La malaria, es ampliamente sabido, puede ser mortal. Causada por el parásito Plasmodium Falciparum y transmitida por el mosquito anofeles, esta infección suele tener peor desenlace en niños que en adultos, produciendo problemas respiratorios, neurológicos y anemia severa y conduce a la muerte en un 5 al 35% de los casos infecciosos graves.
Maite Alcaine
Aproximadamente un millón de niños sucumben cada año a la enfermedad sólo en África. La malaria pone también en peligro particular a la mujer embarazada, con la posibilidad de provocar un aborto o bajo peso en el nacimiento. En las regiones endémicas se reconoce a la enfermedad como un serio obstáculo para el desarrollo económico y social.
Por desgracia, sigue aumentando la prevalencia de la enfermedad afectando actualmente a unos 400 millones de personas y contagiando a otros 130 millones más por año. Se atribuye este aumento al desarrollo de la resistencia del parásito a los fármacos antipalúdicos comunes, a la resistencia a los insecticidas contra el mosquito transmisor del parásito y, posiblemente, a los cambios climáticos que han ampliado las áreas de transmisión. Pero, afortunadamente, hay esperanzas. Los científicos de todo el mundo trabajan en diferentes líneas de investigación en un afán de encontrar un tratamiento efectivo y duradero.
Uno de los expertos que trabaja en esa área es Carlota Dobaño Lázaro, investigadora del Centro de Salud Internacional enfocada en inmunología de malaria y, como tal, coordinadora de toda la investigación de inmunopatología de malaria tanto en el Centro de Salud Internacional del Hospital Clinic de Barcelona, como la que se desarrolla en Manhiça, Mozambique. Allí el Centro de Investigaciones sobre la Salud, creado en 1996 se ha consolidado ya como un centro de referencia a nivel mundial.
Entrevistada a *Carlolta Dobaño sobre las investigaciones que están realizando actualmente sobre la malaria, bajo la dirección del prestigioso científico Pedro Alonso.





























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