así detiene, diluye, quema o elimina las sustancias tóxicas.
Un ejemplo claro de este papel defensivo es el escozor (reflejo mecánico para eliminar toxinas o parásitos), y el enrojecimiento cutáneo es una demostración de esta reacción defensiva.
Existe una especie de compensación entre las reacciones defensivas de la piel, y los trastornos internos, como sucede en el eccema y la jaqueca, o la urticaria y el asma.
Si bien el papel de defensa contra cualquier tipo de agresión, lo proporciona la piel, también es cierto que esta no es un tejido inerte, sino un órgano vivo, y por tanto vulnerable, en la misma medida, a cualquier estimulo, por lo que para favorecer que este papel de defensa, como cualquier función de las estudiadas anteriormente, sea eficaz, es necesario que mantengamos la piel en condiciones optimas de salud e integridad, que le permita desempeñar su misión. Constituye así un capitulo aparte, el cuidado de la piel, con sus interesantes connotaciones, y que presentaremos en los próximos días desde estas páginas.
Rosario Cutillas
Especialista en Ginecología y Obstetricia (Matrona) por la escuela de Santa Cristina de Madrid (Universidad Complutense).
Diplomada en Educación Maternal por la Escuela de Santa Cristina de Madrid (Univ. Complutense),
Diplomada en Neonatologia y Medicina Perinatal por la Escuela de Santa Cristina de Madrid (Univ. Complutense)
Monitora de educación sexual titulada por la Sociedad Sexológica de Madrid, España.





























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