El regreso del presidente Manuel Zelaya a Tegucigalpa marca un punto de inflexión en la crisis política del país centroamericano. Las próximas horas serán determinantes para reencauzar la democracia hondureña. Los militares responden: "Está prohibido que aterrice la aeronave que conduzca al ex presidente, independientemente de quien venga y de la aeronave que sea".
P.J.Gámez-Cersosimo
Es posible que ni Oliver Stone imaginara tan alta cuota de realismo latinoamericano: cuatro presidentes de América Latina en ejercicio acompañando a un presidente depuesto por militares para reinstalarlo en el poder, sumándose a la comitiva el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, y millones de latinoamericanos siguiendo en real-time el desenlace de uno de los momentos más emblemáticos en la historia del continente, como tratándose de un partido de fútbol o una opereta más de la dolida democracia regional.
Está mucho en juego: el ejercicio y equilibrio de las democracias en el hemisferio latinoamericano, porque la consolidación del gobierno golpista en Honduras abre un agujero del cual se asoman fantasmas golpistas y ánimas que pueden verse tentadas a imitar el accionar del Ejército hondureño, al derrocar al presidente Manuel Zelaya y al saber que no pudieron ser removidas de su proceder antidemocrático y golpista.
Zelaya en Tegucigalpa.- El reloj marcará en pocas horas un momento definitorio de la crisis hondureña, en el momento en que el depuesto Zelaya llegue a Tegucigalpa, escoltado por el presidente de la asamblea general de la ONU, el nicaragüense Miguel D'Escoto.
De forma paralela, aterrorizara en San Salvador un avión en los que vuelan el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, la Presidente de Argentina, Cristina de Kirchner, el Presidente de Ecuador, Rafael Correa y el Presidente de Paraguay, Fernando Lugo. A esta comitiva se suma la figura del Presidente Mauricio Funes.
Lo que suceda a partir de estos acontecimientos es incierto. Cientos de miles de seguidores de Manuel Zelaya se están concentrando en Tegucigalpa, una demostración de fuerza que posiblemente se desbordará, considerando el grado de tensión en la policía, el Ejército y los servicios secretos de Honduras, durante décadas entrenados por la otrora Escuela de las Américas y el Pentágono.
Valga la anotación: los seguidores de Zelaya se encuentran en las capas más humildes y desposeídas de la sociedad hondureña. Son ellos sindicalistas, pescadores, educadores, feministas, zambos del Caribe, agricultores, trabajadores, jornaleros.
Muchos han pasado la noche en improvisados campamentos en la universidad Pedagógica y en sedes habilitadas por los sindicatos.
Bastará con que salte una salva para que se encienda una hoguera que nadie sabe cómo apagar, ni siquiera la comunidad internacional.
Posición Latinoamericana.- De hecho la comunidad internacional del continente se juega mucho de su prestigio en esta crisis política.
El cerco internacional sobre Honduras ha sido categórico; la posición de México determinante; el rol de la OEA ejemplificador; la actitud de Brasil de consenso; y la distante actitud de Washington que anuncia que la región está lo suficientemente madura para saber quitar la mala hierba que se ha asomado en Tegucigalpa.
La expulsión de Honduras de la OEA es un hecho categórico en la historia de la diplomacia de América Latina, y sencillamente Honduras no puede actuar como lo hizo Haití bajo el gobierno golpista de Raúl Cedrás, aislándose de la comunidad internacional y descendiendo a un averno de mafias, narcotráfico y redes de contrabando. El mismo Raúl Castro, desde La Habana, ha condenado el golpe militar de Honduras
Insulza sabe que estamos ante uno de los momentos más flacos y acaso siniestros de la historia moderna del hemisferio, porque un presidente constitucional ha sido removido de su cargo por deseo y orden de un ejército actuando al servicio de los poderes consolidados de ese país centroamericano: las viejas oligarquías, terratenientes, banqueros y medios de comunicación que vieron amenazados sus privilegios en el momento en que Manuel Zelaya apostó por un pragmatismo de izquierdas, aunque sin ajustarse tampoco a las leyes democráticas.
¿Fisuras diplomáticas ?.- Si bien América Latina condenó de forma inmediata el golpe militar contra Manuel Zelaya, hay distintas posiciones ahora respecto del regreso de Zelaya a Tegucigalpa.
Costa Rica y Canadá encabezan un frente que recomendó a Zelaya postergar su vuelta a Tegucigalpa, para evitar que la historia se escriba con un puño de sangre. Todas las iglesias católicas de la región han seguido esta postura.
El gobierno de Roberto Micheletti, quien asegura que en Honduras no ha habido un golpe de Estado sino una sucesión constitucional, recuerda que contra Manuel Zelaya existe una orden de captura por 18 delitos que se hará efectiva una vez pise suelo hondureño.
"Pero como pueblo no vamos a dejar que caiga en manos de esas personas", asegura Oscar García, un campesino de 57 años que abandonó sus cultivos de frutas cerca de la capital, para manifestarse en Tegucigalpa.
Todas las informaciones indican que la principal concentración de fuerza de los seguidores de Manuel Zelaya tendrá lugar en Tocontín, el aeropuerto internacional en Honduras.
Los marchistas están intentando rodear el aeropuerto, crear un cordón humano y permitir que Zelaya aterrice y se reinstale en el poder.
Sin embargo el Ejército hondureño se ha adelantado y ha creado un impresionante dispositivo de seguridad.
Por quién se incline el Ejército y la policía hondureña en las próximas horas será determinante para conocer el desenlace de esta crisis política.





























Enviar nuevo comentario